El Norte de Castilla

«Hay que tener mucha voluntad para ejercer la profesión militar»

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La alférez Laura Hergueta Esteban tras recoger el estandarte que la reconoce ser número uno de Caballería. / G. VILLAMIL

  • Laura Hergueta Esteban, alférez burgalesa de 22 años, tras superar cuatro de formación en la General de Zaragoza, ingresó como número uno en la Academia de Caballería de Valladolid

Hace cuatro años, esta arandina, hija de un administrativo de la empresa láctea Pascual, decidió, tras superar la selectividad presentarse a las pruebas de oficiales de las Fuerzas Armadas, que incluyen también a la Guardia Civil. Y las superó quedando en el puesto 47 de los 179 aspirantes para el Ejército de Tierra. Tras pasar cuatro años en la General de Zaragoza, este jueves recibió a sus 22 años el estandarte como alférez de la Academia de Caballería, que le reconoce «por ahora» como ‘líder’ de los 18 alumnos que saldrán como futuros tenientes en julio de 2017. En este grupo, que mandará unidades de combate, solo está ella. Hergueta pertenece a la 72 promoción de la Academia General y 180 de Caballería.

–Sin antecedentes familiares castrenses y optó por esta carrera.

–Sí. Lo más cercano al Ejército en mi familia ha sido mi padre, cuando realizó el servicio militar en Bilbao. A día de hoy, y después de pasar cuatro años duros en la Academia de Zaragoza, a veces me pregunto por qué y cómo he llegado hasta aquí. Hubo un momento, a los 14 años, cuando estudiaba en el IES Vela Zanetti de Aranda de Duero, que me dio porque quería ser militar. Terminé el Bachillerato científico y me presenté en 2012 a la convocatoria de oficiales. Y la superé.

–¿Por qué el arma de Caballería dentro del Ejército de Tierra?

–Fue una decisión temprana y al poco tiempo de entrar. Fueron los profesores los que contribuyeron a que optase por ella. Una de las virtudes de este cuerpo es que tiene mucho contacto con la gente y un espíritu de pequeña familia. Descarté la Guardia Civil y otros cuerpos, como el médico.

–¿Ha habido diferencias y dificultades en su periodo formativo en Zaragoza por ser mujer?

–Entramos unas doce o trece, incluidas las de la Guardia Civil. Solo quedamos dos. En la Academia no se hacen diferencias entre hombres y mujeres. Todos hacíamos las mismas actividades y pruebas, porque lo que se pide es que cumplas con los requisitos que te cualifican para ejercer en el futuro como teniente del Ejército de Tierra.

–¿Qué papel cree que deben ocupar las mujeres en la Fuerzas Armadas?

–No somos oficiales en función del sexo. En su conjunto, alcanzamos el 10% de la plantilla de Defensa, con más presencia, por supuesto, en la escala de tropa. Pero poco a poco, nos vamos abriendo paso en la de oficiales. En la anterior promoción a la mía salieron otras seis.

–¿Qué les diría a esos jóvenes que miran a Defensa como salida profesional y laboral?

–Creo que la mayoría de los compañeros de mi promoción si algo hemos sacado claro estos años es que para poder superar los estudios militares es necesario que uno tenga voluntad, quiera y le guste esta profesión. La curiosidad por esta carrera debe imperar. Yo entré sin saber cuales eran las enseñas, galones, rangos y cuerpos militares. Hace cuatro años, cuando iba a ingresar en Zaragoza, mi padre, que me acompañaba, trataba de enseñarme en el coche recordando sus tiempos de mili, qué era un sargento o un capitán, y cómo identificarles sin meter la pata. Esto no es solo un trabajo sino también una forma de vida que pienso merece la pena.

Momentos de dificultad

–¿En los cuatro años de formación en Zaragoza, ¿hubo algún momento en el que pensó en dejarlo?

–Bueno... (risas). La Academia General tienen muchos momentos en los que sientes estrés por la carga de los estudios. Pienso que ello también sucede en otras carreras universitarias o módulos de formación civiles. También en las maniobras de montaña, que fueron duras, te planteas por qué estoy aquí, pero son los compañeros los que te ayudan a superar esas situaciones malas. Luego reseteas, y tu memoria se queda con lo bueno.

–Por sus notas y expediente la han designado como la alférez encargada de portar el estandarte de la Academia de Caballería durante este curso. ¿Qué le parece?

–Es un gran honor. Cuando me lo ha entregado en el patio de armas el número uno de la anterior promoción, el teniente Fernández Moreno, estaba como un flan de los nervios.

–¿Qué destino le gustaría tener cuando concluya el quinto año aquí en la Academia vallisoletana?

–En alguna de las unidades de Valladolid para estar cerca de casa, de Aranda. El Regimiento Farnesio o el antiguo Grupo Santiago podrían ser una de ellas. Cuando he estado allí en prácticas he sacado la impresión de que hay muy buen ambiente entre los mandos y la tropa. Afronto esta circunstancia sin pensar que puedan existir diferencias entre hombres y mujeres. Tengo claro que la profesión hay que ejercerla sin distingos. Que sea una mujer no debe ser una dificultad en el mando.