Hay muchas ganas de salirse de la realidad que dictan las calles. Así que esas mismas aceras no esperaron a que el Festival de Artes de Calle (TAC) alcance hoy su 'velocidad límite' y ayer ya estaban tomadas por el deseo de transitarlas, por encima de sus cotidianas exigencias. Veinte espectáculos, la mitad que hoy. Aunque la primera propuesta fue una comunión en una capilla, la del Museo Patio Herreriano, para denunciar la barbarie. El pintor Manuel Sierra, acompañado en la voz por Pedro Piedras, creó en directo una de sus maletas-denuncia de la serie 'Todos somos rehenes'. Un trabajo que finalizó con un emotivo homenaje a Segundo Montes, jesuíta vallisoletano asesinado en El Salvador. A la ciudad que lleva su nombre regaló un cristo con la inscripción 'Por las víctimas de la libertad'.
Un rato después, las calles peatonales volvieron a recibir la visita de los mejores amigos del perro ¿o era al revés? Como en un 'flashback' de un año atrás, los caminantes de las calles peatonales aledañas a la calle Santiago volvieron a recuperar la presencia de L'Eléphant Vert y sus hombres-perro. Jadeos, lametazos (algunos recibidos con malas pulgas) y mordiscos para demostrar que «la inteligencia del hombre es el servilismo del perro». A la misma hora y al grito de '¡Salvemos el Amazonas!' chorros de laca, de esos de efecto invernadero dañino, gravitaban sobre todos los que se atrevieron a dejar su pelambrera en manos de Lokolook, peluquero y provocador, que supo encontrar la convivencia con los cercanos acampados de la campaña 15-M.
La tarde fue propicia para nuevas huidas de la realidad desde la danza y los malabares. Alicia Soto-Hojarasca Danza recreó el mito de Sísifo y sustituyó la piedra sobre las espaldas por un coche ecológico, de cuyas prestaciones y jugosas ofertas y dependencias no puede escapar. A esa hora, los vascos de Kukai Dantza demostraban en la Terraza del Patio Herreriano su capacidad para, desde la tradición euskalduna, mostrar un abanico de nuevos estilos, registros y lenguajes coreográficos. Los franceses Les Philebulistes han ideado un complejo juego de ruedas que sus dos malabaristas accionan para crear composiciones con la precisión de un reloj suizo. Aunque, para precisión, la de sus paisanos de XY, que inauguraron la Carpa del Milenio para este festival con su increíble capacidad para explorar nuevas vías y técnicas de circo y malabares. Tan lejos y tan cerca que su contemplación supera todas las realidades que uno alcanza a imaginar.