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75 ANIVERSARIO DEL INICIO DE LA GUERRA CIVIL EN VALLADOLID. CAPÍTULO XVI

El fascismo, de moda

16.07.11 - 00:22 -
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Los estereotipos no suelen ajustarse a la realidad: el franquista no era, en puridad, un régimen de corte fascista al estilo italiano o alemán. Lo sostenían, básicamente, la derecha conservadora y radical, los monárquicos de don Juan, tradicionalistas a la espera de su hora, una Falange obligada a una unificación que muchos repudiaron, enseguida descafeinada en el Movimiento, y militares de corte autoritario y monárquico.
Aunque también es cierto que no faltaron elementos característicos de aquellos regímenes derrotados en la Segunda Guerra Mundial. Gestos como el saludo a la romana, la retórica de orden, valentía y reciedumbre, el énfasis en la unidad de la patria por encima del liberalismo «disolvente», la insistencia en un discurso obrerista, propio del nacionalsindicalismo e implacable con el marxismo, el culto al Caudillo, el machacón lema de la «conspiración judeo-masónica»&hellip. Por todo ello, y por el uso de métodos represivos similares, hay quien identifica el régimen del general Franco con el de Hitler y Mussolini.
Sin embargo, ya son legión los historiadores que insisten en lo inadecuado de dicha identificación: la dictadura de Franco no fue un régimen monolítico, evolucionó desde la proclividad fascista de los primeros momentos hasta el autoritarismo desarrollista de los años sesenta. Su componente católico, la práctica inexistencia del discurso racista y la incapacidad de generar un verdadero movimiento de masas lo diferenciarían también del modelo fascista.
Los italianos
Los guiños a la Alemania del III Reich y a la Italia de Mussolini duraron hasta que Franco atisbó su derrota en la Segunda Guerra Mundial y decidió inyectar fuertes dosis de nacionalcatolicismo a un país quebrantado por el aislamiento y la autarquía. La hostilidad exterior convenció al Caudillo de la necesidad de cambiar la cara externa de la dictadura, para disgusto de los falangistas más nazificados. Aun así, durante la guerra del 36 abundaron los actos y homenajes dedicados a las potencias fascistas, cuya ayuda militar resultó clave para el ejército sublevado. Valladolid lo pudo comprobar desde el primer momento. Cuentan que los italianos afincados en capital y provincia, miles de camisas negras laureados por la lucha incansable contra la República, se ganaban los favores más íntimos de las muchachas y la admiración entusiasta de los jóvenes que soñaban con disparar en el Alto de los Leones con un 'detente' en su pecho. Aquellos italianos residían en el colegio Ponce de León y hacían prácticas de tiro en la cuesta del Cocero.
Tampoco faltaron ocasiones para ensalzar públicamente a la Alemania nazi y a la Italia fascista, sobre todo cuando el apoyo material de ambas naciones se revelaba crucial para los intereses de los sublevados. La prensa reproducía los discursos del Duce italiano imperialista y resaltaba la figura del conde de Ciano, un homenaje a Italia amenizó en mayo de 1937 la localidad de Arrabal de Portillo y hasta se organizó, un mes antes, una colecta patriótica para ofrecer a Vittorio Mussolini, hijo del dictador, una ofrenda con motivo de su boda.
El fascismo italiano contó con su propio local en la ciudad, un establecimiento llamado 'Mario Mina', inaugurado en febrero de 1938 con el barón Carlo Basile ensalzando la 'Santa Cruzada', la salvación de occidente y la pronta finalización de la contienda. Tres meses después, Valladolid se sumaba a la celebración italiana del imperio con un acto organizado por la Diputación y el Ayuntamiento, al que asistieron legionarios fascistas y miembros de la 'Trupe voluntaria'.
Los flechas de Valladolid, pequeños simuladores de los 'balillas' fascistas, acudieron a Italia en julio de 1937 acompañados de su jefe local, Víctor Fragoso del Toro, mientras al año siguiente la ciudad rendía cálido homenaje a los italianos mediante diversos actos y un telegrama de agradecimiento enviado al mismísimo Duce por el Colegio de San José.
Loas a Alemania
La Alemania hitleriana también recibió la gratitud inflamada de determinados vallisoletanos en guerra. En julio de 1938, un Curso Nacional Sindicalista aglutinaba a cerca de doscientas personas en un día inaugural dedicado íntegramente al nacionalsocialismo alemán; el mismo Hitler envió un expresivo telegrama a Reinaldo Temprano, jefe de prensa y propaganda sindical, agradeciéndole sinceramente los honores dedicados a su causa. Y es que Hitler despertaba la admiración de algunos militantes de la Falange local, sin duda los más radicalizados.
Muchos compraban 'Mi Lucha' en la librería Santarén y escuchaban los discursos del Führer en la radio, desfilaban con entusiasmo ante las dependencias del Viceconsulado alemán y recibían con inusitada exaltación a las organizaciones nazis, como aquel 26 de julio de 1937 en el que los flechas de Valladolid saludaron con sobriedad y orgullo al jefe de las juventudes hitlerianas, doctor Cerf. Esa misma noche, la colonia alemana celebró una concurrida reunión en el Café Avenida.
El cumpleaños del dictador alemán fue festejado en abril de 1937 con la proyección, en el Teatro Zorrilla, de la película 'Traidores', un filme de la UFA dedicado al «alto espionaje, con la intervención de la poderosa Marina de Guerra, la Aviación Militar, la Policía Motorizada, Carros de Asalto y Tanques de Alemania», señalaba la prensa; las autoridades locales felicitaron personalmente, a través de la radio, al Führer, y los discursos de Goebbles fueron radiados con puntualidad.
Pero más sonado fue, sin duda, el viaje a Alemania de los 'flechas' de Valladolid, en agosto de 1937, travesía patriótica liderada por el jefe falangista de Badajoz, teniente Ramallo, alentada por José María Gutiérrez del Castillo y despedida en la estación por cientos de ciudadanos en correcta formación. Marchaban los chicos perfectamente equipados con su uniforme ordinario y otro de gala complementado con una «airosa capa»; pararon en Lisboa antes de llegar a su destino.
En la Alemania hitleriana estuvieron dos meses viviendo en campamento, participando en numerosas manifestaciones deportivas y asistiendo al Congreso Nacionalsocialista de Nuremberg.
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