La presión policial y la oposición frontal de la Universidad de Valladolid (UVA) a la tradicional champanada estudiantil dieron ayer la puntilla definitiva a la fiesta después una década en la que agentes y alumnos jugaron a un multitudinario juego del gato y el ratón. Ayer, ni siquiera fue necesario un despliegue demasiado amplio para mantener despejados los campus y reducir la presencia de los jóvenes al interior de los bares del entorno de La Antigua y Paraíso.
Los dispositivos policiales motivaron el traslado definitivo de la celebración desde su enclave original, en La Antigua, al Campus Esgueva -Económicas e Industriales- entre los años 2002 y 2003. El espacio se convirtió en los años siguientes en un enorme 'botellódromo' que congregaba cada Navidad a miles de jóvenes. Hasta que la UVA dijo basta en 2009. El botellón se trasladó al Campus Miguel Delibes ('Teleco') y la lluvia redujo la afluencia ya ese año. Al siguiente hubo un dispositivo sin precedentes que prácticamente aniquiló la fiesta. La puntilla llegó ayer y sin necesidad de movilizar más que una solitaria patrulla en las inmediaciones de 'Teleco'.
«Los jóvenes saben que vamos a estar aquí y no ha venido ni uno en toda la mañana a sabiendas de que les vamos a requisar las botellas», reconocían al mediodía los agentes desplegados en el Miguel Delibes. Pero es que tampoco en La Antigua y Paraíso hubo apenas fiesta. Media docena de policías vigilaron una zona de copas casi desierta hasta primera hora de la tarde. Los estudiantes que poco a poco acudieron allí, hasta sumar varios cientos a medida que se acercaba la noche, se concentraron en los bares como si fuera «un sábado con mucha gente».
El alcalde pide «seriedad»
Los propios policías recordaron a los hosteleros la prohibición de dejar sacar las bebidas a la calle e, incluso, el alcalde, Francisco Javier León de la Riva, pidió «seriedad» a los bares a la hora de servir alcohol.
La champanada, cuyo origen se remonta a los años ochenta, como mínimo, desapareció así ayer de forma definitiva del calendario escolar y universitario para convertirse en una celebración rutinaria del comienzo de las vacaciones al calor de las barras de decenas de bares.
Y todo gracias al permiso otorgado por la Universidad a la Policía Municipal para que los agentes pudieran acceder a sus campus -algo que no podían hacer hasta hace un par de años-. Tres agentes de paisanos pudieron comprobar desde primera hora de la mañana de ayer que los supermercados apenas habían vendido bebidas a los estudiantes como ocurría hasta este año.