El Norte de Castilla

La Universidad de Valladolid llega a Marte

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Modelo a escala 1:3 de la sonda Schiaparelli que la Agencia Espacial Europea ha enviado a Marte. / THOMAS KIENZLE-AFP

  • La misión Exomars, de la Agencia Espacial Europea y Rusia, cuenta en una segunda fase con una herramienta creada por el equipo de Fernando Rull para detectar restos de vida en las rocas del planeta rojo

El departamento de Física de la Universidad de Valladolid vivía este miércoles pendiente del espacio. De una sonda de nombre ‘Schiaparelli’ que debía aterrizar en Marte para comenzar a transmitir datos relevantes dentro de la misión Exomars, en la que la propia UVA tiene un papel importante, aunque más centrado en la segunda parte de esta aventura espacial conjunta entre la Agencia Espacial Europea (ESA) y Rusia. Abel Calle, presidente de la sección de Física, contextualizaba horas antes del ‘amartizaje’ lo que supone esta misión Exomars 2020.

«Uno se pregunta si a estas alturas de la exploración espacial lo de hoy es tremendamente innovador respecto a lo que ha hecho la NASA durante muchos años, porque la NASA ha bajado Rovers a Marte y hay hasta cuarenta naves que han bajado o de manera tranquila o bien estrelladas. Lo de hoy es importante porque hace unos años se descubrieron trazas de metano en la atmósfera de Marte y ello dio lugar a que se iniciara un proyecto en Europa llamado Exomars. Viene de las palabras ‘exo’, de exobiología, y ‘mars’, de Marte. Se centra en la búsqueda de vestigios de vida en Marte, eso es lo que la diferencia de otras misiones anteriores», explica Calle.

Una de las ingenieras de la Agencia Espacial Europea sigue la evolución del aterrizaje de la sonda en Marte.

Una de las ingenieras de la Agencia Espacial Europea sigue la evolución del aterrizaje de la sonda en Marte. / UWE ANSPACH-EFE

Buscar vida.

Aunque no aparecerán –salvo sorpresa digna de película hollywoodiense– marcianitos verdes, sino microbios.O restos de ellos. Pero eso será en una segunda parte, la del año 2020, en la que la UVA tiene un papel protagonista. Ayer, en realidad, el objetivo era otro. «En marzo se lanzó un orbitador (TGO) que tiene dos piezas, una es una sonda que cae a tierra, llamada Schiaparelli, y cuyo orbitador se quedará alrededor de Marte analizando los gases traza en la atmósfera, fundamentalmente el metano. La sonda que cae a la superficie no tiene gran importancia, porque no cuenta con unas placas solares, sino con una batería que cuando se agote, dejará de funcionar, y eso se calcula que será entre dos y cinco días», explica Abel Calle.

Sin embargo, los datos del aterrizaje de la sonda son importantes para el futuro envío del Rover en 2020. La atmósfera marciana«es muy tenue», aclara Calle. La sonda debía reducir su velocidad ayer desde los 21.000 kilómetros por hora hasta un aterrizaje sin incidencias. Era una operación muy arriesgada. «La agencia la va a usar para analizar las condiciones de entrada en la atmósfera. Cómo es la densidad y qué condiciones tiene el sitio de aterrizaje para que cuando llegue la segunda parte de Exomars en el 2020 se puedan tener datos».

Cuando viaje el Rover en el año 2020 esos datos servirán para minimizar el riesgo de que, como ocurriera con los primeros envíos, el robot se estrelle. Todos los aterrizajes incluyen un punto de incertidumbre, por más que se intente ser lo más preciso posible. «En 2020 se llevará a Marte un Rover y una plataforma científica que quedará fija en el suelo. Es la que envuelve al Rover, que cuando aterrice en Marte recorrerá varios kilómetros alrededor del punto de caída y la plataforma fija actuará para medidas meteorológicas, etcétera», cuenta Calle.

Es en ese Rover en el que la Universidad de Valladolid cobra una relevancia extraordinaria. El equipo dirigido por Fernando Rull ha diseñado un calibrador en torno al cual, «como en unas muñecas rusas», se construye el robot. «Lleva un taladro que perforará la superficie a dos metros de profundidad», cuenta Abel Calle. «Lleva diferentes equipamientos científicos y uno de ellos es un espectrómetro raman, que es precisamente el que ha sido desarrollado en la UVA por el equipo de Fernando Rull.Es un aparato que sirve para conocer la composición de algunas rocas y poder buscar vestigios orgánicos en ellas», cuenta Abel Calle.

Nada es casual en estas misiones. Hay que perforar a dos metros «porque Marte está completamente bañado por radiación ultravioleta muy ionizada». Es decir, que si hubiera habido microbios en algún momento «habrían sido completamente destruidos por los efectos de esta radiación». Si quedan microbios, o restos de ellos, será «en el subsuelo o por debajo de la superficie».

El propio Fernando Rull explicaba a El Norte, en el pasado mes de diciembre, que «no está probado experimentalmente del todo que haya habido agua». Y por tanto, tampoco que haya existido vida en Marte. «Aunque sí hay evidencias, pero no una demostración clara y fehaciente. Y que haya agua no significa forzosamente que haya vida, se necesitan también los componentes de la vida que conocemos», decía entonces Rull.

Ese es, por tanto, el gran reto de la misión Exomars 2020. «El objetivo es buscar vida o por lo menos saber si la hubo, porque desde luego anteriormente Marte tuvo unas condiciones para haber albergado vida», señala Calle.«Ha tenido agua, se sabe que ha tenido una superficie más caliente y con mayor presión atmosférica. Se dice que en Marte ocurrió, y eso es bastante patente a la vista de los descubrimientos que ha habido, un cambio climático a escala astronómica».

La Facultad de Ciencias organizó ayer, en el Aula Magna, el visionado de la retransmisión que la Agencia Espacial Europea hizo de la llegada de la sonda Schiaparelli. «La Facultad de Ciencias tiene un papel importante a través de Fernando Rull y queríamos mostrar este tipo de avances que están ocurriendo y que están vinculados a nuestra universidad», explicaba orgullosamente Abel Calle.