El Norte de Castilla

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Los laceros trasladan al perro de la casa molinera del número 66 de la Cañada Real. / J. S.

Deja a un pitbull suelto en la casa de la que iba a ser desalojada

  • Los agentes se toparon con el perro al abrir la puerta de la vivienda de la Cañada Real y avisaron a los laceros

La inquilina de una pequeña casa molinera de la Cañada Real había recibido las correspondientes notificaciones del juzgado anunciando su desalojo previsto para las once de la mañana de ayer por impago de las mensualidades de alquiler casi desde que se mudó a la vivienda hace cuatro años.

Y a esa hora, puntual, se presentó la comisión judicial, acompañada por dos policías locales, un cerrajero y los propietarios. Ella no estaba, pero sí un perro de raza peligrosa, un cruce de pitbull con american staffordshire –ambas lo son–, que había dejado suelto en el interior y que salió a recibir a los presentes al descerrajar la cerradura.

Los agentes, al ver el aspecto del can, a todas luces peligroso, tuvieron que avisar a los laceros municipales para que procedieran a capturarlo y retirarlo al depósito canino. Así lo hicieron dos operarios a las 11:45 horas. «El animal, aunque potencialmente peligroso, se ha portado bien y su aspecto, en apariencia, es bueno», confirmaron.

Una vez allanado el camino, tocaba examinar el interior de la casa del número 66 de la Cañada Real, situada a dos manzanas del cruce de Vallsur. En su interior se encontraron con muchísima suciedad, algunas cajas con enseres y ropa de la inquilina y un patio repleto de trastos, incluida una vieja moto, una ‘scooter’, medio desguazada –fue trasladada por la grúa municipal–.

Fuentes judiciales explicaron que el proceso de desahucio comenzó a las pocas semanas de que la inquilina rubricara el contrato de arrendamiento, en agosto de 2012. «Solo abonó el primer mes (130 euros) y nunca más volvió a pagar», señalaron. Y así hasta generar una deuda de 6.240 euros y obligar a los dueños a acudir a los tribunales en un proceso que concluyó ayer mismo con el lanzamiento de la mujer.

Enseres «abandonados»

La intervención concluyó al mediodía con el cambio de las cerraduras. El perro, por un lado, puede ser reclamado por la propietaria;al igual que la moto, si es que demuestra que son suyos. Las cajas y demás enseres que dejó en la casa, sin embargo, pasan a declararse «como abandonados» de manera automática al entenderse, como así había sido, que la inquilina tuvo el tiempo suficiente para sacarlas de allí. Si las reclamara, dependería de la buena voluntad del dueño –así la mostró– de entregárselas. Ella no se presentó durante el lanzamiento.