Varón, con una edad media en torno a los 55 años y con una explotación que ronda las cien hectáreas. Éste es el perfil medio del agricultor palentino, cuyas características no difieren demasiado del resto de la comunidad autónoma, pero que a medida que transcurre el tiempo se torna en un profesional más envejecido, sin apenas relevo generacional y con unos ingresos cada vez más mermados por la política de precios.
La apertura de un nuevo plazo para solicitar la jubilación anticipada reabre las demandas de las organizaciones agrarias para que se facilite el abandono de la actividad con unas jubilaciones más ajustadas a la dureza del trabajo, según sostienen. «La agricultura y la ganadería son profesiones muy duras, donde todavía hay un gran componente de trabajo físico, y una entrega que no entiende de festivos o fines de semana. Creo que las jubilaciones que se pagan no se ajustan a esa dureza de los años trabajados», afirma el presidente provincial de Asaja en Palencia, Alfonso Núñez.
El año pasado fueron 40 los profesionales del campo que se jubilaron anticipadamente en esta convocatoria. Sin embargo, por todos los conceptos, cada año entre 125 y 150 agricultores y ganaderos cesan la actividad. La última estadística, correspondiente al año 2010, revelan que eran 4.086 los cotizantes en el régimen especial agrario, una cifra que representa un goteo medio de 130 profesionales por año si se valora un lustro.
Los que se incorporan al campo, además, son cada vez menos, e incluso en aquellos casos en los que heredan el patrimonio familiar, prefieren optar por otras profesiones. «Ahora mismo, muchas explotaciones no son rentables por los precios. Los jóvenes no ven en la agricultura y la ganadería un negocio de futuro y, además, creo que no está apoyada por una buena política de ayudas y subvenciones que ayude a superar el mal momento. Hay una ausencia de políticas que hagan el campo atractivo, y por eso muchos agricultores no quieren esto para sus hijos y prefieren que trabajen en otras cosas. Hay mucha incertidumbre en el sector y creo que todo se debe a un rotundo fracaso de las políticas agrarias y ganaderas», sostiene el portavoz del sindicato UCCL en Palencia, Francisco Salvador.
Explotación media
Con algo más de 'romántico optimismo' se pronuncia el dirigente de Coag, Pablo García, que sostiene que con una explotación media inferior a las de cien hectáreas, se podrá mantener el modelo de agricultura «cómoda, rentable y pegada al campo» que ha constituido la tradición agraria en Palencia. «Sin embargo, también entiendo que está cambiando el modelo. Se van a despoblar los pueblos y se acabará con grandes empresas que tengan maquinaria muy potente y necesiten pocos trabajadores. Terminaremos siendo algo residual si no cambian las cosas. Se puede vivir muy bien del campo si no sucumbimos a las exigencias de la industria y, sobre todo, si nos lo creemos», explica.
Alfonso Núñez insiste además en que las injustas políticas de precios unidas a la escasa pensión de jubilación que queda en el caso del cese anticipado ha llevado a que esta convocatoria tenga un éxito decreciente. «Insisto en que cada vez es menos la gente que se puede permitir el lujo de jubilarse antes de llegar a la edad máxima, porque las condiciones en las que quedan no les permiten seguir viviendo en condiciones», aseguró el responsable de Asaja.
Por su parte, el secretario de UPA en Palencia, Domiciano Pastor, plantea también un futuro pesimista en el que el actual modelo de producción agrícola y ganadera está en verdadero riesgo de extinción. «Ahora mismo, la agricultura y la ganadería no son atractivas, no tienen ningún incentivo para las nuevas generaciones. Precisamente por eso es mucho mayor la cifra de gente que se jubila o abandona que la de jóvenes que se incorporan a este sector. La agricultura y la ganadería exigen unas inversiones brutales para que funcionen y, además, solo te dan trabajo, pero no te dan rentabilidad. Por eso, prefieren buscar otros trabajos», asegura Domiciano Pastor.
Pesimismo
Los responsables de las organizaciones agrarias coinciden, por último, en dibujar un panorama pesimista para un futuro no demasiado lejano. «Terminarán encargándose grandes empresas de servicios con maquinaria potente y pocos trabajadores de todos los trabajos agrícolas y ganaderos», señala el dirigente de Coag en Palencia, Pablo García. «El campo ha dejado de ser atractivo . Los productos nos cuestan mucho y además cobramos poco, creo que hay un riesgo muy grande para el futuro, porque no hay relevo generacional», agrega Alfonso Núñez.
Por su parte, Francisco Salvador, de UCCL, reconoce que existe una gran incertidumbre que dificulta saber cómo será el campo y el sector ganadero dentro de algunas décadas. «Vamos a una situación muy complicada. Hay una fuerte crisis en el sector que va a tener consecuencias en la agricultura y la ganadería, pero también va a suponer el abandono de muchas zonas. Y eso significa que el problema no es estrictamente agrario, sino que está en peligro lo que se denomina el mundo rural», concluye Domiciano Pastor, de UPA.