El tren surca de nuevo la Ribera del Duero

  • La Residencia Real Castillo de Curiel monta una gran maqueta ferroviaria como atractivo turístico

A finales del siglo pasado (dicho así suena como a muy lejano, cuando esto está a la vuelta de la centuria) la comarca de Peñafiel se despedía del ferrocarril, de la línea Valladolid-Ariza para ser más concretos. Posteriormente la Administración regional lanzaba al viento la posibilidad de que un tren turístico recorriera la Ribera del Duero aprovechando la infraestructura, al igual que sucede en otras importantes zonas vitivinícolas del mundo.

Para ver circular trenes de nuevo por estos pagos ha tenido que ser la iniciativa privada la que se haya puesto manos a la obra, con motivos turísticos también; eso sí, aunque solo sea sobre la nada despreciable superficie de 200 metros cuadrados y a escala reducida. La atractiva propuesta se puede disfrutar en Curiel de Duero, en la última parte de la subida al castillo donde se encuentra el complejo hotelero Residencia Real Castillo de Curiel. El propietario del establecimiento, Rafael Ramos, ha montado una gran maqueta al aire libre por la que pueden circular las 16 reproducciones de locomotoras antiguas (a escala LGB) que posee con los correspondientes vagones, entre ellos uno contraincendios y otro para el transporte de cerveza. Réplicas de máquinas del siglo XIX, como aquellas de las pelis del Oeste, u otras míticas como la Mikado o la Santa Fe. Un tren cremallera, uno panorámico, varios de mercancías y hasta uno minero recorren los muchos metros de vías de la instalación, bordeando un lago y una cascada, atravesando puentes de hierro y un túnel, haciendo parada en una estación de arquitectura alemana y, dando la vuelta a una reproducción del propio castillo curielano. Un recorrido salpicado por vegetación natural, distintas especies plantadas por Viveros Franyal, de Padilla de Duero.

Unas locomotoras son impulsadas por electricidad, pero otras, las de vapor, aprovechan la energía del gas para dar mayor realismo a su funcionamiento expulsando humo por sus vetustas chimeneas. Los ingenios ferroviarios también disponen de sonidos reales de su funcionamiento, como el del arranque, la marcha, el frenado, la marcha atrás, el aviso de puesta en marcha... Se ha conseguido recrear una auténtica infraestructura de ferrocarril, pues las vías disponen de distintos cambios de agujas con los que permitir el desplazamiento de varios convoyes a la vez. Dentro de un tiempo hasta un tranvía, con la correspondiente catenaria electrificada, transitará por la impresionante recreación ferroviaria a la que se irán añadiendo novedades. En resumen: todo un espectáculo que engancha a niños de 0 a 100 años

Esta maqueta de considerables dimensiones se suma a la oferta turística de los huéspedes de la Residencia Real Castillo de Curiel y también para los visitantes de la zona o del pueblo, localidad que posee un importante legado patrimonial. Así lo explica el hijo de Rafael, Jesús: «Para ver circular los trenes basta con llamarnos al Castillo y programaremos las visitas. Estarán destinadas especialmente para los clientes del hotel pero si alguien tiene interés que nos llame y le informamos de cuando puede hacer una visita».

La idea surgió de la pasión que Rafael siente por el ferrocarril, pues su padre, conductor de locomotoras, le solía llevar de niño en ellas. De ahí que posteriormente se dedicase al coleccionismo de máquinas y vagones. Atesorada una importante colección, viendo una buena posibilidad «de mostrarla a más gente instalándola junto al hotel”, indica Jesús, quien bromea diciendo que «ahora hemos abierto lo que es la línea castillo de Curiel-castillo de Curiel, lo cual no deja de ser un acercamiento al pasado ferroviario de la comarca».

Para poner en marcha este proyecto han contado con la inestimable ayuda de la Asociación Vallisoletana de Amigos del Ferrocarril (Asvafer), la cual, casualidades de la vida, tiene su sede en la que fuese la principal estación vallisoletana para la línea Valladolid-Ariza; la estación de La Esperanza. Bonito y simbólico nombre para el caso que nos ocupa.

Catedrático, bodeguero y hotelero

Vallisoletano, Rafael Ramos, junto a su hijo, llegó a Peñafiel en 1995 para poner en marcha la bodega Castillo de Peñafiel, trasladándose dos años después a Curiel de Duero donde restauró la iglesia de San Martín convirtiendo esta en dormitorio de sus barricas –también es para no perdérselo-. Catedrático de Económicas y posterior bodeguero, Rafael adquirió al Estado en el 2003 las ruinas del castillo de Curiel, recuperando la que se supone su imagen original convirtiéndolo en un confortable hotel que abrió sus puertas en el 2007. Apasionado de la arquitectura y sobre todo de la historia, a sus 80 años realiza su doctorado sobre el personaje histórico de doña Berenguela.