La caseta de trenes que acabará en cervecería

ista de la Casa de la Aguada, en pleno proceso de rehabilitación, de cara a su apertura como negocio de hostelería.
ista de la Casa de la Aguada, en pleno proceso de rehabilitación, de cara a su apertura como negocio de hostelería. / V. V. y J. S.
  • El proyecto, impulsado por tres empresarios vallisoletanos, pondrá en valor un vestigio del siglo XIX que surtía de agua a los trenes de vapor

Un proyecto hostelero impulsado por tres empresarios locales hará justicia con la historia ferroviaria de la capital y rescatará del olvido uno de los vestigios más singulares que se conservan de la llegada de los trenes de vapor en un más que lejano 1864. Catorce años antes, en 1840, fue construida una estación de bombeo de agua a los pies del actual Puente Colgante (inaugurado en 1865), una caseta de piedra desde la que se surtía a los depósitos de la Estación Campo Grande y que estuvo en uso hasta 1944, cuando se impuso el tren eléctrico. La Casa de la Aguada, que así se llama, se encuentra estos días en pleno proceso de rehabilitación integral de cara a transformar tan singular escenario en una cervecería, que incluirá servicio de bar, cafetería y restaurante, cuya apertura, si todo va bien, está prevista para antes de que concluya la primavera.

Los trabajos de recuperación de las maltrechas piedras centenarias de este inmueble, que ocupa un rinconcito con parcela (para terraza) entre el Puente Colgante, el colegio de las Agustinas y el antiguo cuartel de la Guardia Civil –al borde del Pisuerga–, comenzaron hace un par de semanas y avanzan «a buen ritmo» una vez solventados los innumerables problemas urbanísticos para rehabilitar un edificio del siglo XIX que, pese a su innegable valor histórico, carecía de catalogación.

«Este edificio era como un fantasma urbanístico, ya que no estaba incluido como tal en los últimos planes generales de ordenación urbana, en los que figuraba como un espacio libre –una zona verde–, y tuvimos que acudir al plan de reforma de este entorno que se aprobó en 1980 –el que reconfiguró este espacio para permitir la demolición del entonces cercano antiguo estadio José Zorrilla de la actual plaza de Juan de Austria–, donde sí estaba recogido», recuerda el arquitecto Javier Sánchez, uno de los tres promotores vallisoletanos de esta iniciativa.

Así que los trabajos, una vez recibidos todos los parabienes legales sobre volúmenes y espacio al que circunscribir la intervención, pudieron comenzar este mes con el descubrimiento y la limpieza de la piedra, que fue enfoscada decenios atrás, tanto en la parte exterior como por dentro. La cubierta original, eso sí, no pudo salvarse después de años de deterioro acelerado durante la ocupación de la caseta, inicialmente legal –estuvo alquilada a una familia por parte de Adif, el gestor ferroviario–, al igual que ocurrió con buena parte de la maquinaria del sistema de bombeo de agua del río, que fue desmontada y vendida como chatarra por los propios inquilinos. «La noria y lo poco que hemos podido salvar lo vamos a conservar y a exponer como escultura en el exterior, presumiblemente junto al pozo de piedra del patio», relata el arquitecto, quien aclara que en su día se colocarán «paneles y planos explicativos sobre la historia de la caseta».

El futuro negocio contará con una superficie útil de 102 metros cuadrados, entre la planta actual (72) y una entreplanta de nueva construcción (42), además de una parcela exterior, «la joya de la corona», de 470 metros cuadrados, en la que se replantarán los árboles talados por su «mal estado» y se instalará la terraza.

«La idea es que podamos abrir el negocio en torno a mayo, para aprovechar parte de la primavera y el verano», anticipa su promotor, quien confía en el buen funcionamiento de un negocio «único en la ciudad», por su ubicación próxima al río, a un parque infantil y «al centro».