El Norte de Castilla

Viviana Figueroa, Amanda López y Luis Ortiz.
Viviana Figueroa, Amanda López y Luis Ortiz. / R. A.

Schola acerca el aprendizaje colaborativo a 200 docentes

  • «El rol del profesor ha cambiado», explican las expertas, que abogan por introducir métodos que enseñen «otras habilidades»

La paradójica Lomce promueve, junto a unos currículos desmesurados, la necesidad de que los estudiantes «adquieran competencias». Esto es, que se desenvuelvan trabajando en equipo, que sepan hablar en público o resolver conflictos entre iguales. Y eso último choca con un método de enseñanza magistral que es sobradamente conocido: «Esto rompe un poco con ese sistema tradicional en el que los alumnos están sentados, alineados, solos, mirando al profesor, que es el que expone y lleva la voz cantante. Los alumnos están en una situación pasiva de escucha. El aprendizaje cooperativo rompe con ese esquema tradicional y lo que busca es que sea el alumno el que toma las riendas y es el protagonista de su propio aprendizaje», explicaba ayer Amanda López, del Equipo Interdisciplinar de Investigación y Dinamización Educativa.

López ofreció, junto a su compañera, Viviana Figueroa, un taller sobre aprendizaje cooperativo promovido por FundaciónSchola. El tema interesa, desde luego. Doscientos docentes llenaron el salón de actos de Cajamar. «En Estados Unidos en los años sesenta los hermanos Johnson se encargaron ya de trabajar e investigar sobre ello y es verdad que ahora está llegando aquí. Por suerte, porque en el aprendizaje cooperativo es una metodología que atiende y ayuda a atender mejor la diversidad que tenemos en las aulas», añadía Fernández.

La cuestión de las metodologías educativas, del cambio de paradigma, es algo cada vez más patente en el ámbito de la enseñanza. La Universidad de Valladolid acaba de unirse a la plataforma MiriadaX para la realización de cursos abiertos masivos ‘on-line’ y en la misma jornada de presentación se habló de las clases invertidas (‘flipped classroom’). «Está ese término de ‘aprendizaje bulímico’», señalaba Amanda López.«Aprendes de memoria un montón de cosas, las escupes en un examen y al día siguiente no te acuerdas de nada. Se trata de adquirir estrategias por las que tú sepas cómo buscar la información, validarla, discutirla. En ese sentido no se trabaja tanto desde la memorística, sino que se emplean técnicas para que los alumnos tengan que explicarse unos a otros y el aprendizaje se adquiere de un modo más significativo y permanente», añadía.

Es decir, que lo que cambia, aporta, es «el rol del profesor». «Se convierte en un guía que pauta a los alumnos y dinamiza la sesión de la formación a través de estructuras y dinámicas con el fin de que los alumnos practiquen las habilidades sociales, que son un contenido más».

Ruptura público-concertada

La experiencia de ambas ponentes corrobora lo que ya anunciaba el consejero de Educación, FernandoRey, en el inicio del curso.Las grandes innovaciones educativas se están probando sobre todo en centros concertados, no públicos. Por eso la Junta quiere crear una política que fomente la adopción de estas nuevas metodologías en los centros públicos. «Eso es un punto clave, lo que pasa es que si no existe ese respaldo político no deberíamos paralizarnos. Pero ayuda y mucho.Sobre todo a la educación pública.A nosotros nos pasa, solo hemos tenido dos centros públicos en los que hemos impartido formación en tres años», admitía Viviana Figueroa. Y su compañera desliza una clave:«En la pública está el hándicap de la movilidad del profesorado.Es difícil que puedan hacer una apuesta pedagógica si al año siguiente el personal cambia entero».

Las reticencias son ya clásicas. Entre los padres, el recuerdo de que la escuela era otra cosa, el temor de que sus hijos no vayan a aprender todo lo que tienen que saber para aprobar... «Esta metodología no tiene solo como objetivo que los alumnos aprendan los contenidos curriculares, sino un contenido más que está incluido en esas competencias que los profesores debemos enseñar.Son esas habilidades sociales que necesitamos para la vida. En ese sentido se suma un contenido más que nos va a servir de cara al futuro. Porque hoy en día, ¿quién no va a querer en su empresa a una persona que sepa trabajar en equipo?», replica Figueroa.

Entre los docentes, otro lamento clásico. Con la densidad de los temarios, ¿de dónde se saca el tiempo para introducir más cosas? «Cuando se habla de aprendizaje cooperativo no significa que constantemente se estén trabajando estructuras cooperativas, sino que es una herramienta más. El profesor tiene que tomar decisiones para ver si le interesa que sea un trabajo individual, grupal o dinamizarlo para que sea cooperativo», advierte López.