El Norte de Castilla

Un TEDxValladolid por la convivencia

El coro XYK Singers, durante su actuación en el LAVA. /
El coro XYK Singers, durante su actuación en el LAVA. / / A. G. ENCINAS
  • La situación de los refugiados centra parte del mensaje de un evento convertido en referencia cultural. «Prepárense porque su sueño, cualquier día, puede pasar a ser otro», advirtió Jadi, refugiada desde hace 16 años.

Una pizarra en la pared del LAVA lanzaba un reto. Completa la frase. «Antes de morir voy a...». Y Jadi Kicheva, si hubiera tenido una pizarra similar en su país natal, la habría rellenado con muchas ideas, sueños, proyectos. Era bioquímica, así que soñaba, dice, con descubrir en uno de los antioxidantes con los que trabajaba el elixir de la eterna juventud para la humanidad.

«¿Cuál es su sueño?», preguntó ayer Jadi desde el punto rojo del TEDxValladolid. Desde ese surtidor de ideas y retos que remueven la cabeza. Sobre la pizarra de la entrada se podían leer ya algunos. Desde los más livianos, «aprender a preparar croquetas», hasta los más normales, «visitar el Machu Pichu», «acabar la carrera de Medicina».

Pues igual no.

Igual les ocurre como a Jadi. «Prepárense porque un día, sin querer, puede ser otro», avisó.

Un día pueden estar en el hospital, dando a luz a su hijo, y al salir encontrarse con la guerra a la puerta. «Había francotiradores en los techos, tanques en las calles, cortes de luz, agua y gas, tiroteos, amigos y familias separados por las ideologías, bombardeos, secuestros en guarderías y colegios».

En una palabra.

Miedo.

Un TEDxValladolid por la convivencia

/ Una asistente escribe en el muro que invitaba a contar qué se quiere hacer antes de morir. / A. G. E.

«Miedo que te paralizaba», dice ahora, tras 16 años como refugiada. Reconvertida en trabajadora en un restaurante y en mediadora intercultural en su vertiente social. Reinventada, más bien. Porque eso es lo que quiere que hagan los que se encuentran en su misma situación. Y son muchos. Tantos como 30 al día que huyen de 24 conflictos armados en busca de un futuro. De otro futuro. Que no es, ya no, el que imaginaron. «Todos los cambios se hacen con la participación de las dos partes. La parte a la que llegamos debería aceptar la oportunidad de aprender con nosotros. Y los que llegamos deberíamos estar dispuestos a volver a nacer, aprender juntos y crear una sociedad de mestizaje y tener un proyecto de vida distinto».

No se trata de solidaridad. No se trata de ayuda. Se trata de construir desde el respeto y el conocimiento. Aún resonaban en el auditorio del LAVA los versos hebreos cantados por el coro de quince voces femeninas XYK Singers, dirigido por Víctor Galván. «La mayor parte de las veces, le dijo el techo al cielo, la distancia entre tú y yo es interminable. Pero un día vinieron dos hasta aquí y solo quedó un centímetro entre nosotros», decían los susurros cantados que en su día creó Eric Whitacre.

«Tras la euforia de estar vivos llega la cruda realidad. No tengo amigos, ni familiares. No hablo español», recordaba Jadi Kicheva. Y es entonces cuando se debe afrontar la gran pregunta. ¿Qué hago ahora? «Unos queremos pasar inadvertidos para no sentirnos excluidos. Otros, al sentir un rechazo, deciden formar guetos pequeños, entrando en una espiral de pobreza espiritual, material y de incomprensión. Y eso puede provocar en segundas generaciones el odio». Jadi optó por la tercera vía. «Desaprender para volver a aprender, renacer para poder crear puentes de empatía y comprensión entre las dos sociedades».

Lidia Cámara lo hizo con fotos. Bueno, también con más cosas, pero sobre todo con fotos. Porque ellas fueron las que acabaron dotando de visibilidad una situación soterrada en los campos de refugiados cercanos a Alemania. «Según Unicef la mitad de las personas que huyen de la guerra es menor de edad. La lengua es un poderoso instrumento de inclusión y a la vez de exclusión social, así que en los centros de refugiados de Alemania se ofrecen clases de alemán. Pero es significativa la ausencia de chicas adolescentes en estos grupos de alemán».

Un TEDxValladolid por la convivencia

/ Belén Viloria, organizadora del evento, presenta una de las ideas que desfilaron por el punto rojo. / A. G. E.

Porque ellas han vivido el miedo de Jadi. «Han asesinado a sus seres queridos, han sido testigos o víctimas de violaciones en su viaje desde Afganistán, Iraq o Irán a Europa. ¿Tendrían ustedes ganas de ir a clases de alemán? Además, las familias, padres, hermanos, les impiden participar porque piensan que las van a dañar aún más», contaba Lidia Cámara.

El proyecto Hallofoto! surgió como una serie de encuentros entre jóvenes refugiadas y alemanas.El tema central lo elegían ellas.Maquillaje y peluquería. Cocina. Un parque de aventuras para perder, qué curioso, el miedo.

Y una sesión de fotos que acabó en resultado imprevisto. Por la espontaneidad. Por el cariño que mostraban. Por la conexión. «En esos encuentros ven significado y esa construcción de significado genera sensación de mestizaje, de crear vínculos, desarrollos interculturales que van mas allá de las etiquetas», explica Cámara.

Y esas fotos acabaron en un mural que terminó plasmado en un tranvía que paseaba cada día por las calles de Colonia mostrando que la integración no era una utopía.Que podía lograrse incluso con los colectivos más golpeados por la guerra y la huida.

Imágenes que dicen mucho.

Y vuelven los poemas de Whitacre. «Una imagen está grabada en mi corazón; moviéndose entre la luz y la oscuridad. Una especie de silencio envuelve tu cuerpo y tu pelo cae sobre tu cara».

Conocerse. Es la clave. En la pantalla, la ponente de una conferencia TED explica que quiso saber qué hacen los grupos armados, como el ISIS, como Hezbolá, como las guerrillas, cuando no disparan. Y descubrió que cubren los resquicios que los gobiernos dejan. Atienden a sus comunidades, generan fondos con los que potenciar sus estructuras y reclutar más soldados. «Solo si los conocemos, podemos actuar contra ellos», dice.

Todas las herramientas para conocer pueden tener su lado social. Elena Martín, de Sociograph, mostró la muñequera que mide las sensaciones. En principio, válida para saber qué piensa un cliente ante un anuncio, o un telespectador ante una escena... Pero no solo. «Las personas con alzheimer o autismo no pueden expresar lo que sienten, pero eso no quiere decir que no sientan. Con esto podemos crear estímulos más eficaces para personas para las que hasta ahora no podíamos hacerlo», dice.

Conocer es comprender. Y comprender invita a convivir. A actuar de otra forma. Porque, como advertía Jadi Kicheva, quizá un día haya que replantearse los sueños. Y usted, ¿ya sabe qué quiere hacer antes de morir?