Sonrisas para los niños del Sáhara

Taofig Moulay y Saleh Cordero, sentados. Detrás, Ignacio Gago.
Taofig Moulay y Saleh Cordero, sentados. Detrás, Ignacio Gago. / L. Negro
  • Voluntarios de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui llevarán hinchables a campos de refugiados en Argelia

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De pequeños soñaban con poder algún día disfrutar de las luces y sonidos de las ferias. Tuvieron suerte. Ellos pudieron hacer realidad aquel sueño infantil y por ello, ahora, ya de adultos, quieren hacer vibrar a otros niños saharauis con la ilusión y disfrute de un castillo hinchable. Ellos son Taofig Moulay, Saleh Cordero y Nacho Gago, tres jóvenes voluntarios del proyecto solidario promovido por la Asociación Cultural de Amigos del Pueblo Saharaui de Valladolid, con el que quieren llevar la alegría a lo más árido del desierto.

Bajo el lema ‘Sonrisas en el Sáhara’, hace meses pusieron en marcha una iniciativa solidaria que realizará en estas fechas navideñas, una expedición hacia los campos de refugiados saharauis en Tinduf, Argelia. La idea es llevar a cabo diversas actividades lúdicas, educativas, deportivas y artísticas dirigidas a más de 4.500 niños de cinco campamentos. «Vamos a contar con la colaboración de monitores y agentes locales. Llevaremos un castillo hinchable y dos camas elásticas para el divertimento de los niños. Además, celebraremos actividades dinamizadas, talleres de manualidades, pinturas y malabares y multitud de juegos divertidos para los más pequeños. Estaremos unos días en cada campamento, para llegar al máximo de población posible», informa Taofig.

Plataforma de crowdfunding

Para poder hacer realidad este proyecto, habilitaron un espacio en la plataforma ‘on-line’ de crowdfunding solidario, ‘MiGranoDeArena.org’. Durante los días en los que estuvo activo, se recaudaron más de 5.000 euros con los que es posible cumplir su objetivo. Un dinero que está destinado a la compra del castillo hinchable, las colchonetas y el material necesario para la realización de los talleres, además de los desplazamientos y alquiler de un equipo electrógeno y de sonido. «Gracias a la colaboración de mucha gente, nuestro proyecto es casi una realidad. La página en la plataforma continúa abierta, por si alguien quiere seguir aportando. El remanente lo utilizaremos para dar sostenibilidad al proyecto durante los próximos años. Nuestra intención es dar formación a monitores locales, para que ellos puedan montar y desmontar el parque infantil y realizar las actividades. Además, nos estamos poniendo en contacto con otros colectivos para que vayan en otras épocas del año para dar continuidad a la iniciativa», aseguran estos voluntarios, que también han organizado varios mercadillos benéficos para la causa. Taofig y Saleh llevan 17 años en España. Ambos tienen historias paralelas como niños refugiados, que por el destino, se cruzaron en Valladolid. Llegaron a nuestra ciudad a través del proyecto de cooperación ‘Vacaciones en Paz’. Tao, como le gusta que le llamen sus amigos, llegó y se quedó.

Familia de acogida

«Mi familia es de Peñafiel y para ellos era su primera experiencia de acogida, aunque siempre han colaborado con distintas causas solidarias. No tenían hijos y entonces llegué yo. Al principio estaban muy asustados. Pero lo nuestro fue amor a primera vista», recuerda este joven de 27 años, auxiliar de enfermería, cuya hermana biológica también vive con su familia de acogida. «He iniciado los trámites de mi adopción, porque me gustaría figurar en el libro de familia, junto con mi hermano de acogida, que tiene 4 años. Soy su hermano mayor, y quiero figurar como tal. Para mí, tener dos países es algo normal y no hace que me sienta dividido entre mi país de origen y mi país de acogida. No quiero más a uno que a otro. Los dos forman parte de mí», concluye Tao.

Saleh también llegó en el verano de 1999 y repitió al siguiente. Para su familia, también era la primera vez que tenían un niño de acogida. «Cuando llegué, estaba tan acostumbrado a las tiendas de campaña, que lo que más me impactó eran los edificios tan altos que había en la ciudad. La luz eléctrica y el agua corriente, también me resultaban algo alucinante», enfatiza.

En su caso, la adopción se gestionó a su mayoría de edad, fue entonces cuando cambió su apellido Heddi por el de sus padres adoptivos, Cordero Sanz.

Ahora, juntos, trabajan como voluntarios en la Asociación Amigos del Pueblo Saharaui y acaban de regresar de los campamentos donde ambos han estado cooperando. «Queremos que los niños saharauis que no han venido nunca a España tengan la oportunidad de disfrutar de la diversión de unos hinchables algo muy habitual aquí. Debido a la crisis, hay menos padres de acogida y por lo tanto, hay menos niños que no pueden venir a España. Darles ilusión a sus vidas, es algo muy importante. Además, lo han pasado muy mal tras las últimas inundaciones, que han causando estragos en los campamentos», subrayan.

La idea surgió de un compatriota suyo, Saleh Brahim, también niño de acogida en Valladolid, y actualmente afincado en Madrid. En el proyecto colaboran de forma activa 11 voluntarios, otro de ellos, es Ignacio Gago, un profesor del colegio Santa Teresa de Jesús.

«Colaboro desde hace tiempo con la Asociación de Diabetes de Valladolid, y a través de ellos, me explicaron este proyecto y me ofrecieron la posibilidad de ser padre de acogida de una niña de 14 años, celiaca y diabética. Ella es Leila y pasará aquí todo el curso escolar. Un niño diabético requiere mucho control, y más si es adolescente. Lo cierto es que tengo mucho que agradecer al colegio en el que trabajo y ella está escolarizada, ya que han sido todo facilidades para hacerle más llevadera su adaptación», concreta este padre de acogida.