El Norte de Castilla

El IOBA investigará el fallo que causó 39 casos de ceguera en cirugía de retina

El doctor José Carlos Pastor Jimeno, director del Instituto de Oftalmobiología Aplicada (IOBA), examina a un paciente.
El doctor José Carlos Pastor Jimeno, director del Instituto de Oftalmobiología Aplicada (IOBA), examina a un paciente. / Henar Sastre
  • El instituto acometerá el estudio químico y biológico de la sustancia de diferentes lotes y marcas para determinar el tipo de contaminación

El perfluorooctano es un líquido pesado, una sustancia que utilizan los oflamólogos en quirófano para aplanar la retina y poder operar el desprendimiento.Después se quita y hasta hace unos meses nunca se había registrado problema alguno. Su uso está muy extendido porque resulta muy útil para el especialista en este tipo de intervenciones.

Antes de este verano, aparecieron casos de ceguera total en pacientes operados de desprendimiento de retina en diferentes puntos de España. El primer paso, destaca el doctor José Carlos Pastor, director del Instituto Universitario de Oftalmobiología Aplicada, el IOBA, «tras el asombro y la enorme y lógica preocupación fue dar con la causa. Era complicado dar con ella, establecer qué lo había provocado. Después se fue hilando y todo apuntaba al octano, que no es un fármaco, no es una medicina, sino una sustancia que utilizamos en la cirugía que se retira, no se queda en el ojo; pero al día siguiente, en la primera revisión, el paciente no veía nada, ni tan siquiera luz, el ojo aparecía totalmente destruido, como si lo hubiera necrosado un producto químico».

«No es doloroso; pero es irreversible», apunta el doctor Pastor.

Después, los casos –ninguno del Ioba– parecieron apuntar concretamente al perfluorooctano de la marca comercial alemana Ala Octa de Alamedics; pero todavía está por confirmar incluso este extremo. Esta compañía distribuye a hospitales públicos y privados de toda España.

Afectados en España

Los casos se concentraron en primavera, en diferentes puntos de España, y los datos de Agencia Española de Medicamento registran 39 reportados;pero podrían ser más que no se hayan notificado o, menos, porque alguno no tenga nada que ver con estas intervenciones quirúrgicas. Según datos del IOBA, «en principio no hay casos registrados en Valladolid, al menos en los hospitales públicos y en el propio instituto»; aunque es imposible de rastrear a una persona que haya recurrido a un centro de otra ciudad para operarse; incluso algunos pueden pensar que es un fallo de la cirugía y no identificarse con esta anomalía.

Será el centro vallisoletano, el Ioba, el que se encargue de esta investigación, que dirigirá la doctora Rosa Coca, especialista en retina, con un trabajo en laboratorio en colaboración con el departamento de Mineralogía y Cristalografía de la Universidad de Valladolid. Un estudio que le ha encargado el Gobierno vasco. «Una investigación química y biológica con cultivos celulares para ver el comportamiento del producto. El 99% de la sustancia es octano y es en ese 1% en el que puede estar la contaminación y es lo que vamos a analizar. No se trata de buscar culpables. Ahora, lo fundamental es determinar si fue uno o más lotes y de solo una casa comercial o de más»; aunque todo apunta a uno y del mismo laboratorio. Importante para corregirlo –la Agencia Española del Medicamento ya retiró desde el pasado 26 de junio los lotes sospechosos del mercado– y «para mejorar la legislación, el control de este tipo de productos que al no ser fármacos, al ser manipuladores de retina no tienen unas exigencias tan exhaustivas y, si damos con la causa, si aislamos el componente de este compuesto tendría importantes repercusiones en la normativa de la Unión Europea. Es un orgullo que nos lo hayan encargado», añade este especialista.

Así, el instituto vallisoletano analizará las próximas semanas diferentes lotes de la casa ‘sospechosa’ y distintas marcas comerciales en busca de respuestas. Es conocido que este producto «tiene su toxicidad y con ello se cuenta;pero la acción de lo que lo haya causado es muy rápida y muy agresiva y ha habido casos, aunque es más habitual en personas mayores que en gente relativamente joven».

La alarma social es ya importante, los pacientes tienen miedo a haber sido operados con este producto e, incluso, a poder serlo y también los médicos tienen sus reticencias por miedo a demandas.