Adiós a los grandes arces de La Antigua

Los operarios talan los cuatro arces de la calle Magaña, en el lateral de la iglesia de La Antigua.
Los operarios talan los cuatro arces de la calle Magaña, en el lateral de la iglesia de La Antigua. / J. Sanz
  • Los operarios talaron ayer los cuatro árboles de la calle Magaña

Los árboles de mayor porte que hasta ahora decoraban el entorno de la iglesia de La Antigua sobrevivieron a la remodelación llevada a cabo hace tres años, pero «su mal estado aconsejaba su retirada» y así lo hicieron a primera hora de la mañana de ayer los operarios de Parques y Jardines, que talaron los cuatro arces de seis metros de altura que ocupaban desde hace lustros los alcorques de la calle Magaña, del lado más próximo al templo.

Los trabajos motivaron el corte temporal de la vía a las nueve de la mañana, cuando se empleó una pluma para facilitar la tala de los ejemplares, que fueron troceados y retirados pasado el mediodía. «Los troncos estaban podridos y, aunque estaban verdes, corrían el riesgo de desprenderse», confirmaron fuentes municipales, que aclararon que los cuatro arces talados serán sustituidos por otros ejemplares «en breve».

La remodelación del entorno de La Antigua, de hecho, incluyó la plantación de cinco fresnos en la acera de la calle Magaña que discurre bajo los muros de la parte posterior de la iglesia de Las Angustias y la recuperación del parque, que permaneció durante años vallado y abandonado ante la previsión de construir allí un aparcamiento subterráneo, que fue descartada después.

Retirada de andamios

La tala de los cuatro arces coincidió en el tiempo con la retirada de los andamios que cubrían el esquinazo de la Colegiata de la Catedral, situado justo enfrente, en la esquina de Arzobispo Gandásegui con la plaza de Portugalete, desde hace mes y medio con motivo de la sustitución de la cubierta y la rehabilitación de los muros de este pequeño edificio utilizado como almacén y zona de paso entre dos de las capillas del Museo Diocesano y Catedralicio.

La corrosión de la chapa del tejado obligó al Arzobispado a llevar a cabo una intervención urgente en este picón adosado a la Colegiata que en sus orígenes fue utilizado como corral y que llegó a albergar después una sala de pintura cuando abrió sus puertas el museo en 1865, que ocupa once capillas sobre los restos de la Catedral vieja y de la Colegiata. Las obras contaron con un presupuesto de cincuenta mil euros.