Mejor será no guardar la ropa de verano en el armario hasta que pase esta semana, aunque a determinadas horas haya que compaginar la camiseta de tirantes con la cazadora. Valladolid llegó el pasado día 5 a superar los 29 grados de temperatura máxima, al igual que ayer, y mañana los termómetros van a volver al ancanzar este valor, la temperatura más alta registrada en el mes de octubre de los últimos siete. Solamente en 2004 y, todavía más atrás, en el año 1983, los registros meteorológicos indicaron que el termómetro se disparó aquel octubre hasta los 30 grados de máxima.
De esta forma, el mes en curso pasará a los anales de la historia meteorológica de la provincia como el más caluroso de los últimos siete años y el tercero más seco desde hace 28. «Esperamos registros históricos en los próximos días», resumió el delegado de Castilla y León de la Agencia Estatal de Meteorología, José Pablo Ortiz de Galisteo. Y el jefe de grupo de Predicción y Vigilancia, Juan Pablo Álvarez Alonso, confirma con las últimas mediciones de ayer mismo recogidas en Valladolid y Villanubla (donde se suelen registrar un par de grados por debajo), alcanzaban los 29 grados de media máxima y el mercurio repetirá cifra mañana. En días sucesivos bajará la temperatura diurna de forma progresiva (el pico previsto para el jueves es de 28 grados e irá descendiendo grado a grado), mientras que las mínimas se mantendrán entre los 11 y los 9 grados hasta final de semana.
Más allá de los termómetros y de los catarros aparejados a la importante diferencia de temperaturas -ayer marcaban 7 grados a las 10:00 horas y 30 a las 17:00 horas, para luego bajar en picado de madrugada-, la repercusión de esta prórroga veraniega en los sectores económicos es dispar y hace realidad el dicho popular de que nunca llueve a gusto de todos.
Para el comercio textil «este tiempo está pasando factura», indican fuentes de la Agrupación Vallisoletana de Comercio (Avadeco), a propósito de las elevadas temperaturas registradas en la ciudad desde el pasado septiembre.
Menos ventas
La mayoría de los comerciantes de la capital, que pertenecen al sector del equipamiento personal, apuntan a una «espectacular» bajada de las ventas durante los últimos 15 días de septiembre y primeros días de octubre. La ausencia de lluvias también ha incidido de forma «especialmente negativa» en el sector del calzado. La venta de ropa de invierno, subrayan también, está paralizada.
No obstante, en otro tipo de comercios consideran que el efecto no es tan negativo «porque con el calor el consumidor sale más a la calle a pasear y compra algo, dentro de la atonía general del consumo privado».
Fecosva, la Federación de Comercio y Servicios de Valladolid, está en sintonía con esta opinión, si bien matiza que el pasado fin de semana, en el que bajaron bastantes grados las temperaturas, «se ha movido un poco la venta». De cualquier forma, en esta organización se quiere dar una pincelada de optimismo «y queremos pensar que esta paralización de las ventas de las colecciones de otoño-invierno son consecuencia del tiempo y no producto de la crisis».
Terrazas
Otro sector, por el contrario, está encantado con este otoño veraniego. En hostelería, el calor está contrarrestando el descenso de consumo motivado en las bajísimas temperaturas de julio, que echaron a los clientes de las terrazas. José Ramón García, presidente de APEH, indica con satisfacción que «las terrazas están llenas, el día se alarga en la calle y más este año con la prohibición de fumar».
En el campo vallisoletano, sin embargo, hay bastante preocupación por la sequía, que es la tónica general desde Semana Santa, aunque para algunos cultivadores estas temperaturas y la falta de agua son muy buenas para las tareas de la recolección. Ocurre con la vendimia, labores que están a punto de terminar, el girasol y el maíz. Incluso, para la remolacha.
Siembra
Pero para preparar la sementera de los cultivos de secano, estos calores son nefastos, coinciden en señalar los responsables de las Organizaciones Profesionales Agrarias. Además, indican, se dispara el consumo de agua para mantener los cultivos que son de regadío.
Sobre las consecuencias de esta canícula tardía en la ganadería no se muestran tan de acuerdo. Mientras que para la Asociación Agraria de jóvenes Agricultores (Asaja) y Unión de Campesinos de Castilla y León (UCCL), no poder aprovechar la «otoñada» supone «suplementar con piensos» y, por tanto, el encarecimiento de los costes de producción al no disponer de pasto, la Unión de Pequeños Agricultores (UPA) matiza que después del verano «no hay pasto, está agostado, así que no influye».