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CRÍTICA DE TEATRO

Humor funerario

18.12.11 - 01:14 -
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Puro teatro, como reza el nombre del miniciclo programado durante el fin de semana en el auditorio de La Cárcel. Exitus es el resultado de un compromiso con la expresión teatral y sus potencialidades para reflejar estados de ánimo y formas de ser, para retratar al ser humano sin grandilocuencias.
La obra gira en torno a la realidad de la muerte, esa certeza que nos acompaña desde que nacemos. Y gira lenta y vertiginosa, en espiral y en círculos concéntricos. Es un movimiento irregular que hace paradas en el terreno del humor para después, retomado el resuello, acudir a territorios más complejos. Hay voluntad de sobrecoger al público desde la carcajada más que desde la sacudida emocional. El cadáver como objeto de trabajo, tanatoplastia se llama, un campo de mejora inerte al que se le hacen arreglillos superficiales para lucir esplendoroso a pesar de la rigidez. La muerte como polo de atracción para tópicos insolentes y vodeviles familiares. Lo más brillante del despliegue es el torrente de sandeces que se vierten en las salas de los tanatorios, reflejado aquí con una verborrea tronchante. No somos nadie, yo estuve hablando ayer con él y no imaginé, el tiempo lo cura todo.
Y el testamento, claro, el lío de repartir la herencia cuando uno donde menos se ve es en la caja de pino o en la urna funeraria. Dan ganas de hacerse eremita con tal de ahorrarse este trago, que se atraviesa en la garganta por mucho que se beba a sorbos. El montaje se estructura en torno a pequeñas historias que se suceden en el tiempo y que confluyen en el fallecimiento, que se desarrollan en paralelo y se solventan con un hábil y sencillo juego escénico. Todo el peso interpretativo recae en Diego Lorca y Pako Merino, a su vez autores y directores. Un edificio construido a dos manos que divirtió al público de La Cárcel, aunque algunos esperábamos algo más. Falta un planteamiento más singular, porque el tema está suficientemente trabajado. Es correcto, brillante en ocasiones, pero a veces la obra se ve envuelta en la misma red de lugares comunes cuya intención es resaltar con el sarcasmo como herramienta.
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