¿Y si desaparecieran las vías sin soterrar?

  • El Ayuntamiento explorará la idea de eliminar la barrera entrela estación y Pilarica llevando los trenes por el 'by-pass'

Óscar Puente coge un folio en blanco. Traza una línea recta. Es la línea Madrid-Hendaya. En el punto medio marca la estación de Campo Grande. A continuación, dibuja un arco, que sale del Pinar de Antequera y, por el este, desemboca en el mismo canal ferroviario pasada la ciudad. Se trata de la variante de mercancías (by-pass), una infraestructura de 17,5 kilómetros aún a medio hacer por la que los convoyes puede discurrir a 160 kilómetros por hora hasta el Páramo de San Isidro, enclave donde se sitúan los nuevos talleres de Renfe. De allí, el canal sigue hacia el norte para empalmar con la vía principal. En él ha puesto el nuevo alcalde los ojos.

Se exploran posibles soluciones para suturar la ciudad. Trabajan en modo tormenta de ideas y es probable que muchas de ellas se vayan por el desagüe. Pero hay que darle vueltas. Es obligatorio. Ya habló de olvidarse de la tuneladora y hacerlo con muros pantalla y dice que a su correo le han llegado diferentes propuestas. Una de ellas, elevar los trenes en un viaducto para que los peatones pasen por debajo. La barrera sería aérea. Estilo Estados Unidos. ¿Podría ser?

Acota que ahora es todo de trazo grueso, pero Puente se ha fijado en la variante. El abogado se explica. Tiene claro que, tras el último informe sobre la valoración de los suelos, la operación no es viable tal y como se había diseñado. Las cien hectáreas por las que se preveía ingresar 818 millones valen ahora 397. Con ese dinero ya no da para pagar el crédito de 400 millones que se ha contraído para afrontar el coste de las obras hechas, un préstamo que se ha agotado casi en su integridad y que hay que empezar a devolver a partir del 1 de enero de 2016.

Y el nuevo alcalde se arranca. Se trataría de que la estación de Campo Grande fuera de ‘fondo de saco’. Se explica. Que los trenes llegasen hasta sus andenes cogiesen o dejasen viajeros y volvieran sobre sus pasos para empalmar –¿cómo?– con la variante de mercancías y circunvalasen la ciudad por ese ‘by pass’ para coger de nuevo la línea Madrid-Hendaya.

De esta manera, en el punto más complicado de la cicatriz urbana, el que deja apartados a los barrios de Delicias, Pajarillos y Pilarica, únicamente habría que levantar las vías y construir un corredor verde que eliminaría la incómoda frontera. Habría que prescindir, eso sí, del soterramiento en su parte sur, entre el polígono de Argales y la estación, una opción que el nuevo equipo prácticamente da por descartada analizando los números.

¿Puede la variante soportar tanto tráfico?, ¿es factible el trasiego de trenes en una estación a término como la que se plantea?, ¿de ser viable, cuánto costaría?... Para estas preguntas aún no hay respuesta. Además, hay que tener en cuenta que la operación está diseñada con los ingresos de la venta de 6.000 viviendas. El debate está abierto.