Vacas, caballos, cerdos, gallinas, un toro que se llama 'Tarzán', un aprendiz llegado de Perú, cinco miembros de la familia Criado Catalina y un convencimiento:, hay que producir respetando y siguiendo los silenciosos, pero muy sabios, consejos de la madre naturaleza. Es Crica, una pionera cooperativa de agricultura ecológica ubicada en plena Tierra de Campos, en la vallisoletana localidad de Megeces. Los impulsores de la reconversión de la agricultura y ganadería familiar en ecológica son Julio y Alfonso. A ellos se han sumado después, dos hermanas: Angélica y Raquel, y Ana, la mujer de Julio.
Cinco trabajadores para una «pequeña» explotación de 60 hectáreas y 25 vacas de las que semanalmente salen 400 litros de leche fresca envasada, 800 kilos de queso, 600 tarros de yogur y 120 de queso fresco, además de otros 'pinitos' como queso curado o un queso «similar al de Cabrales» que está saliendo «de lujo», presume Julio, y que esperan pronto poder etiquetar y vender.
No hay jefes, todos se llevan bien y rotan en las tareas. «Hacemos lo que queremos y nos gusta, producimos como creemos que se debe hacer, respetando el medio, porque si conservas la naturaleza te lo devuelve», explican.
Su huerta es ecológica desde hace nueve años, su ganadería desde hace cuatro, y desde hace tres decidieron «cerrar el círculo» envasando y distribuyendo sus productos ellos mismos. Semanalmente viajan a Madrid, Valladolid o Burgos, conocen a sus consumidores y viceversa y eso es algo que da tranquilidad a ambos.
La mayoría de los repartos se entregan a grupos de consumo, personas que comparten su afinidad por la agricultura ecológica y que se han unido para comprar en grandes cantidades a un precio menor. Se trata de eliminar los intermediarios de la cadena habitual que, en ocasiones, llegan a encarecer el producto cuando llega al consumidor hasta en más de un mil por ciento.
La crisis afecta, pero el consumidor de productos ecológicos es fiel, Crica ha visto cómo su mercado ha aumentado un 20% desde 2008. El secreto, dice Julio, es que «no hay que buscar la rentabilidad en producir mucho porque es un error, se satura el mercado y los precios caen», sino en «dimensionar bien, producir lo que a cada uno le toca, diversificar y producir calidad». Por ejemplo, su apuesta no es lograr que sus vacas den, diariamente, 60 litros de leche, sino que esa leche sea de buena calidad. Al final, es por lo que está dispuesto a pagar el consumidor.