Valladolid también viajaba en el Alvia

Un tren Alvia entrando en la curva de la estación de Medina del Campo.
Un tren Alvia entrando en la curva de la estación de Medina del Campo. / Fran Jiménez
  • La catástrofe de Angrois se cobró la vida de 81 personas, entre ellas, vallisoletanos que subieron a bordo en la estación en Medina del Campo

Medina del Campo. Billete de ida sin vuelta. Santiago de Compostela. Destino sin retorno. Tragedia que tiñó de sangre las vías de Angrois. Demasiadas muertes, 81 cadáveres y 140 heridos. Familias que esperan respuestas. La incertidumbre continúa. Vidas truncadas al final del camino. ¿Qué ocurrió en la curva de A Grandeira? Silencio. Nadie se responsabiliza. La lucha por saber la verdad prevalece. Estación medinense. Último aliento para los vallisoletanos que subieron al tren. Un motivo común. Celebrar el Santiago Apóstol. La ingenuidad de los pasajeros les dirigió hacia la muerte sin saberlo. Desolación. Vacío. Ausencia. Morriña.

Un descarrilamiento. El más grave del país en los últimos 40 años. El tercero ferroviario más importante de la historia de España. Llantos. Desesperación. Desinformación. Cadáveres sin identificar. Búsquedas incesantes. Esperanzas baldías. Dolor. Sufrimiento. Nostalgia.

Una fiesta sin celebración. Luto nacional. Ilusiones perdidas, imposibles de retomar. Recuerdos impenetrables para muchos. Secuelas imborrables para los supervivientes. La tristeza inundó el país. La sociedad se mostraba incrédula ante unacatástrofe de tal magnitud. Humanización con los familiares de las víctimas. Movilización inminente.

Un amasijo de hierros envuelto en sangre. Decenas de cuerpos sin vida esparcidos por doquier. Un recuerdo avivado que perdura. ¿Un único culpable? Un enigma sin resolver. El resultado: un aniversario desolador.

Desesperación. Ignorancia. Padres que buscan a sus hijos con vida y en cambio solo encuentran sus restos inertes. No hay solución. No hay salida. Solo muertes sin sentencia. Aflora la necesidad de aplacar el dolor de las familias. Solo queda resignarse y confiar en que desgracias como esta no se repitan más.

Un recuerdo constante aviva los miedos de los pasajeros del Alvia

Varios avisos anunciaban por la megafonía de la estación de trenes de Medina del Campo la llegada de un tren Alvia con destino a Santiago de Compostela. Una de las pasajeras de la tarde de ayer, Belén Fernández, decía sentirse tranquila. «No creo que vuelva a pasar nada. Estoy segura de ello. Me imagino que las medidas de seguridad serán las correctas después de la tragedia del pasado año», señala.

Un tren Alvia entrando en la curva de la estación de Medina del Campo.

Un tren Alvia entrando en la curva de la estación de Medina del Campo. / Fran Giménez

La que sí mostró algo de nerviosismo fue la dominicana Santa Nancy Rivera Rivera. «Yo estoy algo nerviosa ya que sé que este es el mismo tren que el pasado año tuvo el accidente», decía mientras miraba con detenimiento el billete comprado hace dos semanas por Internet.

Por otro lado, el leonés Juan Fernández, –otro de los ocupantes– también miraba su billete con destino a Vigo. Al contrario que Nancy Rivera, se mostró en todo momento tranquilo. «No va a pasar nada. Lo del pasado año fue una tragedia. La vida sigue. Confío en que la seguridad sea mayor después del accidente», aseguraba.

Uno de los ferroviarios recordaba cómo al día siguiente de la catástrofe todo el mundo comentaba en la estación medinense lo ocurrido. «Ese día no trabajé y me enteré por los medios de la catástrofe. Fue impactante», comentó el trabajador de Adif, que aún recuerda las miradas de pánico de los pasajeros al día siguiente. «Esta tragegia, junto a la que ocurrió hace años en Arévalo, han sido los siniestros que más me han marcado. No se pueden olvidar», explicaba.

Una ruta benéfica truncada por un recorrido sin destino

Lo que prometía ser un día festivo y tranquilo acabó convirtiéndose en una desgracia nacional. El periodista Ismael Alonso fue uno de los testigos presentes en la tragedia. Coincidiendo con la ruta del Camino de Santiago, Alonso organizó una iniciativa benéfica.

