El Norte de Castilla

Intervención de Paloma Biglino en el Aula Triste.
Intervención de Paloma Biglino en el Aula Triste. / H. S.

«No me gusta la política económica de la Unión Europea, me parece injusta», asegura Biglino

  • La catedrática de Derecho Constitucional inaugura el ciclo de conferencias del Ateneo

El ‘no’ a la Unión Europea que tanto Hungría como Reino Unido han secundado en sus respectivos referéndum, la postura más crítica de los últimos tiempos frente a los ciudadanos que siguen depositando su confianza en la Unión, la diseccionó ayer Paloma Biglino, la catedrática de Derecho Constitucional que se encargó de inaugurar el ciclo de conferencias que hasta mañana, miércoles, organiza el Ateneo de Valladolid.

Organizada en el Aula Triste del Palacio de Santa Cruz, Biglino, que es a su vez miembro de la Junta electoral Central, partió de los últimos referéndum celebrados en Hungría y Reino Unido, que como característica, dijo, «todos han versado sobre Europa, en todos el pueblo ha participado y ha dicho que no». El primero, en Hungría, recordó que no alcanzó el quórum suficiente pero que el 98,3% de los votantes dijeron que no.

El segundo, añadió, contó con un 51% de británicos contra la pertenencia a la Unión Europea. «Desde ese momento los acontecimientos se han desatado. Los ataques xenófobos, por ejemplo, se han desatado», dijo.

Tensiones

El motivo por el que se ponen de manifiesto «varias tensiones entre las institucionales nacionales y las de la Unión Europea» habría que buscarlo, dijo, a partir de la crisis económica que ha afectado a Europa, que ha limitado que se destinen más fondos hacia políticas sociales que reivindica un sector de los ciudadanos. De ahí que haya surgido, por un lado, un movimiento apocalíptico o euro escéptico frente a otro de partidarios de la integración. «Hay veces que doy la razón a unos y otras que veo que los otros van bien encaminados», señaló antes de dar su postura personal.

Aquí, admitió, no le gusta la política económica de la Unión Europea porque le parece injusta, «ha perjudicado a las clases medias y trabajadoras y ha debilitado el sector público». Además, señaló, con la contención del déficit no se ha salido de la crisis «y no ha sido eficiente». En segundo lugar, consideró que todos los partidos políticos deberían reconocer ante sus electores que no pueden hacer lo que hacían hace 15 años, «que gran parte de las políticas económicas están marcadas por la Unión Europea». Y finalmente, abogó por que todos los grupos políticos asuman que el partido se juega en Europa.

Déficit democrático

En la ponencia, de unos 45 minutos de duración, aprovechó así para ofrecer primero los argumentos de quienes se muestra escépticos, que empiezan por que el Parlamento Europeo es demasiado débil. «Por ejemplo el déficit democrático de la Unión Europea se habría incrementado porque hay instituciones como el Banco Central Europeo que no responden ante el Parlamento».

Otro de los argumentos había que buscarlo en la crisis económica, que en la necesidad de frenarla «se ha reforzado las competencias de la Unión Europea y se ha limitado las de los estados, especialmente en política monetaria y financiera». De ahí que, recordó, los estados miembros ya no son soberanos a la hora de elaborar sus presupuestos, pues los analiza la comisión europea».

En España por ejemplo esa prórroga de los presupuestos los tiene que analizar la comisión y el escrutinio va a ser más intenso que en otros países de Europa, porque debemos 40.000 millones que nos prestaron para salir de la crisis». Fruto de esta situación, los estados carecerían así de capacidad para llevar a cabo sus propias políticas y ya no pueden destinar más fondos a una política más social porque estaría vedado por la Unión Europea.

En el caso de los partidarios de la integración, su posición viene basada en que la organización institucional es muy similar a la de los estados miembros. En segundo lugar, mantienen que la pérdida de poderes de los estados miembros «se ha hecho por tratados que nadie nos obliga a ratificar pero que desde ese momento restringimos nuestra soberanía». En este sentido, y ya en el debate, Paloma Biglino hizo hincapié en que la globalización es imparable y que hay ciertas amenazas que un solo país es incapaz de afrontar solo. «O nos integramos o morimos, y los primeros que deben ser conscientes son los partidos y sindicatos», concluyó.