El primer año de Álvaro Uribe como expresidente ha sido de todo menos tranquilo. Distanciado de su sucesor y compañero de partido, Juan Manuel Santos, desde que este normalizó las relaciones con Hugo Chávez y Rafael Correa, con colaboradores presos, sus hijos señalados por corrupción, él mismo aguantando el tipo ante quienes denuncian que los paramilitares financiaron su campaña de 2002, su Gobierno investigado por las escuchas telefónicas y los 'falsos positivos' (jóvenes fusilados hechos pasar por guerrilleros) que tildó de «shows publicitarios» del actual Ejecutivo, Uribe anda dando zarpazos contra cualquiera que se le cruce en el camino.
El último objetivo de sus andanadas ha sido el expresidente Luis Inazio Lula Da Silva, quien dijo tener «una buena relación» con el exmandatario colombiano, si bien precisó que «no teníamos confianza el uno en el otro». El aludido replicó vía Twitter con una retahíla de mensajes del tipo: «Lula combatía a Chávez ausente y temblaba frente a Chávez presente»; «Lula hoy nos maltrata y en el Gobierno fingía ser el mejor amigo». El brasileño quiso quitar hierro al asunto e insistió en que fue malinterpretado tras precisar que siente «un profundo respeto y amistad con Álvaro Uribe».
Tampoco ha entrado al trapo de sus improperios el presidente Santos. Con un estilo mucho más diplomático, el que fue ministro de Defensa de Uribe mantiene que su «mantra es no pelear con Uribe: 'no peleo con Uribe, no peleo con Uribe, no peleo con Uribe', entonces no me dejo provocar, porque no nos conviene ni al presidente Uribe, ni al Gobierno, ni al país». El exmandatario, en cambio, se enfrentó con sus predecesores Andrés Pastrana y Ernesto Samper.
Santos comprende el malestar de su exjefe por los arrestos del exministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, y el ex secretario general de Presidencia, Bernardo Moreno, puesto que también le duelen porque fueron compañeros en el Gabinete. «Ahora imagine al presidente Uribe, ellos, que fueron sus 'alter egos' en el Gobierno... Le debe de estar doliendo mucho».
Uribe se siente perseguido por el Gobierno de quien apoyó para sustituirle cuando la ley le impidió un tercer mandato. Incluso pidió testificar después de que se le investigara por la presunta financación de su campaña de 2002 a cargo de los paramilitares. El actual mandatario siempre ha sido paciente y elegante respecto a este tema, pero en abril no pudo más. Elogió las bondades de la enseñanza y aseguró que cuando entregue el poder «me verán dictando clase, como expresidente, y no molestando a los presidentes de turno».