El periódico británico que destapó la cadena de escuchas ilegales en el dominical del magnate Rupert Murdoch se ha visto enredado en su propia campaña semanas después del cierre de 'News of The World' (NoW). 'The Guardian' negó ayer haber autorizado la intercepción de comunicaciones tras salir a la luz un artículo de su jefe de investigaciones, David Leigh, en el que este reportero admite que él también ha escuchado mensajes grabados en el buzón de un teléfono móvil. «Todo depende de quién es el objetivo», resalta el periodista estrella de 'The Guardian' en una columna publicada en 2006.
Leigh reaccionaba en su artículo al arresto y procesamiento del entonces corresponsal real de 'NoW' Clive Goodman, por intervenir las comunicaciones del príncipe Guillermo, y confiesa que él escuchó «en una ocasión los mensajes del móvil de un ejecutivo corrupto de una empresa de armamento». «Buscaba pruebas de soborno y corrupción», señala, marcando la diferencia entre la caza de famosos y el cerco a profesionales deshonestos.
En la columna, el periodista y profesor universitario admite que «no hay periódico o canal de televisión en el país que no haya utilizado métodos cuestionables» para obtener información. «Los engaños, las mentiras y las trampas solo deberían emplearse como último recurso y cuando es claramente de interés público», escribe. Y pone como ejemplo una llamada que hizo a Downing Street en tiempos de Margaret Thatcher haciéndose pasar por un contacto en Oriente Medio del hijo de ella, Mark. «Expusimos con éxito que el hijo de la primera ministra estaba descaradamente explotando su posición», resume Leigh.
Desde 2000, la intercepción de comunicaciones es delito criminal en Reino Unido sin que entre el interés público como justificación. Leigh reconoce que en su trabajo de investigación es «difícil mantenerse en el lado correcto en todas las ocasiones» debido a la facilidad con que millonarios y políticos pueden recurrir a los tribunales para frenar la publicación de información comprometedora para ellos.
Interés variable
El interés público es un barómetro de interpretación variable. Los tabloides lo invocan para justificar revelaciones sobre infidelidades maritales de futbolistas y políticos que se han fotografiado con sus hijos. Leigh parece limitarlo a la corrupción política y empresarial. La necesidad de definir el concepto y establecer sus límites fue recientemente defendida por el juez que presidirá la investigación sobre la ética periodística, anunciada por el primer ministro David Cameron en reacción a la crisis de las escuchas.
«En alguna fase de la encuesta tiene que haber un debate sobre lo que significa el bien del público y en qué medida el interés público debe tomarse en cuenta y por quien», señaló lord Brian Leveson al desvelar algunas pautas de la investigación en marcha. No resultará fácil elaborar una definición exacta porque, como ha señalado un ex portavoz de Cameron, George Eustice, «lo que es de interés público se está convirtiendo en algo que al público le interesa leer».