La información que viene a continuación debía explicar -o esa era, al menos, la intención- los pormenores de la instalación de dos videocámaras en el maltrecho túnel peatonal de Labradores. Este espacio público iba a ser el tercero de la ciudad vigilado por un sistema de seguridad municipal a raíz de las «experiencias positivas» llevadas a cabo en las plazas de las Ciudades Hermanas y de la Cúpula del Milenio. Para eso se colocaron sendos carteles, con el consabido mensaje de 'zona videovigilada', y las pertinentes cámaras en las dos bocas del paso en algún momento de este verano.
Los carteles allí siguen, en las entradas de la propia calle Labradores y de la avenida de Segovia, pero de las cámaras no queda más rastro que las sujeciones metálicas colocadas al alcance de la mano de cualquiera que pase por allí -la altura del túnel apenas supera los dos metros-. Y aquí comienza el misterioso caso de la que bien podría denominarse 'operación videocámara'. ¿Quién las colocó?, ¿dónde están ahora? Son preguntas que a fecha de hoy se han quedado sin respuesta después de tres días de 'arduas' pesquisas entre el Ayuntamiento, la Policía Local, la Subdelegación del Gobierno y distintas empresas, incluida la que figura en los carteles, dedicadas al sector de la videovigilancia.
Nadie sabe nada más allá de que las cámaras llegaron a estar instaladas y que a los pocos días simplemente desaparecieron. Puede que fuera un robo, puede que la propia empresa las retirara o puede que... El caso es que ya no están. Y lo más sorprendente, quizás, es que nunca llegaron a estar controladas por la Policía Municipal, como es preceptivo en estos casos al tratarse de un espacio público -los agentes son los que manejan las grabaciones de las dos plazas mencionadas-, y a la Subdelegación del Gobierno tampoco ha llegado la obligatoria solicitud para su puesta en servicio.
Vandalismo, pintadas y robos
Fuentes policiales reconocen que los funcionarios que patrullan a diario por este punto sensible en lo que a la seguridad ciudadana se refiere -allí se hacen rondas periódicas día y noche- llegaron a ver, en efecto, las cámaras instaladas. No en vano se trata de uno de los siete pasos subterráneos que salvan las vías más frecuentados y también el más atacado por el vandalismo y los grafiteros. Eso además de haber sido escenario de multitud de atracos. Y para eso precisamente debió decidirse en algún despacho municipal la instalación de cámaras cuyo efecto disuasorio está dando sus «buenos frutos» en las plazas de las Ciudades Hermanas y del Milenio. Ambos espacios, pese a ser un auténtico lienzo en blanco, se mantienen ajenos a destrozos y pintadas gracias al sistema de seguridad.
No es el caso del túnel que une Delicias con el centro. Los operarios municipales lo pintaron de verde en mayo y en pocas horas sus muros volvieron a estar llenos de pintadas -una infracción catalogada como grave en la ordenanza antivandalismo y sancionada con multas de 750 a 1.500 euros- y plagados de carteles -otra infracción, en este caso leve, sancionada con 750 euros-. Eso sin contar los destrozos en las lámparas que iluminan el paso. Para evitar todo eso se colocaron las cámaras, puede que a modo de pruebas, pero lo cierto es que su presencia sigue anunciada.
Fuentes municipales reconocen que están investigando lo ocurrido sin que ninguno de los departamentos consultados haya podido señalar quién, cuándo y por qué se instalaron estas videocámaras. Tampoco saben nada desde el 092. «Sabemos que las cámaras estuvieron colocadas y que a los pocos días ya no estaban, pero nunca llegamos a controlar las grabaciones», resumen fuentes de la Policía Municipal.
A este entuerto administrativo se suma la empresa (Golmar) cuyo nombre figura en los carteles en cuestión. Fuentes de la misma aseguran que, en efecto, los vendieron antes del verano. «Simplemente vendimos los carteles a otra empresa y luego serían ellos los que colocarían las cámaras», aclaran. Este periódico consultó tanto a la distribuidora como a otra firma vinculada a la vigilancia de otros espacios municipales y ninguna de las dos, cómo no, sabían nada de las videocámaras de la calle Labradores.
Sin recurso posible
Los carteles, para colmo, no ofrecen el nombre de la empresa que realmente realizó la misteriosa instalación -Golmar simplemente los rotuló- en el apartado de la entidad ante la que se puede recurrir o denunciar la presencia de las cámaras. 'Puede ejercitar sus derechos ante... -reza el letrero-'. La respuesta ahora mismo es... nadie. Los carteles, eso sí, están repletos de pegatinas y pintadas mientras los grafitis, los carteles y los actos vandálicos siguen proliferando en el paso.
No ocurre lo mismo en las dos plazas inauguradas hace un año, en el caso del singular espacio de las Ciudades Hermanas de la Rubia, y el pasado mayo -la del Milenio-. Tres cámaras, con sus correspondientes carteles, vigilan el primer lugar y otra, con hasta una decena de avisos, hace lo propio en el segundo. «Las grabaciones se visionan aquí siempre que detectemos algún acto vandálico», explican las fuentes policiales consultadas.