Ismael Alonso, testigo de la tragedia, durante el reto 'Pedaladas contra el cáncer'.

Ismael Alonso, testigo de la tragedia, durante el reto 'Pedaladas contra el cáncer'. / Ical

La idea era recorrer el trayecto en bicicleta con el objetivo de recaudar fondos para la lucha contra el cáncer. Desde Roncesvalles hasta Santiago de Compostela. Un total de 770 kilómetros que atraviesan todo el norte de España. El periodista cuenta cómo vivió el momento en que se topó con el desastre. «Alrededor de las 13:00 horas del día 25 llegué al Monte del Gozo. Allí estaba mi hermano y, muy serio, me dijo que había ocurrido un accidente de tren en Santiago. En un principio pensé que sería poca cosa, o de menos magnitud, pero cuando llegué a la Plaza del Obradoiro me encontré con una imagen desoladora. Era horrible, estaba vacío y triste a pesar de ser un lugar muy concurrido habitualmente».

Poco antes de llegar al punto álgido del recorrido, Ismael se encontró con varios coches fúnebres, pero pensó que «podría haber fallecido un vecino del pueblo, en ese momento no me imaginé que había ocurrido una catástrofe» , asegura.

La meta de Alonso era hacer coincidir la propuesta benéfica con el coronamiento de la ruta en un día tan señalado como es la fiesta del Santiago Apóstol. «Decidí no celebrar nada como gesto de solidaridad. Creo que estaba totalmente fuera de lugar cualquier celebración», argumenta el periodista apenado.

Un superviviente entre los amasijos de hierro del tren de alta velocidad

Esperanzas. Ilusión. Optimismo. Confianza. Alegría. Un milagro. Todo esto sintió Belén González, la madre de uno de los supervivientes, después de que su hijo saliera del coma. La hecatombre de Angrois no hizo que este hombre de 43 años se rindiese. Tras permanecer nueve días «eternos» en el hospital, abrió los ojos. Quería vivir.

Ángel Sanz y Belén González, padres del superviviente.

Ángel Sanz y Belén González, padres del superviviente. / El Norte

Aprovechó el puente para visitar a un amigo en Ferrol. Nunca llegó. Pero sí sobrevivió. Fue al día siguiente cuando Belén se enteró de lo ocurrido. Entre las 8:00 y las 9:00 horas. El amigo se encargó de avisar a la familia. Se acercó a la zona donde yacían los cadáveres. No dio resultado. Seguía sin encontrar a su amigo. Ni vivo ni muerto. Se enteró de que había tres personas ingresadas. Se desconocían sus nombres. La angustia aumentaba por momentos. No se daba por vencido y prosiguió con la búsqueda.

Sin duda, el mejor momento para el amigo del superviviente fue dar con él en un hospital. Lo reconoció y avisó rápidamente.

La Junta de Castilla y León se ocupó de trasladar a la familia de la víctima hasta Santiago. Estuvieron allí 27 días. El hombre consiguió salir del coma. Poco a poco iba reconociendo a la gente que le quería. A la de su alrededor.

«Él ha cambiado. Mi hijo ya no es mi hijo», señala la madre afligida. «Le han destrozado la vida. Pero lo tengo en casa. Es lo importante», recalca. El superviviente no quiere hablar acerca del tema. No quiere aparecer en los medios. Además no recuerda nada del asunto.

La madre responde por el hijo. «Temíamos que perdiera la vista del ojo derecho. Toda la parte diestra de su cuerpo estaba prácticamente anulada. Tenía rasguños en las piernas. Fuertes golpes en la parte derecha de la cabeza y el brazo. Está esperando para operarse del codo», explica Belén Gonzalez con un hilo de voz .

Una mujer luchadora que ha vivido con emoción la recuperación de su hijo. «Esto se hubiera evitado con más seguridad. La culpa no solo es del maquinista. Ahora todos quieren lavarse las manos y meterse dinero en el bolsillo», subraya la madre con resignación.

Para Belén lo único que importa ahora es que su hijo está en casa.

