Un vallisoletano recibe el premio Europeo de Doctorado 2015

Un vallisoletano recibe el premio Europeo de Doctorado 2015
  • Israel González ha diseñado un hidrogel que puede suponer un gran avance médico por sus virtudes regeneradoras y antirrechazo

Regenera tejidos, recompone huesos y evita el rechazo de materiales ajenos al cuerpo como placas de titanio o ‘stents’ (mallas metálicas que expanden la venas o arterias cuando éstas se cierran, posibilitando el paso de la sangre por as vías).

El hidrogel diseñado por el químico orgánico Israel González de la Torre en su Tesis Doctoral en Biomateriales, dirigida por el grupo Bioforge dependiente de la Universidad de Valladolid, le ha permitido a este vallisoletano natural del barrio La Victoria recibir el Premio Europeo de Doctorado 2015, concedido por la Sociedad Europea de Biomateriales. La tesis, llamada ‘Hidrogeles biofuncionales basados en recombinámeros tipo elastina como sustitutos de matriz extracelular’, es menos compleja de lo que su nombre hace parecer.

El proyecto de González, aún en los laboratorios, pertenece a la ingeniería de tejidos, lo que permite la reconstitución de órganos o incluso su creación. En concreto, en su trabajo objeto del premio González de la Torre desarrolla una elastina (proteína presente en la piel, tejidos, arterias o válvulas cardiacas y que permite que el tejido recupere su tamaño normal) diseñada genética y químicamente a partir de polímeros (unión de moléculas que forman cadenas) que se encuentran en la elastina propia de forma natural. En esta elastina creada entre probetas se incorporan diferentes biofuncionalidades, es decir, secuencias que permiten a las células hacer unas funciones determinadas, como hacer que un tejido crezca o que un hueso se remineralice. Las aplicaciones biomédicas son innumerables, como la creación de una válvula cardiaca a partir de estas células a las que se ha insertado un código genético concreto.

González, que recoge el premio en el congreso anual de la Sociedad que este año tiene lugar en Cracovia (Polonia) entre el 30 de agosto al 3 de septiembre, se muestra asombrado por la concesión de la Sociedad Europea: «Me ha sorprendido bastante, cuando me llegó el correo lo tuve que volver a leer», afirma, y añade, «nunca haces una tesis pensando que te van a dar un premio, pero la Sociedad Europea de Biomateriales ha tomado la decisión de que mi tesis era suficientemente buena como para ser premiada».

Más allá de la dotación económica, de en torno a 300 euros, González reconoce que «la satisfacción te la llevas sobre todo en el reconocimiento» y que este tipo de premios y el trabajo con grupos de investigación en el extranjero favorece que le empiecen a conocer, aunque admite que: «Hay gente que es un genio, yo no estoy ni cerca». Sin embargo, González confía en que alguna de esas mentes maravillosas puedan «necesitar a alguien que les complemente». González ha publicado media decena de textos en revistas científicas de renombre y participa, de media, en seis congresos al año. Además, está involucrado en proyectos nacionales y europeos de investigación de biomateriales.

Un trabajo práctico

El científico confiesa que en muchos congresos se presentan proyectos muy elaborados pero sin clara utilidad práctica. Por eso, González explica que, a la hora de orientar su trabajo, no quería hacer una tesis que simplemente fuera teórica: «Quería que sirviera de algo, que tuviera una aplicación evidente». González cree que la posibilidad de uso, unido a la novedad de las buenas propiedades de los biomateriales, han sido los dos factores que ha valorado la Sociedad para entregarle el premio. A falta de una décima para cursar Medicina, González realizó los estudios de Química. Ahora ha logrado juntar los dos caminos al llegar «a la parte médica de la química». Las inquietudes de González por conocer todas las fases del proceso de elaboración de un compuesto fueron el punto de partida para que desplazara su trabajo como químico en Galicia y solicitara una beca al Ministerio para desarrollar su doctorado en Bioforge hacia la rama de biomateriales.

«Yo hacía un compuesto que sabía que lo iban a probar otras compañías, y quería saber qué es lo que pasaba después, como ligas a la célula, como lo implantas en animales y qué efectos tiene», explica. Bioforge es grupo de investigación de la Universidad de Valladolid con el que González colabora en una empresa derivada, en la que es director de I+D y donde desarrolla una cooperación muy estrecha con su grupo madre. Es una sinergía, un ‘spin off’ en el que se intenta dar salida a las aplicaciones que nacen de Bioforge. González reconoce que este último paso es complicado: «Se ha llegado a la primera parte del proceso, a las pruebas ‘in vitro’, y se han conseguido permisos para poder implantar en un cerdo. Después, si todo va bien, se realizarían los primeros ensayos en primates o humanos». El proceso es largo: 10 años mínimo.

Actualmente los polímeros que surgieron de la tesis de González se venden a países como Estados Unidos, Inglaterra o Alemania, y se están desarrollando investigaciones con traumatólogos del Clínico de Valladolid para la regeneración de tendones.