Afable en el trato, no demasiado amigo de las nuevas tecnologías, riguroso en lo profesional como arqueólogo y catedrático de Prehistoria de la Universidad de Valladolid. Germán Delibes de Castro calibra reflexivo desde su despacho de Filosofía y Letras la responsabilidad que asume tras su entrada en la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción como vigésimo sexto académico de número de una institución con más de doscientos años de historia. Hoy protagoniza el acto en el que pronuncia su discurso de ingreso, que amadrina la arqueóloga y académica Eloísa Wattenberg.
-Desde que fue miembro electo de la Academia han pasado dos años. Una etapa dolorosa para su familia&hellip
-Sin duda todo lo ocurrido ha influido en el retraso de mi ingreso. Por otro lado, es un galardón importante, pero también supone un trabajo adicional. No tengo demasiado tiempo y me he demorado más de la cuenta porque no encontraba un hueco para escribir el discurso. Pediré disculpas por este retraso.
-¿Por qué 'El pan y la sal. La vida campesina en el valle medio del Duero hace cinco mil años' para su discurso?
-Tiene que ver con una de mis investigaciones. Estoy trabajando en este tema desde hace cinco años a través de unas excavaciones del Área de Prehistoria de la Universidad en la zona de Villalba de los Alcores. Es un yacimiento muy interesante.
-¿Qué descubrirá en él?
-Presentaré algunas novedades de la investigación como el descubrimiento por vez primera en Europa Occidental de trillos o las distintas formas en que durante la Edad del Cobre se gestiona la ganadería: las reses dejan por primera vez de ser solo un alimento potencial para convertirse en fuente de recursos secundarios (fuerza motriz, leche, lana, abono) sin necesidad de sacrificar a los animales. También explico cómo surge la vida campesina y se desarrolla con fuerza la agricultura hace cinco mil años en el sector central de lo que es hoy nuestra comunidad. La vida en esa época no era muy diferente de nuestros pueblos en 1950. Y además, ofreceré datos sobre la explotación en la Prehistoria de las salinas de las lagunas de Villafáfila, las únicas que hay en este sector de la meseta. La sal era un bien de primera necesidad y la de Villafáfila debía llegar a toda la Meseta.
-Grandes figuras de la cultura local han pertenecido a la Real Academia. ¿Qué supone para usted engrosar tan ilustre nómina?
-En este momento hay gente a la que admiro mucho, como Jesús Urrea, Joaquín Díaz o Eloísa Wattenberg. Saber que voy a colaborar allí con ellos supone una gran satisfacción. Es un honor pero también una gran responsabilidad porque hasta ahora la Academia no ha cultivado mucho la disciplina arqueológica. Después de Eloísa seré el primer arqueólogo que forme parte de su nómina. Puesto que uno de los fines de la Academia es la salvaguarda del patrimonio histórico está bien que haya expertos.
-Tradicionalmente se ha primado el estudio de la pintura, la escultura o la arquitectura.
-Yo mismo sucedo en la medalla XIV a Juan José Martín González, especialista en escultura renacentista y barroca. Efectivamente, hay quien pensará bien legítimamente que la Arqueología no es una de las Bellas Artes. Sin embargo, los estatutos de la Academia establecen que sus propósitos son la investigación y la defensa del patrimonio histórico. Y la Arqueología es una disciplina al servicio de la Historia. Estoy muy contento, por tanto, de que hayan hecho un hueco para los arqueólogos.
-¿Cree que la Academia hace lo suficiente en difusión?
-En los últimos años la Academia se está abriendo mucho a la ciudadanía. Se hacen cursos, conferencias de divulgación de acceso público para un mejor conocimiento de la historia de la ciudad de Valladolid. Además edita regularmente una revista científica para nada inaccesible a cualquier persona mínimamente culta.
-¿Cómo está la investigación arqueológica en nuestra comunidad, Castilla y León?
-En Castilla y León hay un patrimonio arqueológico vastísimo. El inventario regional, que solo reúne una parte de los yacimientos que existen, cuenta con más de 22.000 entradas. Eso da una idea de la dificultad de su protección. Con la crisis es evidente que la arqueología de investigación va a sufrir bastante, pero no me preocupa tanto esto como que se baje la guardia en la protección. El patrimonio es un bien finito y no conviene excavar más de la cuenta siquiera como ejercicio de responsabilidad ante las futuras generaciones de arqueólogos: Que no se encuentren con un patrimonio esquilmado.
