Los daños por la quema de siete coches y 72 contenedores alcanzan los 136.600 euros

Propietarios y vecinos observan la labor de la Policía. / R. Otazo
  • Los investigadores apuntan a sendos casos de vandalismo sin relación aparente entre los autores

La ausencia de relación aparente entre los propietarios de los coches que ardieron el pasado viernes de madrugada al ser rociados con gasolina en la calle Santa María de la Cabeza lleva a los investigadores a barajar la hipótesis del vandalismo como la causa más probable del ataque. El único denomador común entre los ocho afectados es que son vecinos del entorno o propietarios de negocios en esa calle. Eso además de haber perdido miles de euros en los incendios, que carbonizaron por completo seis turismos, causaron graves daños en un séptimo y solo un octavo –una furgoneta– se salvó de la quema gracias a la intervención de un testigo.

La quema de vehículos llega en plena oleada –la segunda en lo que va de año– de incendios intencionados de contenedores de papel en las calles de la capital. Los investigadores descartan, de entrada, que unos y otros guarden relación entre sí. Pero la acumulación de casos y, en especial, la más que elevada cuantía de los daños ocasionados ha llevado a las policías Local y Nacional a establecer un dispositivo especial de vigilancia por las noches con el único objetivo de capturar a los autores.

Los agentes coincidieron ayer en hacer un llamamiento a la colaboración ciudadana y piden a los vecinos que alerten a la sala conjunta del 091-092 «en cuanto observen cualquier actitud sospechosa» en relación tanto con la quema de contenedores como con la de vehículos.

El único denominador común entre la forma de actuar de los autores es que los hechos ocurrieron de madrugada. «No parece probable que exista una relación entre estos casos dada la forma, mucho más premeditada y elaborada, en la que se produjeron los incendios en los coches», reiteran fuentes policiales, que apuntan a que los autores –un testigos vieron a tres encapuchados–, en apariencia, «pudieron actuar para llamar la atención». Y vaya si lo consiguieron, ya que los daños materiales ocasionados en la calle Santa María de la Cabeza superaron de una sola tacada los causados en todo el año en los 72 contenedores de papel incendiados en las dos oleadas regitradas entre enero y febrero y desde abril –el pasado fin de semana ardieron los cuatro últimos–.

Una cláusula poco frecuente

La valoración inicial de los siete vehículos que resultaron carbonizados en Pajarillos Altos asciende a 71.800 euros –la mayoría, salvo dos, eran nuevos o seminuevos– mientras que los recipientes incendiados están valorados en 64.800 euros, según confirmaron las distintas fuentes policiales y municipales consultadas.

Pero la diferencia fundamental entre sendos ataques pasa por el destinatario de los daños, ya que en el caso de los contenedores son las maltrechas arcas municipales las que deben soportar su restitución mientras que los incendios de los coches afectan directamente al bolsillo de sus propietarios. La mayoría perderán sus vehículos y solo los pocos que lo tenían a todo riesgo recibirán algún tipo de indemnización.

Fuentes del Consorcio de Compensación de Seguros confirmaron ayer que la entidad que agrupa a las compañías no cubre este tipo de actos vandálicos, salvo que tenga «motivaciones políticas –los actos de 'kale borroka'–». No es el caso. Así que la única opción, al margen de futuras reclamaciones a los autores si llegan a ser detenidos, pasa por contar con una cláusula de «daños propios que cubra expresamente los actos vandálicos», ya que ni siquiera la de incendios se haría cargo en este caso. Prácticamente nadie, según reconocen las fuentes consultadas, contrata la 'cláusula antivandálica'.

Combustible o mechero

Los autores de los incendios del pasado viernes, que tuvieron un antecedente cinco días antes en el cercano barrio de Las Flores –allí ardieron dos coches–, ni dejaron reivindicación alguna que 'justificara' el ataque ni dejaron más pistas que una botella de agua cortada por la boquilla y repleta de combustible, la que el hostelero de un bar cercano logró retirar del parabrisas de la furgoneta que se salvó de la quema.

Los tres encapuchados eligieron los ocho vehículos, en apariencia, al azar dado que estaban estacionados en 'zig zag' a uno y otro lado de la calle (cuatro en cada acera). Sobre ellos, entre el capó y el parabrisas, dejaron las botellas con el combustible y lo incendiaron antes de huir, según pudo ver un testigo, en un coche.

La forma de actuar del autor o autores de la quema de contenedores es mucho más simple, ya que al pirómano de turno le basta con un mechero para incendiar los papeles del interior. Los ataques del pasado fin de semana se concentraron entre Delicias, Pajarillos y Pilarica. En este último barrio fue detenido un sospechoso de la primera oleada de enero y febrero (50). Los otros 22 comenzaron a arder en abril.