El Norte de Castilla

María Pérez, en su tienda-estudio.
María Pérez, en su tienda-estudio. / L. N.

Cuando la creatividad y el diseño gráfico se personalizan

  • María Pérez González trabaja como ilustradora desde su estudio-tienda Doce Leguas

«Aquí no hacemos clientes. Hacemos amigos». Esa es su filosofía de empresa y queda muy bien plasmada en el cartel que preside su recién inaugurada tienda. Ella es María Pérez González (27 años), una licenciada en Recursos Humanos y Relaciones Laborales, que acaba de emprender en el sector del arte y del diseño gráfico con su tienda y estudio Doce Leguas. «Me atraía mucho el mundo empresarial, sin embargo, cuando comencé a trabajar para distintas empresas con contratos en prácticas me desencantó mucho el ambiente. Me di cuenta de que las relaciones laborales entre empresas eran muy frías y que siempre se aplica la ley del más fuerte. Eso no va conmigo», explica. Por ello, en cuanto finalizó su última beca de trabajo en Madrid regresó a Valladolid con la intención de montar algo por su cuenta.

Poco tiempo después, esta joven de carácter inquieto, creativo y con las ideas muy claras, decidió dar forma a una idea que le rondaba desde hacía tiempo en su cabeza y en febrero de 2015 se dio de alta como autónoma para empezar a trabajar desde su casa como diseñadora gráfica e ilustradora. Las cosas le iban bien, pero sentía la necesidad de tener un estudio propio con tienda abierta al público, en la que poder trabajar con mayor comodidad. «Llegó un momento en el que no podía atender a mis clientes como yo quería. Además, deseaba que la gente pudiera ver y tocar mis trabajos. Mi día a día es mucho más que estar detrás de un ordenador. Yo me dedico al diseño gráfico pero todo lo hago de forma artesanal. Los bocetos los realizo a mano, luego pinto con acuarela y finalmente lo digitalizo. Cuando mis clientes ven mis trabajos en papel se sorprenden y les gusta mucho más que en pantalla. En papel todo se ve mucho mejor», enfatiza con brillo en los ojos.

Pasó varios meses buscando local, hasta dar con el que cumplía sus expectativas en cuanto a situación, precio y otras características. El pasado 13 de octubre, después de muchos trámites, inauguró su nueva tienda. «Considero que piden demasiados requisitos para abrir un nuevo negocio. Todo debería ser mucho más sencillo. Así se animaría mucha más gente a emprender», asegura.

Su tienda-estudio es un lugar con mucho encanto, en el que cada pieza de decoración ha sido restaurada por ella misma. Todo con un punto rústico y natural que hacen de Doce Leguas un lugar muy acogedor para los clientes.

Allí se pueden encontrar regalos diferentes y únicos, como ilustraciones, láminas, cojines, libretas, tazas e incluso gorros de lana, que ella misma decora. Nada se le pone por delante y, cualquier reto o encargo que le soliciten sus clientes, ella lo lleva a cabo con diligencia. Se ha especializado en papelería creativa personalizada para bodas, bautizos, comuniones, eventos y otras fiestas. También hace todo tipo de cartelería, trípticos y tarjetas de visita, diseño web y diseño de identidad corporativa para empresas.

«Ofrezco una amplia gama de productos personalizados, en los que cuido cada detalle. Colaboro con profesionales de diferentes ámbitos como fotógrafos, programadores web e impresores para ofrecer un amplio abanico de servicios», indica. Su producto estrella son las invitaciones de boda, y las hay de todo tipo de estilos, y todas personalizadas. «Una invitación de boda, es como una tarjeta de visita para una empresa. Cuando la recibes, ya sabes lo que te espera de la boda. Si va a ser un evento clásico, o en cambio, una fiesta más divertida. Es necesario que la imagen impacte al primer golpe de vista ya que no hay una segunda oportunidad para causar una buena primera impresión», argumenta María, quien, además, es muy activa en redes sociales.

Más de 6.300 seguidores en Instagram y 3.000 en Facebook, avalan su buen hacer en estas plataformas digitales desde las que da a conocer su trabajo. Su página web con tienda online es un escaparate perfecto para dar a conocer su trabajo dentro y fuera de nuestras fronteras. Clientes de San Diego, Suiza, Bélgica, Londres o Noruega han solicitado sus servicios de diseñadora. Muchos también procedentes de Madrid han quedado encantados con sus diseños.

En el BBVA ha encontrado un gran aliado para su negocio. Desde su oficina de la plaza Luis Braille, le han dado todas las facilidades para la puesta en marcha del negocio, sobre todo a la hora de activar la pasarela de pago virtual de la web y su servicio de datáfono.

Muy pronto, además, María pondrá en marcha talleres de restauración de muebles, pintura, acuarela, caligrafía y decoración, que espera sean muy bien recibidos entre su clientela y amigos.

«Yo lo que quiero es ser feliz con mi trabajo y que la gente valore lo que hago. No soy muy ambiciosa. Tan sólo deseo seguir trabajando en lo que me gusta, lo cual es un gran privilegio. No quiero ponerme límites. El único límite que hay es la imaginación», concluye.