El reloj de la plaza de España vuelve a marcar las horas

vídeo

Jesús Mediavilla junto al mecanismo del reloj. / R. OTAZO

  • El presidente de la comunidad del número 12 logra ponerlo en marcha tras lustros parado

Suele decirse que el tiempo es oro y para Jesús Mediavilla la precisión con la que se mide es igual de importante. Este vallisoletano, maestro industrial es un hombre inquieto y emprendedor. Es el presidente de la comunidad del histórico edificio de Valladolid en el que vive, el número 12 de plaza España. Nada tiene que ver con la profesión del relojero, con esos cirujanos de la maquinaria perfecta, pero su inquietud y curiosidad junto con otro compañero que tenía los conocimientos mecánicos y eléctricos necesarios, han llevado a que arreglen el reloj que corona su inmueble. En Valladolid no es el único edificio con esfera en su cima, «once inmuebles más aún conservan su reloj original no debemos desaprovechar lo que tenemos en Valladolid, tenemos muchas joyas que no pueden caer en el olvido», explicaba Mediavilla.

Podría ser un edificio más de la ciudad, si no fuera por ese detalle «hace años a este bloque le llamaban la casa del reloj porque era el único que lo tenía», cuenta una vecina orgullosa del lugar en el que vive. Y no es para menos, las manecillas de este emblemático reloj comenzaron a moverse en el año 1953. «A las doce del mediodía sonaba el ángelus, la gente se paraba y rezaba», recuerda Matilde Martín, la única vecina que vive allí desde que se levantó el edificio. Un edificio construido por «San Miguel, el antiguo director de la Caja de Ahorros de Valladolid, un hombre muy beato. Casi como una señal del destino este hombre murió escuchando la misma melodía que tocaba el reloj cada mañana». Pero hace mucho tiempo que el ángelus que un día hizo las delicias de los vallisoletanos con sus notas, puso fin a su musicalidad matinal por las molestias que causaba a los vecinos.

Parece que poco a poco las energías del reloj se fueron agotando, hasta hace unos años, nadie sabe concretar exactamente cuántos, el reloj se paró y se despidió del frenético ritmo de la ciudad. «Hace lustros que no funcionaba y una vez reformado el bloque, la fachada y el interior, me faltaba algo. Al edificio le faltaba vida, así que decidí junto a mi compañero, que de nuevo volviese a funcionar. El objetivo es que todos podamos disfrutar de algo que es nuestro, de algo que forma parte de la historia de la ciudad», comentaba Mediavilla.

El presidente de esta comunidad reconocía que se ha perdido ese mimo y esa artesanía de generaciones pasadas «le hemos puesto mucho empeño y cariño para que volviese a funcionar, mi compañero ha empleado muchas horas aquí arriba», comentaba Mediavilla mientras enseñaba orgulloso el mecanismo del reloj. Para este maestro industrial, el reloj «es una definición de cómo se hacían las cosas antes cosas a más detalle, sin prisas y cómo se hacen ahora. Es un testimonio de cómo han cambiado los tiempos». Y vaya sin han cambiado, a partir de las 22:30 el reloj se ilumina con luces de ‘led’ para que no pase desapercibido a nadie.

Un total de cuatro meses de esfuerzo y perfección para que este histórico reloj que un día marcó el ritmo de la ciudad volviese a contar el tiempo. Cuatro meses, el mismo tiempo que llevan latiendo sus manecillas para retratar el tiempo. Horas minutos y segundos de esfuerzo y empeño, «para crear la imagen definitiva de este bloque y poner el broche de oro a este edificio. Lo hemos reparado, pintado y actualizado para disfrute de todos». Ahora este reloj vuelve a lucir en lo alto del edificio. Tic, tac, tic, tac...