El Norte de Castilla

Escisión en el Ayuntamiento de Valladolid

  • La dimisión del alcalde García Quintana puso en un brete al partido, que se dividió

Relojes con estilo para hombre y mujer

Las mejores marcas a los mejores precios

¡¡Todos a 49€!!

Hasta 70%

Moda urbana para hombre

Hasta 80%

Moda clásica para hombre, mujer e infantil

Hasta 90%

Chaquetas y abrigos de piel para hombre y mujer

Hasta 70%

Calzado y complementos de piel para hombre y mujer

Hasta 70%

Bolsos de piel made in Italy

Hasta 80%

¡Todas las botas a 21.00€! ¡No te lo pierdas!

Hasta 70%

Calzado de original diseño para mujer

Las mejores marcas a los mejores precios

Muebles con estilo para tu hogar

Hasta 70%

Renueva tu comedor con muebles de diseño

Hasta 70%

Calidad y diseño en ropa de hogar

Hasta 70%

Moda casual para hombre y niño

Hasta 70%

Diseño y calidad al mejor precio

Hasta 80%

Elige el cabecero que más se adapte a la decoración de tu habitación

Las mejores marcas a los mejores precios

Decora las ventanas de tu hogar con originales estores

Las mejores marcas a los mejores precios

Tus marcas favoritas en deportivas técnicas y casual

Las mejores marcas a los mejores precios

Relojes para hombre y mujer

Hasta 70%

Textil hogar de diseño y calidad

Las mejores marcas a los mejores precios

Marcas deportivas en relojes de pulsera

Hasta 70%

Moda clásica para hombre y mujer

Hasta 80%

Chaquetas de piel para hombre y mujer

Hasta 70%

Calidad y diseño en tu hogar

Las mejores marcas a los mejores precios

Moda y complementos para hombre

Hasta 70%

La división interna del socialismo español de los años 30 tuvo su correlato en el Ayuntamiento vallisoletano, y así pudo comprobarse en la sesión del 16 de septiembre de 1933, cuando, afectado por la salida del PSOE del gobierno de la nación, Antonio García Quintana anunció su dimisión como alcalde. Sin embargo, convencido por colegas republicanos, accedió a someter dicha iniciativa al voto de los concejales: 19 votaron a favor de que continuara y 9 lo hicieron en contra. Lo más sorprendente es que entre estos últimos se encontraban sus colegas de militancia Landrove, González Suárez, González Cuevas, Valseca, Cabello, De los Cobos, Garrote y García Conde. «Es que conozco los motivos de su dimisión y nada le hará desistir de su propósito irrenunciable», se excusó Landrove. Sin embargo, Quintana le contradijo y aceptó la decisión de los otros 19. El día 30 volvió a presidir una nueva sesión municipal.

Poco después, en vísperas del anunciado movimiento revolucionario de octubre de 1934, rebrotaron las desavenencias: «En el verano de 1934 me dirigí por escrito al Comité de la Agrupación Local manifestando mi discrepancia con la política revolucionaria que se seguía y solicitando autorización para dimitir todos los cargos que tuviera (La autorización me fue concedida salvo por lo que se refiere a la Alcaldía)», dejó escrito García Quintana; «fui acusado de ‘fascista’, ‘señorito’ y ‘traidor’. Conmigo hicieron lo que con ningún Alcalde. Asaltaron una oficina municipal, la de colocación obrera. Llovían sus peticiones insólitas. Provocaban caprichosamente huelgas en las obras municipales. En ocasiones, hasta tuve precisión de hacerles frente con riesgo personal». El estallar la Guerra Civil, García Quintana se opondría a compañeros que, como Eusebio González o José Garrote, solicitaban del gobernador civil un inmediato reparto de armas entre los obreros de la Casa del Pueblo.