Dos de las torres de la Ciudad de la Comunicación que no están aún ocupadas.
Dos de las torres de la Ciudad de la Comunicación que no están aún ocupadas.

Pese a trece años de derribos, la Ciudad de la Comunicación sigue sin despegar

  • La crisis del ladrillo y el retraso del soterramiento lastran la expansión del entorno que rodea a la estación de Ariza

Los proyectos de recuperación urbanística de los entonces terrenos industriales, y aún hoy ferroviarios, de la Ciudad de la Comunicación, la azucarera Santa Victoria y la estación de Ariza fueron aprobados entre los años 1999 y 2000. Apenas dos años después llegaron los primeros derribos de parte de los centenarios muros de ladrillo de los antiguos talleres Gabilondo (para entonces de Enertec y cuna de Fasa), se construyeron las tres primeras torres (las de Ariza), se creó el parque de Las Norias y enseguida las máquinas tomaron este enorme picón de más de veinte hectáreas. Pero a día de hoy, y después de trece años exactos de demoliciones de vestigios industriales y ferroviarios, el barrio sigue sin despegar lastrado por la crisis del ladrillo y por el retraso del soterramiento de las vías férreas que lo recorren.

El último edificio industrial caído bajo el empuje de las palas fue el que albergaba las oficinas de Ebro (adosadas a la antigua azucarera). Las máquinas acaban de finiquitar las demoliciones de este pequeño picón de nulo valor histórico e incluido en el eterno Plan Rogers. Fue el noveno vestigio desaparecido desde que comenzaron los derribos en estos terrenos. Antes cayeron la mayor parte de los citados talleres Gabilondo (2002) –solo se conservaron las fachadas–, algunas casas y edificaciones de la azucarera –sobrevive, aunque al borde de la ruina, la enorme nave central–, un sinfín de casetas ferroviarias –solo está catalogada la estación de La Esperanza (Ariza), una nave y un muelle de carga anexos–, dos naves de ladrillo que acogieron en su día a parte de Fasa Renault y las amplias instalaciones de empresas como Autógena Martínez, Campsa o Vía.

Y todo para construir, en teoría, un flamante proyecto urbanístico que a día de hoy sigue sin ser tan flamante mientras los trenes siguen circulando por la vía ordinaria y por la de mercancías de Ariza que utiliza Renault para trasladar sus coches.

Ni Geoda, ni museo, ni Scena

Las constructoras llegaron a levantar una hilera de trece bloques de diez y once alturas al borde del paseo del Arco de Ladrillo y otros tres más pequeños, además de dos edificios de oficinas, un enorme apartahotel y, aún sin abrir, la nueva sede de la Seguridad Social –las dos últimas están situadas junto a la vía férrea–. Pero dos de las enormes torres de viviendas están hoy abandonadas a su mala suerte y muchos de los pisos y locales de los bajos que sí se edificaron continúan aún vacíos.

A este panorama se suman parcelas sin edificar, otras a media hacer y un único negocio –el bar de un apartahotel que apenas funciona como tal– abierto en los últimos años. Eso además de que nunca se llegó a terminar la urbanización como tal de la Ciudad de la Comunicación, que incluía una singular plaza central (denominada de la Geoda), un museo del Cine, un centro comercial (Scena) o la sede de RTVE.

Nada de esto llegó a ser realidad y nada de esto parece que vaya a serlo, al menos, a corto plazo. Eso después de que este gran esquinazo urbano de la capital viera cómo desaparecía su silueta industrial durante los últimos trece años. Algunos de sus flamantes nuevos pisos, cuando todo parecía que iba bien, llegaron a salir al mercado por precios desorbitados que con el paso de los años fueron desplomándose en picado.

Aperturas con cuentagotas

A su alrededor, y en particular en las antiguas naves industriales y casetas ferroviarias que pasaron por la piqueta, llegaron a vivir, eso sí, medio centenar de chabolistas. Y gratis. Los últimos fueron desalojados hace quince días para dar paso a los derribos de las oficinas de Ebro. Las máquinas han reducido ya a escombros su estructura y los terrenos se suman así a la larga lista de solares vacíos que ahora esperan inquilinos.

El barrio, eso sí, va poco a poco sumando trabajadores de oficinas gracias a la apertura con cuentagotas de algunas firmas, como las que hoy ocupan tres de las cinco plantas del bloque de oficinas que en su día albergó al Ecyl –estuvo cerrado durante años–, la reciente llegada de una escuela de diseño a los bajos de las torres de Ariza –allí ya se encontraba el Instituto de Medicina Legal– o el edificio entero que ocupa la Confederación de Empresarios (Cecale). Y pronto llegará el gran desembarco de funcionarios de la Seguridad Social.