El Norte de Castilla

Tumba familiar donde reposan los cuerpos de las dos hermanas.
Tumba familiar donde reposan los cuerpos de las dos hermanas. / H. S:

La desconocida tumba que esconde una historia de desgracias

  • Una tumba del cementario de El Carmen acoge los cuerpos de dos hermanas que fallecieron a los 24 y 17 años, con apenas meses de diferencia

Lugar de recuerdo y de oración, pero también de referencias nominales conocidas y anónimas. Un cementerio, el del Carmen, en uso desde el segundo tercio del siglo XIX que nos descubre, de manera callada, signos que inquietan. Ocurrió un primero de noviembre. Junto al Panteón de Vallisoletanos Ilustres, la familia Cabezudo-Delibes me dio a conocer una sepultura singular y próxima. Era el homenaje de unos padres, en pleno romanticismo decimonónico, a dos hijas, fallecidas con unos pocos meses de diferencia, en plena flor de la juventud, desconocidas para todos. Francisco Prol y su esposa Joaquina Sainz lo plasmaban en la lápida: «A nuestras queridas hijas, Eladia y Valeriana Prol, fallecieron el 19 de agosto de 1878 y el 18 de abril de 1879: No nos queda ya en la vida / sino llorar por vuestro amor / hijas del alma querida / la felicidad perdida / no da otro alivio al dolor».

No quedó como una mera curiosidad del Día de los Santos. Más nos habían impresionado otros versos de la lápida, dirigidos a una de ellas por un joven enamorado: «Cuando la existencia un día / a tu lado me ofrecía / un porvenir de ventura / la muerte traidora impía / te llevó a la sepultura / toda ilusión engañosa / se fue contigo a la fosa / y en trance tan doloroso / quedó el alma de tu prometido esposo / sumida en pena horrorosa. / Hoy postrado de hinojos / en tu modesto panteón / quiero enviarte una oración / con el llanto de mis ojos / el ay de mi corazón». Prometido esposo, porvenir, ilusión engañosa… Estamos en ciudad de archivos y periódicos históricos que nos fueron explicando.

Gracias al diario de enterramientos del Archivo Municipal pudimos conocer dónde habían muerto aquellas jóvenes: en el domicilio familiar de la plaza de la Rinconada número 6, perteneciente a la parroquia de Santiago, en la cual también habían sido bautizadas. La primera, con el nombre de Eladia Llaria, lo fue dos días después de su nacimiento, 18 de febrero de 1854. Su padre, Francisco Prol y Cob era de origen vallisoletano, de oficio albéitar –como nos indica la partida de bautismo de Valeriana, nacida en abril de 1862–, denominación que, de antiguo, se daba a los veterinarios. La familia materna era de procedencia vasca. Aquellos versos del «prometido esposo» eran en realidad de su marido, con el que se había casado Eladia Prol en la misma parroquia de Santiago en abril de 1870, cuando tenían 18 y 17 años. Se llamaba Martín María Iturriza, y como indica el párroco al margen, se trataba de un propietario que había nacido en Azpeitia. No sabemos si existió descendencia de aquel matrimonio y si la muerte de Eladia Prol estuvo relacionada con un parto como ocurría tantas veces en ese siglo. Lo cierto es que falleció en agosto de 1878, con 24 años. La situación familiar se tornó más trágica cuando su hermana Valeriana, de tan solo 17 años recién cumplidos cinco días antes, fallecía a causa de una tuberculosis pulmonar.

El Norte de Castilla, en su hemeroteca, dibuja la presencia ciudadana del padre de ambas. Debía ser el veteriano Francisco Prol hombre caritativo y atento a las necesidades ajenas. Se encuentra presente entre los suscriptores para atender a los afectados por desgracias nacionales –«los heridos del Norte» de 1874– o la comida para pobres, en 1881. Más singular fue en 1876 cuando el Juzgado de Plaza llamó a «prestar indagatoria» a la sirvienta de la casa sobre «hurtos de efectos» robados en el hogar.

Años después, confirma el periódico que el domicilio familiar será objeto de expropiaciones, en la plaza de la Rinconada, a causa de las habituales y necesarias alineaciones de las calles. Así pues, desde los versos de un panteón, ocultos por las diminutas hojas escamadas del ciprés y sus característicos frutos, descubrimos una historia familiar cotidiana del Valladolid decimonónico y romántico.