Kenia se interesa por el modelo de los hornos de cal de Vegas de Matute, que en su día fueron la base principal de la economía del municipio El padre Fernando Aguirre, de la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol, visitó el pasado 23 de octubre el Parque de Arqueología Industrial del Zancao, que reúne siete hornos tradicionales activos entre los siglos XVI y XX, y que en sus elementos más antiguos fabricaron cal para la obra del monasterio de El Escorial.
El objeto de la visita, en la que estuvo acompañado por el ingeniero de Caminos Pablo Moñino, y por el keniata Mister Albong, enfermero de la Misión de Nariokotome en la apartada región del Lago Turkana, al noreste de Kenia, era comprobar 'in situ' el funcionamiento y las características de estos hornos de cal, que hasta los años 70 del siglo pasado cocieron cal viva destinada a diversos usos.
Fueron recibidos por José Miguel Muñoz Jiménez, autor junto al arqueólogo Pablo Schnell Quiertant de un libro sobre esta calera segoviana, que fue editado por la Junta de Castilla y León en el año 2007. Esta publicación alentó al Ayuntamiento de Vegas de Matute a promover en 2008 la restauración y puesta en valor del interesante conjunto de arqueología industrial.
Los visitantes recibieron asimismo el asesoramiento que el albañil David de Diego de Diego, hijo de uno de los caleros más activos de la localidad, y que trabajó en los hornos en sus años jóvenes, les proporcionó.
El padre Aguirre, en colaboración con el ingeniero Moñino, lleva construyendo durante los últimos años pequeñas presas de piedra en la árida región de Turkana, junto al antes llamado Lago Rodolfo, que permiten a los pastores nómadas turkanos un asentamiento basado en una agricultura de regadío que complementa su pobre economía. Debido al elevado precio del cemento Portland en Kenia, y a las dificultades de acceso a aquella extensa región, el proyecto procurará estudiar la viabilidad de fabricar cal por el procedimiento tradicional, tal y como se hizo durante siglos en Vegas de Matute.
A través de Internet
Para el Ayuntamiento de la localidad, resulta muy satisfactorio que el Parque Arqueológico del Zancao, y la difusión de su existencia a través de Internet, empiece a traspasar las fronteras regionales y nacionales, «y así puedan llegar dichos hornos a servir de modelo a un proyecto tan plausible, a desarrollar en tan lejanas latitudes». La Misión de Nariokotome, sostenida por la Fundación Emalaikat de los padres de San Pablo Apóstol, lleva a cabo proyectos de búsqueda de agua también en la Región North Shoa de Etiopía, y se ocupa asimismo de la atención materno infantil, de la mejora de la salud, y de la formación y apoyo a personas de estas regiones.
Un duro oficio
A través de varios paneles interpretativos, en Vegas de Matute no se olvidan de esta industria, a pesar de la dureza del oficio del calero. Estos debían cortar ellos mismos la leña que después calentaría el horno y extraer la piedra caliza, con la que construir una bóveda, bajo la cual se encendía el fuego y sobre la que se situaban el resto de piedras. Esta bóveda también se quemaba y se convertía en cal, por lo cual había que rehacerla tras cada uso del horno.
Lo que a simple vista parece algo sencillo, no lo era tanto, ya que existían varios condicionantes para que la piedra se quemara de la forma prevista. Así, entre piedra y piedra había que dejar el espacio suficiente para que circulara el calor, pero con estructura firme. La selección de la piedra era otro punto importante, pues si se encontraba otro material distinto a la caliza, éste podía estallar con el calor y provocar el hundimiento del horno e incluso herir al calero.
La variedad geológica de la zona fue uno de los condicionantes para la instalación de estas caleras en Vegas de Matute. Pero sin duda el mayor revulsivo para esta industria en el municipio fue la construcción del palacio Real y monasterio de El Escorial, a unos kilómetros del lugar, una obra en la que se invirtieron grandes cantidades de cal, parte de la cual fue extraída de estas caleras. De hecho, en el archivo General de Simancas se conserva un documento a través del cual se registran pagos a nueve caleros de Vegas de Matute que entregaron cal con destino a la obra de El Escorial, fechado el 16 de abril de 1564.
La producción de cal en el lugar paró en el año 1960, al ser un material que no podía competir con el cemento, ya que además del calado de casas se utilizaba para hacer mortero.