Esperanza Aguirre y Ana Botella comparten partido pero se equivocará quien piense que son iguales. No se trata de establecer un concurso, pero entre ambas hay muchas diferencias. Para empezar, la carrera política de Esperanza Aguirre tiene más recorrido (empezó en el Partido Liberal), y Ana Botella prácticamente pasa de ser un miembro de la corporación de Alberto Ruiz-Gallardón a alcaldesa de Madrid. Si la política se midiera en términos de rentabilidad económica, habría que decir que Botella, con menos esfuerzo, ha conseguido mayor resultado, puesto que Esperanza Aguirre ha pasado por más escalones y no siempre estuvo en el lado del poder.
Aguirre llega a concejal del Ayuntamiento de Madrid cuando el PSOE de Enrique Tierno Galván era una máquina poderosa que barría en la región. Alianza Popular, entonces, no tenía muchas posibilidades de hacerse con el poder, y ser concejal de la oposición imprime carácter, al menos enseña a no rendirse con facilidad. Más tarde, en 1996, José María Aznar se fijó en ella nombrándola ministra de Cultura, cargo en el que empezó a mostrar su forma de ser, pero realmente, cuando enseña su genio político es al ser elegida presidenta de la Comunidad de Madrid en unos segundos comicios, puesto que no quiso gobernar después del 'tamayazo' que le hicieron a Rafael Simancas. Esperanza Aguirre optó por repetir las elecciones y fue cuando muchos cambiaron la opinión que tenían de ella como una señora castiza simpática pero despistada por una 'dama de hierro' (no en vano, es admiradora confesa de Margaret Tatcher).
A la sombra de su marido
En cambio Ana Botella saltó a la política mucho más tarde que Aguirre, en parte porque toda su vida había estado a la sombra de su marido y solo al final de su mandato como presidente del Gobierno se atrevió a dar un paso al frente. Cuenta Julio Anguita en su biografía 'El Tiempo y la Memoria' que José María Aznar le preguntó qué le parecería que su mujer hiciera política, a lo que el ya ex coordinador general de Izquierda Unida respondió: «Por ser la mujer del presidente del Gobierno no tiene más derechos que nadie&hellip pero tampoco menos que nadie».
Botella eligió debutar en una plaza cómoda, el Ayuntamiento de Madrid junto a Alberto Ruiz-Gallardón. Algunos mal pensados vieron en el ofrecimiento de Gallardón una posibilidad de hacer la pelota a José María Aznar y, por extensión, al partido, al que lanzaba el mensaje de disponible para lo que haga falta. Y con Alberto Ruiz-Gallardón participó del sueño de los Juegos Olímpicos que nunca llegaron y se ocupó de los Servicios Sociales.
De justicia es señalar que Aguirre lo ha sido todo en política (salvo presidenta del Gobierno), y que Ana Botella llega a la Alcaldía de la capital de España por un efecto rebote que estaba más que cantado. Ya durante la pasada campaña municipal la oposición decía que Gallardón saltaría a la política nacional cuando ganara el PP y que, realmente, la alcaldesa tapada era Ana Botella. Por lo tanto, su capacidad de gestión en puestos de primera responsabilidad está por demostrar. Como edil ha tenido roces con la oposición y escasa capacidad dialéctica en los plenos, pero ya se sabe que el poder embellece y otorga una fluida oratoria desconocida hasta el momento.
Este juego de damas permanecerá equilibrado salvo que Rajoy quiera conquistar Madrid a través de Ana Botella. Entonces, hablaríamos de otro escenario muy diferente, y poco pacífico, por cierto.