El aplazamiento del próximo estreno de Teatro Corsario, previsto para el mes de diciembre en el Calderón de Valladolid, por falta de liquidez, ha sacudido a todos los estamentos de las artes escénicas regionales para entender hasta qué punto de inanición está alcanzando el sector. «Que la compañía de más prestigio llegue a esto demuestra la lenta agonía que sufre un entramado que lleva madurando más de dos décadas», resume el productor, director y dramaturgo, Ernesto Calvo.
Además de las grandes deudas por impagos de actuaciones que llevan soportando todas las compañías por parte de las instituciones que les contratan (casi el 100% públicas), las redes de distribución de espectáculos caminan hacia su disolución. Hay una coincidencia general. «La Red de Teatros de Castilla y León ya no existe. Si ponemos en un ataúd su nombre sería lo más cercano a la realidad», indica el gestor cultural y asesor tanto de compañías como de la Junta, Miguel Ángel Pérez. «Los teatros no deberían depender de las concejalías de Cultura. La caja única pública y su rigidez son una condena», remachan ese diagnóstico el gerente del teatro Calderón, José María Viteri y el presidente de Artes Escénicas de Castilla y León (Artesa), Jacinto Gómez.
Se produce así la paradoja de una región con 29 teatros públicos homologados, repartidos por sus nueve provincias, y otros 40 escenarios de menor formato en ciudades y pueblos grandes con muchas dificultades para llenarlos de contenido. Las 'vacas gordas' reestructuraron espacios, cambiaron telones y plateas, y distribuyeron dinero a espuertas para contratar.
Ahora, esos mismos contenedores que hace unos años se llenaban para ver grandes producciones a precios adulterados por los fondos públicos, se enfrentan a un futuro con las programaciones bajo mínimos. La prórroga de presupuestos públicos de la Junta de Castilla y León, pendiente del nuevo gobierno en España, le ha dado la puntilla. Vacío en los fondos, telarañas en las agendas de las compañías, silencio respecto a la programación teatral de los próximos meses.
El 'desagüe' de la crisis
Y, mientras tanto, la 'arquitectura' empresarial que tanto había costado crear a las compañías y tanto les había exigido la Administración para profesionalizar el sector, se ha convertido en una carga. Locales de ensayo, contratos, vestuarios, todo es insostenible cuando no hay funciones y sí deudas que nadie avala, ni siquiera con la promesa de pago, algún día, de lo que tienen pendiente de cobro con muchos ayuntamientos por funciones ya hechas hace meses.
La crisis, que debería ayudar a 'limpiar', se está llevando todo por el desagüe de las carencias sin apenas distinguir lo bueno de lo que nunca debió subir a un escenario o, como mucho, mantenerse en el muy loable y voluntarioso teatro aficionado. «Es que, a este paso, solo nos va a quedar este tipo de teatro. Pagar por los ensayos se ha convertido en un lujo», lamenta Calvo.
Hay grandes teatros, compañías solventes y un público que parece responder, aunque se le haya malacostumbrado a pagar 10 euros por espectáculos que, en el mercado libre, deberían costar tres o cuatro veces más. ¿Alguien se creía que se podía seguir trayendo a compañías como Animalario (unos 22.000 euros por función) a la sala Ambigú por 8,5 euros para 250 butacas?
Más preguntas. ¿Puede vivir el teatro sin fondos? «Evidentemente no -contesta el programador del Auditorio de Medina del Campo, Eduardo López-. Pero se pueden ensayar otras fórmulas si le dedicamos tiempo, cariño, y tratamos de aportar cada uno lo mejor. Y muchos teatros estamos dispuestos a apoyar a las compañías de la región para no perder producto cultural».
Mañana lunes se vuelve a reunir la Mesa de las Artes Escénicas de Castilla y León. Sus 'patas' son la Junta, las compañías y los programadores. Su desafío: que no se tambalee sin el cuarto apoyo: un presupuesto cada vez más escaso. Solo la Red de Teatros ha visto reducida a la mitad sus fondos en un año. El que viene será aún peor... cuando se sepa qué dinero tendrá.
Por eso, ocho o diez teatros ya han creado sus propias giras organizadas, una especie de 'subred' para compartir gastos para que las buenas producciones hagan gira por la región reduciendo cachés. Más cantidad, menos costes por telón. «Hay fórmulas mixtas -coinciden Viteri y López-. Un fijo pequeño más la taquilla; ir solo a taquilla o taquilla con un porcentaje para quien cede el teatro. Solo hay que sentarse y hablar». Experiencias hay en otras regiones como Madrid donde «la taquilla sostiene a los teatros», recuerda Miguel Ángel Pérez. Y no se refiere a los teatros de la Gran Vía sino al extrarradio de la capital. O eso, o una fórmula de indudable éxito entre los espectadores pero rechazada entre los profesionales. La 'excepción' del teatro Zorrilla, subcontratado a un gestor privado que «recibe 2.000 euros diarios por levantar la persiana, y eso no nos parece de recibo», afirman al unísono Jacinto Gómez y Miguel Ángel Pérez.
Miedo a compartir
El problema y la contradicción es que el arte de la palabra, esa que llena los escenarios, nunca ha acercado mucho a todos los interlocutores de Castilla y León. Ni siquiera en tiempos de abundancia. En la escena regional, el conflicto siempre ha estado en miradas de reojo de unos a otros.
Un ejemplo. El pasado mes de junio, Artesa y la Junta firmaron un protocolo para que cuatro teatros (que no fueran de capitales) acogieran sendas compañías residentes. Allí podrían crear espectáculos, promover talleres, llegar a los institutos, pensar en nuevos públicos. Se cerraron incluso los costes: 80.000 euros. El protocolo se 'perdió' con el cambio de Gobierno regional. «¿Qué mejor momento que el actual para proteger el tejido regional y llenar contenedores culturales que amenazan con quedarse vacíos?», se pregunta Ana Isabel Gallego, de Teloncillo Teatro.
Mientras las cuentas no salen y los plazos para hacer frente a los impagos se acaban, las ideas no se agotan. Inasequibles al desaliento, Rayuela inició ayer un 'casting' para su nuevo proyecto. Uno en el que quieren dar cabida a jóvenes que tengan algo que aportar al mundo de la escena de hoy (grafiteros, danzas urbanas, multimedias...). Se llamará '20 de noviembre'. No tiene nada que ver con una fecha tan importante como la de hoy. Aunque el futuro de las artes escénicas de Castilla y León esté condenado a tantas incógnitas como las que se abren a la realidad española.