El Norte de Castilla

El padre Ángel, fundador de Mensajeros de la Paz.
El padre Ángel, fundador de Mensajeros de la Paz. / EL NORTE

El padre Ángel protagonizará el Auto de Navidad de la Hermandad del Cristo de la Luz

  • Tendrá lugar el 12 de diciembre, a las 20:00 horas, en el Paraninfo de la Universidad

La Hermandad Universitaria del Santísimo Cristo de la Luz organiza todos los años un Auto de Navidad y otro de Pasión, previos a los días de la Navidad y de la Semana Santa. El formato de ambos es similar. En una primera parte, una 'lectio brevis' en la que un conferenciante reflexiona sobre uno de los aspectos, en este caso, de las fiestas navideñas; mientras que en una segunda, la música afianza las ideas que se han expuesto anteriormente. A veces, ambos discursos han discurrido en paralelo como ha sucedido en los años anteriores, de la mano de Joaquín Díaz o del jesuita José Luis Olaizola.

En esta ocasión, después de haberse clausurado el Año de la Misericordia, pero con un importante impacto social en lo que se ha planteado, ha parecido correcto ceder la palabra a una de las voces más autorizadas en la atención a los más necesitados, en múltiples colectivos, el padre Ángel García Rodríguez -más conocido como padre Ánge-, fundador y presidente de Mensajeros de la Paz, premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Su intervención se titulará 'La Misericordia en la Navidad'. Y será el próximo 12 de diciembre, a las 20:00 horas, en el Paraninfo de la Universidad.

La Asociación Mensajeros de la Paz fue fundada en 1962 por este sacerdote asturiano nacido cerca de Mieres. Es una organización no gubernamental declarada de utilidad pública, de ámbito nacional e internacional, galardonada por el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. En sus inicios -como relata su propia página web-, se dedicaban a la creación de hogares fundacionales para acoger a niños y jóvenes, privados del ambiente familiar o en situación de abandono. La Asociación les proporcionaba el medio más parecido que podía sustituir a una familia, tratando de garantizar su integración en la sociedad sin riesgos de discriminación. El desarrollo de la Asociación extendió su actividad y objetivos a otros sectores sociales con riesgo de exclusión como ocurrió con las mujeres víctimas de la violencia doméstica, los discapacitados físicos y psíquicos, las personas mayores que viven en soledad, en riesgo de abandono e indigencia -impulsó el día de los abuelos cada 26 de julio, festividad de santos Joaquín y Ana, abuelos de Jesús-.

La realidad social y demográfica española condujo a la atención a las personas mayores. Mensajeros de la Paz creó, para ello, la Asociación Edad Dorada para servir a este colectivo. Una plataforma que permitía atender numerosas residencias de mayores y Centros de Día en Valladolid y algunos países extranjeros. Se trataba de desarrollar, además proyectos de mejora de la calidad de vida de los mayores.

Mensajeros de la Paz está constituida por numerosos países y trabaja de forma directa o en colaboración con organizaciones locales, en distintos programas sociales, de cooperación del desarrollo, asistencia social o de ayuda humanitaria, hasta en cincuenta países.

Mensajeros de la Paz en datos, superan los cincuenta mil niños y jóvenes por las numerosas casas de familias; casi 12.000 personas mayores atendidas en sus residencias y centros; más de 4.000 personas repartidos en los países establecidos; casi 4.000 trabajadores en plantilla, de los cuales el 92% son mujeres; ocho millones setecientas mil llamadas de ancianos atendidas en el Teléfono Dorado en la lucha contra la soledad.

El padre Ángel (1937) vivió uno de sus primeros destinos sacerdotales en la capellanía del antiguo orfanato de Oviedo, el Hospicio Provincial, en su tierra asturiana natal. Pero las cosas habían comenzado antes, cuando en su pueblo de La Rebollada, se había ocupado también de las víctimas de los años difíciles de la Guerra Civil. Estudió en el Seminario Diocesano de Oviedo y el 19 de marzo de 1961 fue ordenado sacerdote. Ninguna realidad que solventar desde las necesidades de los marginados y los desastres naturales —pensemos en el terremoto de Haití— han escapado de su interés. El padre Ángel sabe moverse en la frontera, porque precisamente en esa frontera social están las prioridades de sus trabajos.