El recuerdo de una amistad perdura en la memoria de la 'pandilla'

Hay personas que han vivido muy de cerca el accidente. Se han visto afectados por la pérdida de un ser querido. Tienen la imagen grabada. Es el caso de Alberto Cano. Continúa padeciendo la muerte de su amigo íntimo, fallecido a bordo del tren.

El destino quisó que la víctima, de 55 años, subiera al tren en la estación medinense. Quería viajar a Santiago para visitar a un amigo que ambos tienen en común. El mismo que avisó a la familia de que el tren no había llegado. Después de la espera agónica, el día 25 se confirmó su muerte. «Los que lo conocíamos seguimos conmocionados. Pensamos mucho en él. Es un recuerdo vivo. Uno de la ‘pandilla’ se casó y dedicó la boda en su memoria», cuenta orgulloso Alberto.

El cadáver fue trasladado a Valladolid al día siguiente de su identificación. La familia se encargó del funeral. «Todos estamos muy emocionados por culpa de su ausencia», recalca el amigo de la víctima.

Ayer se cumplió el primer aniversario desde la tragedia en la curva de A Grandeira. Es demasiado reciente. El dolor se mantiene. «El grupo entero de amigos tenía pensado tomar algo a su salud en un bar a donde solíamos ir. Después de un año queremos reunirnos para recordarlo y pasar un rato todos juntos, rememorando viejos tiempos», asegura Cano con ilusión.

La pérdida de un hermano mantiene a la familia unida

«Cuando se pierde a un ser querido de una forma tan inesperada requiere un proceso de asimilación», subraya de forma sentida Antonio de Diego, el hermano de una de las 81 víctimas en el accidente de Angrois. Además, añade que «es un sentimiento general de dolor por todas las familias».

Para Antonio lo más doloroso es el vacío que se siente. La ausencia incapaz de llenarse con nada. Le hiere la no justificación de las pérdidas. Todos aquellos cuerpos que yacían sin vida a lo largo de las vías ferroviarias de la curva de A Grandeira. «Éramos siete hermanosy para lo único que nos ha servido esto es para mantener a la familia más unida», asegura De Diego.

La víctima viajaban a Galicia en el Alvia para pasar el puente del Santiago Apóstol, como muchos de los pasajeros que se desplazaban en la línea que cubría Madrid-Ferrol. Pero su hermano nunca llegó.

En la estación de Santiago esperaba su llegada un amigo. No dio con él. La familia desconocía en qué medio de transporte había viajado el fallecido aunque sí que sabían que iba a viajar hasta la capital gallega. «A mediodía del día siguiente al desastre nos enteramos. La identificación fue rápida, la verdad. Yo no la presencié. Me dijeron que había sido algo patético. Por suerte mi hermano conservaba la cartera con el DNI. Gracias a la documentación fue más fácil reconocer el cadáver», explica Antonio con resignación.

El amigo que le esperaba en la estación recuerda a la gente chillando desesperada. Él mismo recorrió los hospitales en vano.

La casa de Galicia se solidariza con las víctimas de Angrois

La Casa de Galicia también ha querido decir algo respecto al accidente. Una muestra de solidaridad con las víctimas de Angrois.

Para Celso Almuiña, Catedrático de Historia Contemporánea, lo que sucedió «fue una desgracia realmente tremenda». Y añade que «es un tema que está 'sub júdice' -pendiente de una resolución judicial-. «Hay que esperar a que la justicia se haga cargo y se responsabilice de alguna manera. Los jueces tienen que decir algo al respecto. Por otro lado hay que destacar que el pueblo de Angrois se volcó totalmente con la tragedia. Eso le honra».

Almuiña comenta la discrepancia existente entre la tragedia y la celebración del día del Santiago Apóstol. Para muchos, es un día que festejar. Ahora lo es para recordar el luto de 81 fallecidos. Entre los cadáveres, niños y adultos. La catástrofe ha contrariado el significado de esta fecha.

Renfe y Adif recuerdan a las víctimas

Algunos de los trabajadores, durante la concentración.

Algunos de los trabajadores, durante la concentración. / Ricardo Otazo

Los trabajadores de Renfe y Adif de Valladolid celebraron ayer una concentración a las puertas de la estación de trenes Campo Grande para recordar a las víctimas del que es posiblemente el accidente ferroviario más trágico de los últimos 50 años. A la concentración acudieron unos cien trabajadores.