El Norte de Castilla

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/ J. Sanz

Los dueños asumen la limpieza y el vallado de la planta incendiada de Arroyo

  • Los operarios han comenzado las labores de desbroce de los terrenos de la antigua Smurfit, que ha sufrido nueve fuegos en veinte días

La oleada de incendios, a todas luces intencionados, que viene afectando en las últimas semanas a las maltrechas instalaciones de la antigua fábrica de Smurfit Kappa –cerrada en 2008 y propiedad desde 2012 de otro grupo empresarial–, sumó un nuevo episodio el sábado por la tarde. Los Bomberos sofocaron entonces el noveno fuego de maleza registrado en veinte días en los terrenos situados entre la avenida de Salamanca, el lateral de Hipercor y la ribera del Pisuerga, en Arroyo de la Encomienda.

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  • Instalaciones de la antigua papelera Smurfit

Tanta reiteración llevó al Ayuntamiento a reclamar a los propietarios la limpieza de la parcela y estos, después de años de abandono, han asumido su petición. Los operarios, de hecho, comenzaron ayer mismo las tareas de desbroce de los terrenos y «se han comprometido a vallar y a mantener la parcela en condiciones para intentar evitar que la gente continúe entrando», según confirmaron fuentes municipales.

El perímetro de la antigua fábrica, que ocupa una superficie de ocho hectáreas, se convirtió en un coladero hace más de cuatro años y, desde entonces, sus viejas naves reciben casi a diario la visita de ladrones de chatarra, grafiteros y gamberros. Los agentes que investigan los últimos incendios –tanto de la Guardia Civil como de la Policía Local– creen que su autoría puede atribuirse a un grupo de jóvenes, si bien aún no han conseguido pruebas para imputar su autoría a los sospechosos.

«Todo apunta a que puede tratarse de gamberros, pero la investigación continúa abierta», apuntan las fuentes consultadas. Lo que sí que está claro es la antigua fábrica de papel presenta una condiciones más que lamentables de conservación y basta con pasear por ella –el vallado continúa abierto de par en par– para comprobar no solo la sequedad de la vegetación sino el estado de ruina de las edificaciones en sí, cuyo interior está repleto de cascotes y boquetes en el firme y las paredes.

Eso al margen de los incendios, siempre de maleza, en una parcela que linda con una gasolinera y con una fila de empresas junto a Hipercor.