El Norte de Castilla

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Luis Ángel Largo observa la toma de captación del Pisuerga que surtía a la Casa de la Aguada. / J. S.

La desconocida senda del Pisuerga

  • El desbroce de un olvidado camino junto al Puente Colgante saca a la luz la toma de captación que llevaba el agua a los trenes en el siglo XIX

La maleza cubría hasta ahora un sendero habilitado en los años noventa en la ribera del Pisuerga, que permitía recorrer al borde mismo del cauce los setecientos cincuenta metros que separan los puentes de Adolfo Suárez (García Morato) y de Juan de Austria, pasando bajo los centenarios pilares del Puente Colgante (1865), por la margen izquierda del río. Los voluntarios de Los Amigos del Pisuerga fijaron allí su objetivo hace un par de semanas y desde entonces trabajan en las necesarias labores de desbroce para descubrir un camino natural que, en cuanto concluyan, recuperarán para la ciudad «un espacio perdido que no solo permitirá descubrir la rica variedad de árboles y aves de las riberas del río sino pasear por espacios históricos como la toma original de agua que surtía a los trenes de vapor en el siglo XIX», resume el presidente de la asociación, Luis Ángel Largo.

Y es en este último punto, a los pies del Puente Colgante, donde se centran ahora los esfuerzos de este infatigable grupos de voluntarios, que el pasado fin de semana descubrieron las piedras de este mecanismo de captación de agua unido por una enorme tubería de más de dos metros de diámetro a la Casa de la Aguada –de allí se bombeó el agua hasta los depósitos de la estación de trenes entre los años 1864 y 1944–.

Una reja para evitar caídas

«Hemos descubierto las piedras y la idea es limpiarlo por completo para descubrir la galería que conecta la toma con la caseta», añade Luis Ángel, quien aclara que están pendientes –con el permiso de Adif, propietaria de la histórica y abandonada edificación– de colocar «una reja sobre el pozo de cuatro metros de profundidad y asegurar los taludes del entorno para evitar caídas, ya que la toma se encuentra junto a un parque infantil, un bar (La Aguada de Puente Colgante) y un colegio (Las Agustinas)».

Las labores de recuperación tanto de la toma de agua como de la senda que discurre a sus pies han permitido descubrir, por ahora, cerca de la mitad de un sendero que fue delimitado en su día por tablas y estacas de madera –aún se conservan– y que cuenta con, al menos, tres escalinatas de acceso, con escalones también de madera, junto a los puentes bajo los que discurre. «Aún tenemos mucho trabajo por delante, pero la idea es recuperar el sendero al completo y acompañarlo de un contenido medioambiental», anticipa el responsable de Los Amigos.

La asociación, de hecho, ha mantenido ya conversaciones con un ornitólogo para «explorar la posibilidad de colocar casitas para los pájaros que permitan observar a las distintas aves que pueblan las riberas, al margen de colocar paneles sobre los distintos árboles (nogales, laureles...) que crecen en este paraje».

Colaboración municipal

El proyecto, por ahora, lo están sacando adelante los voluntarios de Los Amigos del Pisuerga, pero ya advierten de que «tan importante como descubrir el sendero –ya existente, por otra parte, aunque abandonado– es mantenerlo después». Así que será necesaria la implicación de Parques y Jardines a la hora de llevar a cabo su cuidado y evitar, como ocurría hasta ahora, los riesgos de caídas desde una senda repleta de maleza, pero accesible, pese a todo, desde las distintas escalinatas.

Los trabajos llevados a cabo por los voluntarios no solo han permitido reducir la maleza sino retirar «sacos enteros de basura e, incluso, pequeños electrodomésticos arrojados durante años tanto al pozo de la toma de captación como a los bordes del sendero». El sábado, de hecho, sacaron «más un metro de tierra mezclada con todo tipo de porquería –bolsas de Galerías Preciados, una aspiradora...–» del fondo de la toma de la Casa de la Aguada para descubrir las dos compuertas que regulan el flujo de agua desde el río. Los mecanismos para subirlas y bajarlas están hoy doblados e inutilizados fruto de un más que probable intento de arrancar los hierros para venderlos como mera chatarra.

«El objetivo final es poner en valor esta senda, limpiarla, asegurarla y recuperarla para su uso por parte de los vallisoletanos», concluye Luis Ángel Largo. Después llegará el turno de las administraciones a la hora de facilitar su mantenimiento.