El sacerdote riosecano Eugenio Jesús Oterino y sus más de doscientas bodas

Eugenio Jesús Oterino, durante una homilía
Eugenio Jesús Oterino, durante una homilía / Pedro Villa
  • De origen zamorano, ofició su primer matrimonio en 1967, aunque ha sido en los últimos veinte años cuando más ha celebrado

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En una boda, es el sacerdote el que, a escasa distancia, se convierte en testigo excepcional de las singulares emociones que los novios viven en el momento de convertirse en marido y mujer. Un singular y feliz instante que conoce muy bien el sacerdote riosecano Eugenio Jesús Oterino al haber celebrado más de doscientas bodas.

Un considerable número que, quizás, haya pasado ya, sin saberlo, a encabezar algún tipo de record, junto al matrimonio más longevo, al que más hijos ha tenido, al que más joven se casó o al vestido de novia más largo.

A sus casi 75 años, en el recuerdo quedan tantas y tantas caras de ilusión de los contrayentes; de nervios; del «prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida»; del sí quiero; del intercambio de los anillos con el consabido «recibe esta alianza en señal de mi amor y fidelidad a ti»; o del «lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».

Siempre, sin olvidar, que «los sacerdotes no casamos a nadie, sino que somos testigos cualificados de la Iglesia Católica; los propios novios son los ministros del sacramento del matrimonio, que ellos celebran», en palabras del padre Oterino.

La primera, en 1967

Aunque nació en el zamorano pueblo de Muelas del Pan, junto a los saltos de agua de Ricobayo, donde su padre trabajaba en el río Duero, muy pronto, su familia, de la que era el menor de cinco hermanos, se trasladó a Zamora, donde empezó sus estudios en el colegio del Corazón de María, que pertenecía a los misioneros claretianos, y donde ayudaba en misa de monaguillo.

Entró en el seminario a los 13 años en Aranda de Duero, donde estuvo dos años. Después vino otro más de noviciado en Ciudad Real, otro en Sigüenza, dos en Segovia y los últimos cuatro de la carrera en un teologado de los claretianos en Salamanca.

En 1965 es ordenado sacerdote. Ese mismo año, en septiembre, llega como diácono a la casa que los claretianos tienen en Rioseco para ser profesor en el seminario que entonces existía.

Dos años después preside en Zamora su primera boda, la de una hermana suya. Luego vendrían otras de familiares y amistades. Incluso, «en ocasiones, me han pedido algunos párrocos que les sustituyera en la celebración del sacramento del matrimonio, por imposibilidad de ellos».

En los últimos veinte años es cuando ha tenido la mayoría de las bodas, en especial en Medina de Rioseco y en pueblos de Tierra de Campos y Montes Torozos, llegando algún año a celebrar quince.

A este veterano sacerdote le gusta acompañar a los novios al banquete nupcial, «si soy invitado».

En todos estos años, Oterino ha casado a muchos de los que fueron alumnos suyos, aunque destaca que, «en mis más de treinta años como profesor de Religión con adolescentes, nunca se me ocurrió insinuarles que si se casaban que fuera yo el sacerdote; son los novios quienes me lo piden, y les indico que manifiesten a su párroco ese deseo suyo. Si me da autorización, encantado».