El Norte de Castilla

La Diócesis cuenta con su décimo diácono, un panadero argentino, casado y con tres hijos

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Ángel Camelino se prepara durante la ceremonia. / H. S.

  • Ángel Camelino podrá administrar el bautismo, distribuir y reservar la eucaristía y llevar el viático, según acordó el Concilio Vaticano II

El cardenal arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, ordenó ayer, domingo, en la Santa Iglesia Catedral de Valladolid, al que es ya el décimo diácono permanente de la Diócesis de Valladolid. Ángel Camelino Diconi (Buenos Aires, Argentina, 1991) culmina así un proceso vocacional de servicio, fe y estudio al que se sintió llamado por vez primera hace quince años y que gracias a su familia, amigos y compañeros diáconos ha recorrido con confianza y alegría.

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  • Así fue la ceremonia de ordenación

Ángel Camelino, casado y padre de tres hijos de 23, 22 y 13 años, es panadero de profesión y vive en España desde el año 1991. Ya en 2001 comenzó estudios teológicos en los Padres Agustinos y, aunque por motivos familiares no los retomó hasta 2009, continuó «discerniendo el servicio a la Iglesia que se me demandaba» y colaboró con la diócesis vallisoletana impartiendo catequesis, ayudando en Cáritas y formando parte de la asociación Renovación Carismática.

El pasado mes de julio, el obispo auxiliar, Luis Argüello, presidió su acto de admisión al orden del diaconado en la parroquia de la Asunción de Nuestra Señora de Herrera de Duero, donde por el momento ejercerá su ministerio pastoral.

«Siento nervios, algo de ansiedad e incertidumbre –afirmó el candidato horas antes del acto en la catedral, quien reconoció que a sus hijos les está costando entender su vocación–, pero lo que más vértigo me produce no es la ceremonia del domingo; la ordenación no es la meta, sino el día de después», apostilló.

«De todas formas, siempre que he tenido alguna duda de vocación, ha surgido algo que me ha vuelto a situar en mi camino», agrega.

Ángel Camelino, accederá al orden del diaconado permanente cuatro años después de que lo hiciera Francisco Castro, el último ordenado en la Diócesis vallisoletana, que el pasado mes de abril celebró también las bodas de plata de la reinstauración del ministerio, con la ordenación, en 1991, por el anterior arzobispo José Delicado Baeza, de Carlos Barbaglia, Luis Rodríguez y Patricio Fernández. A partir de ahora, según le asignen los prelados vallisoletanos o su sacerdote, Ángel Camelino podrá administrar el bautismo, reservar y distribuir la Eucaristía, asistir al matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, llevar el viático a los moribundos, leer la Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oración de los fieles, administrar los sacramentales y presidir el rito de los funerales y sepultura.

El Concilio Vaticano II reestableció el orden y especificó el lugar ocupado por los diáconos en la Iglesia Católica y sus funciones. En el grado inferior de la jerarquía religiosa están los diáconos, que reciben la imposición de las manos «no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio».

En comunión con el obispo y su presbítero, sirven al pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad.