El Norte de Castilla

Sin sobresaltos en los dos primeros encierros de Laguna

Uno de los novillos que han corrido en el encierro de Laguna.
Uno de los novillos que han corrido en el encierro de Laguna. / Santiago Bermejo
  • Una pancarta de las asociaciones taurinas de Castilla y León pide defender la tauromaquia

Tanto el primer encierro, que se celebró a las 00:30 horas del jueves, como el segundo, que comenzó exactamente a las 10:13 horas no registró el más mínimo incidente, salvo alguna caída sin mayores consecuencias. Ambas carreras fueron rápidas y limpias.

El primer encierro fue muy rápido, apenas diez minutos tardaron los cuatro toros en hacer un recorrido de ida y vuelta desde la plaza de toros a la plaza de la Constitución, a lo largo de la calle Sol y la cañada de la Nava. Un encierro multitudinario en cuanto a la asistencia de público y corredores y que fue muy limpio en su recorrido, sin que se registrara ningún incidente.

Ya en la mañana del jueves, el cansancio de toda una noche de fiesta hizo mella en gran parte de los corredores y la afluencia, lógicamente descendió. Se celebraban los toros del Villar, toros desde el cajón. Los dos morlacos que correría esa tarde saldrían desde los cajones que ubican en la plaza de la Constitución.

Pero el traslado de los cajones desde la los corrales de la plaza de la toros hasta la plaza de la Constitución se convirtió en una manifestación en defensa de la tauromaquia, ya que los miembros de la asociación taurina Virgen del Villar portaban una pancarta en la que se leía «En defensa de la tauromaquia, prohibido prohibir» y que firmaban las asociaciones taurinas de Castilla y León y que fue aplaudida por el pública que esperaba en las talanqueras el inicio del encierro.

Y el encierro se desarrolló sin momentos destacables. Los toros se soltaban de uno en uno para hacer varias carreras desde la plaza de la Constitución hasta la plaza de toros. El morlaco que aportaba la asociación taurina Virgen del Villar, de la ganadería de Lorenzo Espioja, cumplió su papel, salió con fuerza, hizo correr a los mozos en algunos tramos del recorrido y respondió bien a los cortes de los mozos.

Por el contrario, el toro del Ayuntamiento, de la ganadería de Peñajara, cojeó desde el principio y por tanto no pudo dar lo que se esperaba de él. Los mozos se afanaban por hacerle correr, pero el morlaco no podía; se caía. Aun así, el encierro resultó entretenido tanto para mozos como público y fueron 28 minutos de carreras y algún que otro susto.