Alizée nació el jueves. Con 3,6 kilos y 51 centímetros. Maja. Ella y su madre, An Sophie, están bien. El padre, el marido, se mató en el Giro el 9 de mayo camino de la meta de Rapallo. Cuando ayer se supo en la salida de Sarria que la hija de Wouter Weylandts ya estaba aquí, un nudo en la garganta calló al pelotón. Entre el bullicio del público y el trueno de la megafonía, cada ciclista se sintió por un momento a solas. Todos habrían querido abrazar a sus hijos allí mismo. El pitido de los jueces árbitro hizo de chasquido para volver a la realidad, a la decimocuarta etapa de la Vuelta. La de los Ancares.
La que ayer recorrió Alberto Contador, de visita en la ronda. «¿Angliru o Zoncolán?», le preguntaron en Sarria. El Zoncolán lo subió en mayo y sólo Antón le pudo. Antes, en 2008, había ganado en el Angliru, la cima que espera mañana. «De rampas andan parecido. Pero es más duro el Zoncolán; el Angliru tiene algún falso llano». A Contador, cuando aparece, le asan los micrófonos. «¿Favorito? Nibali subió conmigo el Zoncolán. Es el que más opciones tiene. Si él no falla... A Wiggins creo que no le van puertos como el Angliru». Contador conoce bien a los que ahora se juegan la Vuelta: los ha batido siempre. También, claro, le pidieron opinión sobre la etapa que iba a empezar en breve. Y acertó: «Ancares está demasiado lejos de la meta».
Hubo tanta batalla como escaso resultado. Sólo Nibali, y gracias a seis segundos de bonificación, rentabilizó el día: ya es segundo, a sólo cuatro segundos de Wiggins. Mikel Nieve sacó más, un minuto y 33 segundos, pero a costa de estrujar a todo el Euskaltel-Euskadi. «¡Vaya paliza se han dado mis compañeros!», agradeció. Eso fue la etapa: una paliza. Sin guantes. A tortas desde que salió de Sarria por la cuesta de O'Pico da Peña. Igor Antón se largó con Moncoutié, Montaguti y De la Fuente. Sin bozal. El descenso resultó una locura. Los cuatro vieron llegar a Nibali y Wiggins. Al italiano le dio tiempo para recoger los seis segundos de bonificación del sprint intermedio antes de que llegaran 'Purito' Rodríguez y Mollema.
El Euskaltel volvió a la carga. Era su día. Lanzó otra vez a Antón y también a Txurruka y Verdugo. Buen tren. Se subieron Dani Moreno, Sorensen, Madrazo, Albasini, Moncoutié, Sastre, Roche, Capecchi, David López... El paisaje cambiaba. Ya iba hacia los Ancares, la montaña aislada, las Hurdes del norte, el lugar donde la pobreza y el frío conservaron intacta la naturaleza. Urogallos, nutrias y, aunque nunca se le ve, pisadas de lobo. Aullaba el Euskaltel. Antes de Ancares había que subir el alto de Folgueiras de Aigas. Antón cogió comida, masticó y esperó a Nieve, que venía por detrás. Antón, que vino a ganar la ronda, se ha aclimatado bien al traje de gregario. Tomó a Nieve de la mano, le metió en la fuga y dio el resto en el inicio de Ancares. Aire de verdad. Alisos, sauces, espesos bosques de robles y castaños. Cuando vas a los Ancares siempre te recomiendan llenar el depósito de gasolina. Que allí no hay.
Ancares vio ciclismo antiguo. El grupo del Euskaltel quería meter a Nieve en la lucha por la general. Llegó a tener más de tres minutos. Obligó al Sky de Wiggins a hacer horas extra. Estaba la Vuelta en ese duelo de escuadras cuando detrás se vio la estela de humo que deja 'Purito' cada vez que enciende su motor. Chispas en Ancares. Fuego en el monte. Garate, que tiraba de Mollema, más Nibali y Wiggins siguieron a Rodríguez. Como Cobo, que cada vez cree más en sí mismo. El cántabro incluso aceleró en el final de la cuesta. Quiso beber primero la niebla de la cima. El puerto se terminó pero continuó la gresca. Nibali, el funambulista, trazó a cuchillo un par de curvas. Mollema, que anda a todas, le siguió. También Kessiakoff, el sueco que guarda su bala para dar la sorpresa en el Angliru. Faltaban Wiggins, 'Purito', Zubeldia, Brajkovic, Fuglsang...
En eso, cuando la carrera se emocionaba, se acabó la montaña. Wiggins, bien abrigado por el Sky, se alió con el RadioShack de Zubeldia y el Leopard de Fuglsang, y cazó a Nibali, Mollema y Kessiakoff. Guerra en la montaña; paz en el llano hacia Ponferrada. Había habido tantos tiros que al Euskaltel de Nieve ya sólo le quedaban un par de minutos. Poco para subir al navarro al podio, pero de sobra para que los otros integrantes de la fuga barajaran el triunfo de etapa. Dani Moreno ya tenía bastante con ese regalo de tiempo para colarse entre los diez primeros. El resto buscaba la meta de Ponferrada. Sobre todo, Madrazo y Albasini, el suizo, el que no dudó nunca. No concedió un metro a nadie. «He tenido que salir a tantos ataques que me he preocupado», confesó. Madrazo le puso al límite. Es de Cazoña, el barrio de los rascacielos de Santander. Y es audaz. Revoltoso. 'Gorrión', le llaman. No para. «Yo era el más fuerte de la fuga», lamentó en la meta. Lanzó el sprint demasiado pronto. Vio la miga de pan y se precipitó. Albasini, en vuelo raso, se la arrebató como si nada. Con ellos llegó Nieve. Y a minuto y medio, todos. «¡Vaya paliza!». Hoy otra: La Farrapona.