El Norte de Castilla

Después de años de crisis, los vallisoletanos dicen gastar más en bares, ocio y viajes

Terrazas en Valladolid.
Terrazas en Valladolid. / RAMÓN ALONSO
  • Las familias incrementan su gasto, que recupera niveles similares a los de 2009

hay más alegría en las economías cotidianas, más alivio en los bolsillos, menos vacío en las huchas. No todo es confeti –hay todavía estrecheces después de tantos años de crisis y tanta hondura en el paro (17,08%)– pero las buenas noticias comienzan a llegar a los indicadores económicos. El gasto anual de los hogares vallisoletanos se incrementó el 4%durante el año pasado, según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Es el segundo año consecutivo con crecimiento y el alza más importante desde 2007, justo antes de que comenzara lo peor.

Cada hogar vallisoletano y de Castilla y León efectuó en 2015 un gasto medio de 25.992,62 euros. Está todavía por debajo de la media nacional (27.419,52), pero el incremento es superior al registrado en el conjunto del país. En esto influye que la renta disponible y los ingresos han crecido aquí durante el último año (de 24.587 a 24.838) más que en España, donde aumenta por primera vez desde 2008. La recuperación llega a los bolsillos de los ciudadanos y hay más dinero en circulación.

Gastamos más. Pero, ¿en qué?

La Encuesta de Presupuestos Familiares ofrece algunas pistas. La vivienda se lleva el 30,66% de nuestro presupuesto. Es el apartado al que destinamos más dinero. Tres de cada diez euros van dirigidos a pagar la hipoteca (el 25,8% de los hogares tienen un préstamo pendiente;el 56% disponen de una casa en propiedad totalmente pagada), el alquiler (13,5%)o los gastos derivados, como la comunidad o los recibos del agua, la luz y la calefacción. Este esfuerzo vinculado a la vivienda es superior al que hacíamos en 2008 (hoy el 30,66%; entonces, el 26,4%). Aquel año, 2008, fue cuando los hogares vallisoletanos dispusieron de mayor presupuesto para gastar (28.598,10 euros de media)y había menos límites para destinar dinero al ocio o la hostelería. Con la crisis, el peso de estos sectores cayó. A la hora de ajustarse el cinturón, se optó por recortar los gastos más prescindibles.Y en ese capítulo no entraba la casa, la luz o la calefacción; convertidas, junto a la comida, en prioridades absoluta.

La alimentación es la segunda gran partida que se come el presupuesto de las familias (el 16,7%). Para visualizar de forma más clara cómo repartimos el dinero que entra en casa hemos tomado una cifra redonda como punto de partida. Imaginemos que un hogar tiene unos gastos mensuales de mil euros. A partir de ahí –y de acuerdo con las cifras del INE– establecemos las divisiones.

¿A qué dedicamos el dinero? De acuerdo con esta idea de mileuristas todos, destinaríamos 306,6 euros a la vivienda y 167,4 a la comida (de ellos 42,8 euros para carne; 21,8 para pescado; 21,4 en frutas y 13,8 en hortalizas y patatas, por ejemplo). La última memoria de Mercaolid (publicada este verano) consignaba también una recuperación de la venta de productos frescos, después de siete años con las cifras estancadas.

Pero claro, esto es estadística. No todos los hogares gastan lo mismo y han de cuadrar sus presupuestos al dinero que entra en casa. Si el nivel de ingresos se sitúa por debajo de los 999 euros, el gasto medio anual se fija en 14.690 euros.Si llegan más de 2.000 euros al mes, el gasto al año crece hasta los 32.272,66 euros. Y así (basta con mirar las tablas que acompañan esta información)habría que diferenciar otras variables, como el número de miembros que componen el hogar, si lo habitan personas en activo o no, o la edad de quien más contribuye en los ingresos.

Pero, con independencia de estas variables, si tenemos mil euros disponibles para gastar... ¿a qué los dedicamos? Una vez satisfecho techo y estómago, la siguiente gran partida del gasto es la del transporte: la compra del coche, la gasolina (47 euros sobre un presupuesto de mil, y con abaratamiento de los carburantes en los últimos meses), el bono de Auvasa... Hay que tener en cuenta que determinados conceptos –como la compra de un automóvil o de un electrodoméstico– requieren un desembolso muy elevado en un momento muy concreto, por lo que esta encuesta reparte ese gasto en varios ejercicios.

Un ejemplo de esta circunstancia es la que se ha vivido, por ejemplo, con el apartado dedicado al mobiliario y equipamiento del hogar, que ha registrado un importante incremento durante el último año en Valladolid y Castilla y León. Crece el 26,8%. ¿A qué puede deberse? Hay dos cuestiones. La primera es que, después de años de retroceso en esta partida, tal vez la ligera mejoría económica y del empleo haya animado a cambiar el frigorífico o la lavadora. También influye un repunte en la compraventa de viviendas(de las 3.130 vendidas en 2014 a las 3.276 de 2015, que en este primer semestre de 2016 ya llega a 2.062).

Pero la mayor renta disponible en los hogares se percibe, sobre todo, en un incremento del gasto destinado a hoteles, cafés y restaurantes (crece el 16,2%respecto al año anterior) y a ocio, espectáculo y cultura (sube el 5,9%). Comer fuera, salir a los bares o viajar conforman un termómetro infalible para medir la salud financiera de las familias. En el año 2008, el porcentaje del presupuesto cotidiano dedicado a bares y restaurantes era del 9,8%. Esta cifra cayó al 8,2%en 2013 (el nivel más bajo)y en los últimos años se ha recuperado hasta el 9,17%. Eso sí, en términos absolutos, los 2.384,72 euros que, de media, se gastaron en 2015 en este apartado están aún lejos de los 2.779,39 euros de 2008.

Todos estos datos encuentran complemento con la Encuesta de Condiciones de Vida, en la que el 24,8%de los hogares de Castilla y León (uno de cada cuatro) reconocía en 2015 tener dificultades para llegar a fin de mes. El porcentaje ha caído respecto a 2014 (el año más duro, para el 28,6%), pero a distancia del 21%que reconocía estas dificultades en 2007. Esto se traduce en que el 39,5%de los encuestados reconocen que no pueden permitirse ir de vacaciones al menos una semana al año. O que el 26,5% aseguren no tener capacidad para afrontar gastos imprevistos. El 6% afirman no poder mantener la vivienda a una temperatura adecuada. Estos tres indicadores han descendido en los últimos meses, tal vez como evidencia tímida de esa ligera mejoría en la economía de los vallisoletanos, estrechamente vinculada, claro, con el mercado laboral.