El Norte de Castilla

Quinientas mochilas con destino a Cuba

Luis (izquierda) y Beatriz (derecha) con Diumila y sus dos hijas, en Trinidad (Cuba)
Luis (izquierda) y Beatriz (derecha) con Diumila y sus dos hijas, en Trinidad (Cuba) / El Norte
  • Dos vallisoletanos lanzaron la iniciativa a través de Facebook después de un viaje a la isla y han contado con la colaboración de la embajada en España y Decathlon Valladolid

Es el poder de las redes sociales. Recogen, difunden y multiplican. Una ventana al mundo que, en ocasiones, da gratas sorpresas. Como la que se han llevado Luis Fernández Rivero y Beatriz G. Alfageme, quienes, de un modesto envío de material escolar a varias ciudades cubanas, han pasado a destinar horas y horas acopiando donaciones; pequeñas aportaciones que se han traducido en un total de quinientas mochilas que recibirán los afectados por el huracán Matthew.

Paso a paso.

La idea surgió en un periplo por la isla que los vallisoletanos realizaron hace menos de un mes. Llevaban la lección bien estudiada. Por eso, reservaron un hueco en la maleta para bolígrafos y otros artículos de papelería; sabían que los niños cubanos los necesitan y que, además, «les gustan mucho».

Pero no era lo único que llamaba su atención. «Mientras paseábamos por un mercado de Trinidad, muchas personas se acercaron para preguntarnos por nuestras mochilas, nos decían que eran estupendas para que los pequeños las llevaran al colegio», expone Luis.

Yaimara era una de ellas. Declinar un intercambio por otro producto («nos quedaban muchos días de viaje y las necesitábamos») no les impidió entablar relación con ella.

«También se nos acercó Diumila con sus hijas y nos invitó a su casa a conocer a su marido. Son maravillosos. Te agradecen mucho que los escuches», comenta emocionado.

Las cabezas de Luis y Beatriz ya llevaban un buen rato dándole vueltas a la idea de hacer algún envío, «pero preferíamos no comprometernos a nada, por si luego no pudiéramos».

Y, aunque lo fácil hubiera sido olvidarse de algo que ni siquiera había llegado a adquirir el carácter de promesa, una vez en casa, la inquietud por ayudar seguía sin sofocarse.

Una cadena

Fue culpa del ‘jet lag’. El largo vuelo y el cambio horario cristalizaron en una entrada de Facebook que brotaba de los dedos de Luis a las tantas de la mañana del pasado día 12. En ella, informaba a sus conocidos del envío que estaban organizando, por si alguno quería sumarse.

Cinco euros: tres de la mochila y dos del envío. No necesitaban más. Y, entonces, llegó el torrente de clics. Han sido un total de cinco publicaciones que han arrastrado 456 reacciones y 216 comentarios y que han sido compartidas en 125 ocasiones. Y lo más importante: han hecho posible adquirir 448 mochilas.

«Estábamos desbordados. Dedicábamos todo nuestros ratos libres a gestionarlo y nos faltaba tiempo». La ilusión crecía, pero también los inconvenientes. Si «mandar un bulto de un kilo cuesta doce euros», ¿cómo podrían hacer llegar su paquete?

Contactaron con el embajador cubano en España, Eugenio Martínez Enríquez, quien les dio una solución: destinarlo a Baracoa como ayuda para los daños causados por el huracán Matthew. De este modo, la embajada podría hacerse cargo de los gastos de envío.

Pero la buena nueva llegaba con una fecha límite: el 23 de octubre. No había tiempo que perder.

Como estaban adquiriendo las mochilas en Decathlon, decidieron hablar con su sede en Valladolid, por si querían arrimar el hombro. Y la suerte hizo que se toparan con «el espectacular Pierre Muiz».

Tanto él como la directora de tienda consiguieron un compromiso por parte de la firma. «Donarían un 10% más de las bolsas que compráramos, aunque su aportación, al final, fue mayor: han cedido 52, las que restaban hasta redondear a las quinientas. Y, encima, no querían usarlo como promoción».

Una cadena de generosidad que ratifica su tesis de que «lo que aporta valor a la vida son las personas» y que les ha dado fuerzas para retomar la propuesta inicial: en noviembre, también enviarán material escolar a Trinidad y/o La Habana. Aceptarán «encantados», por supuesto, un nuevo aluvión de ayuda.