«Nos han dado 800 euros para luz y gas, pero lo que quiero es trabajar»

 Alfonso y Carmen, en su casa de La Rondilla.
Alfonso y Carmen, en su casa de La Rondilla. / R. GÓMEZ
  • Alfonso Herranz vive con su mujer y su hijo de 15 años con 549 euros al mes

A Alfonso no le importa dar la cara. No tiene de qué avergonzarse. Comenzó a trabajar con 17 años y hasta 2010 no ha parado de partirse el lomo, primero como ebanista y más tarde como albañil en la construcción. «Igual si me ven en el periódico, alguien me ofrece un puesto, porque es lo que yo quiero: trabajar. Con 800 o 900 euros al mes nos arreglaríamos», insiste, sin poner vetos a ningún tipo de empleo, siempre que este le permita seguir cotizando. Y es que la jubilación se ve aún muy lejana y precaria si las cosas no cambian. La crisis le sacó de la obra hace ya cinco largos años y no hay manera de volver. «Me he movido sin parar, pregunto aquí y allá y no sale nada, al final te desesperas», reconoce a sus 49 años, mientras rememora con nostalgia cuando vivían «bien», sin florituras, pero tranquilos. Ahora, la ansiedad le ha llevado a tener que medicarse y reconoce que en los dos últimos meses el desánimo ha ido a más, porque tampoco entra en el perfil para los cursos de inserción. No ve la salida.

En su casa de La Rondilla, que afortunadamente pudo pagar antes de que el hachazo laboral lo sacara de un mercado que sigue sin recuperar a los mayores de 45 años, entran al mes 549 euros de una renta garantizada para vivir tres personas, una de ellas su hijo de 15 años. Con este dinero hay que afrontarlo todo: comida, facturas, imprevistos, seguros, ropa, material escolar... Además, echa una mano a su hija, que vive con su novio, pero la pareja tampoco pasa por un buen momento. «Menos mal que no pago hipoteca ni alquiler, porque si no me toca pedir a la puerta de una iglesia», dice frustrado, al mismo tiempo que agradece el apoyo de sus familiares en este lustro de aprietos.

El pasado mes de diciembre se enteró de la puesta en marcha de las ayudas municipales contra la pobreza energética y las solicitó. «Nos pidieron un montón de papeles y al final nos la han concedido, en total 800 euros para todo el año», explica. Esa inyección económica supone para esta familia, que ha tenido que dar un giro de 180 grados a su vida, auténtico maná. «Nos permite andar un poquitín más desahogados, porque antes, algunos meses había que elegir entre pagar las facturas o comer», reconoce Alfonso, agradecido, sí, pero sin abandonar el mensaje que quiere transmitir en esta entrevista. «Lo que quiero es trabajar, en lo que sea, pero trabajar», recalca.

Los hábitos de la familia han cambiado por completo en casi todo, especialmente en la alimentación. «Pasta, legumbres, cerdo y pollo» son el recurrente menú en la mesa, según reconoce Carmen, quien dedica «dos horas» a las compras en un verdadero ‘tour’ diario en busca de las ofertas que permitan ajustar al máximo el presupuesto. Ropa, la justa, y vida social, ínfima. «Aunque los libros del chico nos los han dado en el colegio, ahora le han mandado dos de lectura, que hay que comprar», pone como ejemplo. Veinte euros que en su situación duelen, pero que hay que invertir. Alfonso hace lo que puede para complementar sus ingresos. Dos veces al mes trabaja como portero en el estadio José Zorrilla (50 euros) y cuando un amigo le llama para echar una mano en el mercadillo saca una pequeña propina.

Alfonso y Carmen, a la que sí le da más reparo hacer pública su situación, esperan que el nuevo Gobierno se ocupe de gente como ellos. Trabajadores desde siempre a los que la crisis les ha dejado en la cuneta y a los que aún les queda un largo trecho vital.