El Norte de Castilla

Carlos Amigo, riosecano y cardenal arzobispo de Sevilla,
Carlos Amigo, riosecano y cardenal arzobispo de Sevilla, / M. G. M.

Rioseco oficializa su hermanamiento con Sevilla

  • Las dos ciudades comparten lazos religiosos, históricos y la riqueza de sus Semanas Santas

Corre el año 1510. Fadrique II Enríquez de Velasco, cuarto almirante de Castilla, mora en su palacio de Medina de Rioseco. Entre sus responsabilidades se encuentra la veinticuatría del Ayuntamiento de Sevilla, ciudad en la que se beneficia de las jabonerías y de parte del preciado diezmo del aceite.

Más de quinientos años después, una comitiva riosecana viajará esta semana hasta Sevilla para firmar este viernes el acuerdo de hermanamiento, que vendrá a sellar las relaciones que ambas ciudades han tenido a lo largo de la historia y que en los últimos años, sin duda alguna, se ha intensificado gracias a la persona del cardenal riosecano fray Carlos Amigo, quien, tras casi 30 años como arzobispo en la sede hispalense, ha sido el mejor embajador de la Ciudad de los Almirantes en la capital sevillana.

La historia de estrecha relación comienza con los Almirantes de Castilla, dignidad creada por Fernando III el Santo con sede en Sevilla, con grandes atribuciones militares y políticas, y que tuvo su señorío en Rioseco desde el siglo XV hasta el XVIII con la familia de los Enríquez, uno de los principales linajes de la nobleza castellana. Los almirantes eran caballeros veinticuatro (actuales concejales) del Ayuntamiento sevillano. Además, no hay que olvidar que el almirante presidía el tribunal del almirantazgo con jurisdicción civil y criminal. El lugar en que más tiempo estuvo instalado fue en el antiguo Alcázar, en el conocido como Cuarto de los Almirantes. Allí se ubicó la Casa de la Contratación de las Indias en 1503.

Especial mención merecen los Espinosa, familia de mercaderes y banqueros de Medina de Rioseco, que forjaron una enorme red empresarial con cuatro puntos como base: América, de donde partían las riquezas, Sevilla, a donde llegaban, Medina de Rioseco, donde en sus ferias se vendía parte de esa riqueza y se distribuía la plata americana para financiar las guerras de religión de Carlos V, y Valladolid, donde estaba la Corte y donde había una gran clientela para los objetos de lujo que ellos importaban y vendían, según ha recordado la historiadora riosecana Teresa Casquete, quien señala que en 1595 se hicieron con la gestión del banco público de Sevilla. 

Arzobispos sevillanos

Tampoco hay que olvidar que varios vecinos de Rioseco fueron arzobispos sevillanos (García Enríquez y Osorio 1442-1448, Antonio Paino Osorio 1663-1669 y Carlos Amigo Vallejo 1982-2009), y que el riosecano Alonso Enríquez fue racionero de la Catedral hispalense en el siglo XV. Los dos municipios, con el título de ciudad, están unidas por unas Semanas Santas declaradas de Interés Turístico Internacional y con gran tradición y valor artístico. Destaca que el inicio de las procesiones sevillanas hay que buscarlo en el Vía Crucis a la Cruz del Campo, que en el siglo XVI inicia Fadrique Enríquez de Ribera, nieto del II Almirante de Castilla, desde su Casa de Pilatos.

Otros vínculos son los importantes talleres de esculturas, que son ciudades junto a un río navegable, el Guadalquivir sevillano y el riosecano Canal de Castilla, que, por cierto, fue proyectado por el almirante sevillano Antonio de Ulloa; en la mutua afición a los toros. ¿Más puntos en común? Fueron sede de las Cortes itinerantes, acogieron batallas en la Guerra de la Independencia. O la vinculación con Cristóbal Colón, cuya visita a Rioseco fue fundamental a la hora de pedir el apoyo de los Reyes Católicos.