-¿No resulta a veces incompatible la salvaguarda del patrimonio con el progreso?
-Hay buen diálogo entre los investigadores y la administración. La administración regional practica la arqueología preventiva o de urgencia, actuando con antelación en lugares que van a sufrir como consecuencia del desarrollo. Si la propuesta del trazado del AVE afecta a un yacimiento, lo normal es que se excave en este por adelantado para no interferir en el desarrollo de las obras. En contados casos el yacimiento llega a considerarse de tal relevancia como para pensar en una modificación del trazado.
-¿Cree que su disciplina encuentra acomodo en una época en la que el valor de lo inmediato nos obsesiona tanto?
-Vivimos una etapa en la que el patrimonio arqueológico tiene mucha presencia social. Los estudios históricos interesan a mucha gente. Soy optimista al respecto. Decía Julio Valdeón que los hombres somos esclavos de nuestra memoria. Hacer arqueología es responder a esa necesidad. No se si todo lo que aprendemos a través de la Arqueología tiene una proyección práctica, pero de lo que no hay duda es de que no ha existido una sola generación en la historia que no se haya interesado por su pasado. Eso convierte a la Historia en una necesidad casi fisiológica. La Ley de Patrimonio Histórico español habla bien claramente de la obligación de acercar la arqueología a la ciudadanía. Es importante la divulgación. La arqueología engancha al ciudadano.
-Resulta inevitable pensar que el amor de su padre por la naturaleza influyó en su elección profesional.
-Claro que mi padre fue determinante al respecto. Siempre nos insistió en que fuéramos lo que más nos gustase, porque lo esencial era vivir el trabajo con pasión. La influencia paterna se ve también en que podría haber sido un historiador convencional, de archivo, pero cuando descubrí que había una historia muy particular, la de extracción arqueológica, que se podía hacer al aire libre no tuve la menor duda de cual sería mi oficio. Además, mi padre, que fue profesor de Historia en la Escuela de Comercio, y siempre estuvo muy interesado por mi profesión. Solía venir normalmente a mis excavaciones. Y le gustaba la arqueología hasta el punto de escribir 'El Tesoro', una novela que está basada en un hecho arqueológico que me sucedió a mí. 'El Hereje' surgió también de esa pasión suya por la Historia.
-Ha sido embajador del legado de Miguel Delibes ¿Alguna vez ha sentido que la figura de su padre pesaba sobre su quehacer profesional?
-Considero que nunca he hablado en profundidad de mi padre; sí he contado anécdotas sobre su forma de ser, he contado anécdotas&hellip pero hay cosas personales de las que siempre me ha costado y me costará hablar. Sí he escrito sobre él. Hice el prólogo de las obras completas de caza. Eso me costó, fue una responsabilidad. Pero en mi trabajo nunca he sentido su sombra como un lastre. Detrás de mi carrera profesional no hay muchas razones para ver la figura de mi padre.
-¿Cómo le gustaría que le definieran en lo profesional?
-Primero soy persona, luego arqueólogo y profesor, ahora académico. Lo que más me puede preocupar de cara al futuro es que la gente piense que he cumplido con mi deber. Nada hay más importante que eso. No soy un divo de la arqueología pero he cumplido aceptablemente bien como investigador y como profesor. Además tengo la satisfacción de haber dirigido el departamento de Prehistoria de la Universidad de Valladolid, y de poder decir que es mejor que cuando llegué. Miguel Delibes dijo una vez que le gustaría que dijeran de él que fue una persona que hizo lo que pudo. Me apunto a lo mismo.
-¿Cómo va la puesta en marcha de la Fundación Miguel Delibes?
-Estás siendo muy laborioso pero ya tenemos actividades, estos días se está celebrando un encuentro en Río de Janeiro para difundir la figura de Delibes en Brasil, una deuda pendiente. Recibimos muchos apoyos en un momento de crisis, lo que es muy de agradecer. A pesar de las dificultades, estoy convencido de que con un poco de imaginación no dejaremos de sacar adelante actividades. Mi padre era una persona muy austera y la fundación, como él, tiene que ser capaz de hacer cosas interesantes con su misma austeridad.