El Norte de Castilla

Niños con sobrepeso: precaución con la diabetes infantil

Mesa informativa sobre la diabetes, en la Diputación.
Mesa informativa sobre la diabetes, en la Diputación. / HENAR SASTRE
  • Los médicos recomiendan una alimentación equilibrada y ejercicio para controlar el progresivo avance del tipo de 2 de la enfermedad entre los menores de 15 años

«Ojalá nunca tengamos que tratar ningún caso de diabetes infantil tipo 2», desea Pilar Bahillo, doctora de la unidad de Endocrinología Pediátrica del Hospital Clínico. Ojalá. Pero no las tiene todas consigo. Esta variante de la diabetes, que hasta hace muy poco se pensaba circunscrita a la edad adulta, avanza de forma importante entre la población más joven, vinculada, sobre todo, al creciente sedentarismo, la mala alimentación, la obesidad y el sobrepeso de los más pequeños.

Es algo que ya se ha empezado a detectar en Estados Unidos, en Japón, Taiwán... y que, aunque en España todavía es «sumamente infrecuente», empieza a preocupar a la comunidad médica. «Este tipo de diabetes no fue reconocida en la edad pediátrica hasta principios de los años 70», explica Marcelino Galindo, jefe de Servicio de Planificación Sanitaria, quien reseña una investigación del hospital Ramón y Cajal de Madrid que cifra en el 1% la diabetes de este tipo entre los niños (cuando en Estados Unidos ya puede representar hasta el 45%). ¿Entre los factores de riesgo? El historial familiar positivo, un fenotivo de resistencia a la insulina, pero, sobre todo, el sobrepeso.

El último informe del Ministerio de Sanidad, presentado la semana pasada, refleja que el 41% de los niños de 6 a 9 años tienen sobrepeso. O sea, cuatro de cada diez niños. Es una cifra todavía muy alta, pero también esperanzadora, porque hace cuatro años, el mismo estudio cifraba ese porcentaje de niños con sobrepeso en el 44,5%. Algo se ha mejorado, pero aún queda mucho por andar. Sobre todo porque, como refleja ese mismo estudio, los hábitos alimentarios de la población infantil dejan mucho que desear.

Por ejemplo, es demasiado elevado el consumo de bollería (casi uno de cada cuatro niños lo toma más de cuatro días a la semana) o de patatas fritas, pizzas y hamburguesas (el 44% lo comen al menos una vez por semana). El informe constata que la prevalencia de la obesidad es mayor entre los niños que declararon que no desayunaban a diario (el 93% sí lo hace) y entre los que tenían un tiempo de sueño inferior a la media (en esas edades, de 10,2 horas). Además, el porcentaje de obesos es mayor entre los niños que tienen televisión en su dormitorio, lo que apunta a un mayor sedentarismo.

Y la obesidad preocupa pues es uno de los factores de riesgo de otras patologías, como la prediabetes, la hipertensión, los trastornos del sueño o esta diabetes tipo 2 que a los médicos no les gustaría tratar en Valladolid, porque esa sería una mala señal para la salud pública. «Por eso es importante incidir en la buena alimentación de los niños: sobre todo legumbres, verduras, fruta... y ejercicio», apunta María Ángeles Aguado, presidenta de la asociación Diabetes de Valladolid (Adiva), entidad que a lo largo de esta semana organiza charlas con motivo del día mundial de la enfermedad (celebrado ayer).

De momento, las dos unidades que tratan la diabetes infantil en Valladolid trabajan cada año con cerca de 200 pacientes (todos de tipo 1), como explica Pilar Bahillo, facultativa del Clínico, cuya tesis doctoral establecía un registro sobre la incidencia de la diabetes en Castilla y León. La cifra de esta variedad 1 –se manifiesta cuando el páncreas pierde su capacidad de producir la hormona insulina– también ha crecido en los últimos años. «Hay que estar atentos a todo niño que beba mucha agua, que haga mucho pis, que haya perdido peso de forma inexplicable», recomienda Bahillo.

El hijo de Francisco Mozo es uno de esos casi 200 chavales que presentan diabetes tipo 1 en Valladolid. Hoy ya tiene diez años, pero le diagnosticaron la enfermedad con tan solo 14 meses. Autoinmune. «Empezó a hacer tics, dejó de jugar, parecía que nos lo habían cambiado, que era otro niño», recuerda Francisco, quien enumera las peripecias que hubo que atravesar al principio porque su caso no era muy habitual en la provincia. «Nos preparaban una insulina especial en el hospital, tuvimos que firmar una autorización porque la que le suministrábamos estaba indicada para mayores de 14 años... y él apenas tenía meses».

Cuenta que, cuando empezó su periplo, el número de familias con niños que tenían diabetes era casi testimonial en la asociación que reúne a los pacientes de la provincia. «Ahora, casi todos los meses debuta alguien», asegura. De ahí el creciente interés que se han fijado desde Adiva por incrementar la información respecto a la diabetes infantil. Desde septiembre, expertos de la asociación ofrecen charlas informativas a los docentes en los coles con claves para atender a los niños que tienen diabetes. Porque requieren atención constante.

«Hasta que cumplen 8 años, más o menos, se trata de pacientes totalmente dependientes. No son autónomos, sino que dependen de un adulto para los controles, la administración de insulina. Por eso es importante la ayuda que puedan recibir en los colegios. Y por eso es relevante la implicación de la sociedad», indica la doctora Bahillo.

Francisco Mozo pone voz a estas dificultades. Su mujer tuvo que dejar de trabajar. Él pidió el turno de noche. Cada dos horas tenía que ir al colegio para «hacer las glucemias», tomarle las mediciones y los pinchazos de la insulina. «Lo dejaba en el cole, me iba a tomar una café, luego volvía a atenderlo, me daba un paseo y regresaba. Entiendo que es una complicación para los profesores, pero habría que buscar una solución. Tal vez con enfermeros en el colegio... o con docentes formados que reciban un plus por este tipo de atenciones», propone Mozo, quien pide además comprensión.

«A veces te encuentras con quien le dice al niño que no puede pincharse en clase porque sale sangre o que no puede comerse una galleta si tiene el azúcar bajo porque eso es discriminatorio para sus compañeros», indica. Eso sí, entiende que la comprensión e implicación docente cada vez es mayor.

El hijo de Francisco tiene ahora diez años y ya goza de cierta autonomía.Dispone además de una bomba de insulina que le suministra la dosis de forma automática y programada mediante un catéter que hay que cambiar cada tres días. «El problema es que está creciendo, y eso también influye y le descontrola los niveles de azúcar. Por ejemplo, cuando se tiene que enfrentar a un examen lo nota», apunta.

María Ángeles Aguado explica que estos cursos para profesores son necesarios porque muchos de ellos se sienten «huérfanos» cuando en clase tienen un niño con diabetes. «No saben cómo actuar, sobre todo en un caso de bajada de azúcar y evitar el coma diabético. Lo mejor en estos casos es darles un zumo y luego algo sólido, como una galleta o fruta», recomienda.