«El único tranvía con sentido hoy sería de Covaresa a Plaza Zorrilla»

Pedro Pintado, con ‘Los tranvías de Valladolid’ en la sede de El Norte de Castilla.
Pedro Pintado, con ‘Los tranvías de Valladolid’ en la sede de El Norte de Castilla. / A. Salvador
  • Pedro Pintado reúne en un libro los 52 años de historia de este medio de locomoción en la capital, de donde desapareció en 1933

Hace 82 años que no pasa un tranvía por el centro de Valladolid. Y sin embargo, cada poco tiempo cruza la actualidad vallisoletana la idea de recuperar ese medio de locomoción.Ya sea por una campaña electoral –aquel ‘Valladolid tiene tren, pero no tiene tranvía, si gobernara Soraya, caramba, ya tendríamos tranvía’, popularizado a capela por León de la Riva– o porque surgen iniciativas así en ciudades similares.

¿Cabría el tranvía hoy en Valladolid? Pues considera Pedro Pintado Quintana que no. «Si se hiciera un tranvía de Covaresa a Plaza Zorrilla tendría algún sentido, pero solo con un carril dedicado y sin pararse en los semáforos», asegura. Y lo hace con el convencimiento de quien ha estudiado la historia del tranvía en la ciudad hasta el punto de publicar una monografía, ‘Los tranvías de Valladolid’, que puede encontrarse ya en las librerías locales. «Estuve investigando durante dos o tres años y luego por otras razones me dediqué más al ferrocarril. Tras terminar el último libro en el que colaboraba, en noviembre, retomé lo que empecé hace 24 años».

El trayecto que Pintado Quintana ve como única posibilidad factible de reintroducir el tranvía en la capital no es, además, demasiado largo en realidad. Apenas 4,8 kilómetros desde la rotonda de acceso a la Junta de Castilla y León en Covaresa hasta la Plaza de Zorrilla. La única forma de ahorrar tiempo es otorgarle la prioridad de paso.«Que no se detuviera en los semáforos». Y eso obligaría, ya metidos en faena, a replantearse otras muchas cosas en un recorrido plagado de cruces importantes.

Pero no es Valladolid la única ciudad española que ha soñado con la posibilidad de recuperar el tranvía. La campaña electoral en Andalucía ha servido para prometer ampliaciones importantes en Sevilla, con 76 millones de euros para conseguir que los raíles alcancen la estación del Ave de Santa Justa.

Alguna actuación similar ha terminado con inversiones catastróficas que han acabado en desastre económico, caso de Jaén. Tres años han pasado desde la última vez que circuló en pruebas un tranvía por las vías jienenses. Un chorro de millones que se coló por el sumidero cuando el alcalde entregó las llaves del tranvía en la sede de laJunta Andalucía porque era económicamente insostenible arrancarlo. «Se han puesto en marcha metros absurdos y tranvías que no funcionan», lamenta Pedro Pintado.

Dos tranvías de mulas junto al Palacio de Pimentel.

Dos tranvías de mulas junto al Palacio de Pimentel.

Una conclusión que habrían podido extraer, como ocurre tantas veces, de la historia. En Valladolid, por ejemplo, el tranvía murió por inanición. Lo mató el autobús. Funcionaron desde 1881 hasta 1933, «aunque siguió presente hasta los cincuenta, cuando se levantó la red de vías», comenta Pintado. «Primero eran tranvías de mulas y posteriormente, eléctricos, a partir de 1910». Fue en ese año cuando se hicieron cargo de los tranvías Santiago Alba, propietario de El Norte de Castilla desde 1893, y Basilio Paraíso. «La convirtieron en una empresa moderna, electrificaron la red». Incluso, en un plan tan ambicioso que parece más pensado para hoy en día, con cien mil habitantes en el alfoz, que para aquellos tiempos, «intentaron llegar a La Cistérniga, Zaratán,Laguna de Duero y el Pinar de Antequera».

No pudo ser.

Antes de que los planes lograran tener visos de realidad, se impuso el autobús. «A finales de los años veinte se implantaron los autobuses y se acabó de hundir el tranvía. Los autobuses podían cruzar las vías, llegar a las Delicias y por la carretera de LaEsperanza, tenían más agilidad y más flexibilidad», explica Pedro Pintado.

Y así acabó la breve historia del tranvía en nuestra ciudad. Al menos, hasta que un proyecto postcrisis o una campaña electoral vuelvan a convocar su espíritu.