Álex Rovira Celma (Barcelona, 1969) es escritor y consultor y en sus charlas, muy habituales en los últimos años, transfiere el calor de las emociones a la frialdad de la ciencia económica. Licenciado en Ciencias Empresariales y MBA por Esade, dirige seminarios sobre Innovación, Gestión del Cambio, Gestión del Talento, Gestión de Personas y Pensamiento Creativo para alta dirección de empresas. Rovira es coautor del 'best seller' titulado 'La buena suerte' y autor de 'La brújula interior' y 'Los siete poderes', publicaciones todas ellas que han obtenido un gran éxito internacional y que han sido traducidas a numerosos idiomas. En el caso de 'La Buena Suerte' se ha editado ya en 42 idiomas, con un éxito sin precedentes en la literatura española. Vendió más de tres millones de copias en dos años y recibió el premio al mejor libro del año en Japón en el 2004 por unanimidad de crítica, público y profesionales del sector editorial. Es coordinador de una colección de la editorial Aguilar que lleva su nombre y en la que se publican ensayos, relatos y libros de empresa suyos y de otros autores. Frente a los austeros gestos de otros economistas a las explicaciones sobre subidas y bajadas de índices, comportamientos de la oferta y la demanda y curvas de búsqueda del máximo beneficio, Rovira suele sorprender a quien le escucha por primera vez, porque la suya es una conferencia sobre valores, antes que sobre precios, sobre sentimientos, antes que sobre ideas. Además, es uno de los pocos conferenciantes que se dirigen a empresarios, banqueros o políticos, pero también a ciudadanos de a pie, que utiliza en sus argumentos la palabra amor, término de difícil valor económico pero de incalculable importancia en las relaciones humanas.
Rovira participó en el Foro Económico de EL NORTE DE CASTILLA en Valladolid y llenó el salón del hotel Vincci Frontaura. Su discurso gusta, «es distinto» afirman muchos de quienes le escuchan por primera vez en persona pero que le conocen por referencia, o le han leído. Una diferencia que hace que haya incluso quien coleccione sus intervenciones, las busque por si alguien las ha grabado en vídeo o suplique una copia de la pista de audio que recogió su conferencia. A pocos deja indiferentes.
-Dicen que lo importante en Economía no es ser el primero, si no ser distinto...
-Michael Porter dice que lo importante no es ser el mejor, sino ser distinto.
-Pues usted parece haberlo conseguido, porque es capaz de hablar a los empresarios sobre emociones. ¿Ha arriesgado para diferenciarse?
-Y no fue buscado. Llegó naturalmente a la hora de conciliar varias pasiones como son la psicología sobre todo y la economía. Llegó después de constatar que hay un déficit estructural que no solamente son las emociones, creo que es una cierta alfabetización 'psicofilosófica'. No hay una formación en profundidad y si la hay es una formación mental cuando la integración de estos principios pasa por otro tipo de tamiz, por otro tipo de inteligencia.
-El retraso en España es tan espectacular en este sentido que hace ya casi cincuenta años que Alvin Toffler escribió su libro 'El shock del futuro' y aquí empezamos ahora a experimentar con sus propuestas.
-Creo que sí. Efectivamente nosotros tenemos un problema estructural. Hace un momento hablaba con el director de la oficina de Everis sobre el momento en el que comenzó la crisis. Si fue en el 2008 y él decía que en realidad fue en el 2002. Comenzó mucho antes, porque la tesis de lo que he comentado es que la psicología crea la economía. Y que, en realidad, esta crisis económica es una crisis de valores, que a la vez es una crisis más profunda de consciencia. Yo creo que tenemos un problema estructural y cultural. Si queremos estar a la altura de países como los que son los verdaderos motores de la economía mundial tenemos que mejorar muchísimo nuestra exigencia en la educación. Sobre todo en la cultura de los valores, en la cultura del esfuerzo, en la cultura de la solidaridad...
El bien común
-No hablamos entonces solamente de valores liberales...
-No, no. No solo valores liberales como renta o producción, sino valores orientados al bien común, a la rentabilidad económica y social, a la consciencia. Y creo que ahí tenemos un déficit importante. Esta crisis también ha zarandeado conciencias y ha llevado a muchas empresas y a muchos sujetos a cuestionarse qué sentido tiene todo esto y que algo debemos estar haciendo mal estructuralmente. Lo que pasa que, bueno, algunos están aprendiendo la lección, como siempre, y otros no.
-¿Hablar a empresarios sobre la importancia de la rentabilidad social significa proponerle no llegar hasta el límite máximo de rentabilidad marginal?
-Bueno, pero es que hay que ser inteligente. Oscar Wilde decía que el egoísmo verdaderamente inteligente consistía en procurar que los demás estén muy bien para uno estar algo mejor, y aunque esa esa una opción cínica y de mínimos, creo que a largo plazo es imposible plantear un crecimiento económico ilimitado en un mundo limitado, primer punto. Y dos; sin una mínima consciencia social se acaba pagando un precio muy alto. O sea, a pesar de todo, la humanidad evoluciona y es cada vez más consciente y está cada vez más abierta a paradigmas que van emergiendo y que hace años era impensables. Y en todos esos paradigmas, por ejemplo, está emergiendo una conciencia ecológica muy lentamente, está emergiendo una consciencia social, lentamente, pero emerge y finalmente el empresario convive en ese mundo. Cualquier fragmentación que haga de la realidad, cualquier descuento o aislamiento que haga de la realidad lo acabará pagando.
El fallo del modelo básico
-¿Y por qué esto no se estudia en las escuelas de economía?
-Por que yo creo, y esto es muy interesante, que la génesis de la economía viene de la física clásica. Los modelos macroeconómicos fundamentales son derivadas puras de la física clásica, que nacen de pensamientos estrictamente cartesianos que tienen una gran bondad, que es el Discurso del Método, el discurso del bien pensar en cuanto a protocolos y estructuras pero que aísla precisamente la dimensión psicológica y emocional. Probablemente porque a su primer mentor, Descartes, se le murió una hija cuando era pequeña y no soportó el dolor y se dijo emociones y pensamientos tienen que ir por separado, porque a lo mejor porque ni él mismo pudo soportar esa dialéctica. A partir de aquí hemos creado un modelo económico de pensamiento que parte de la siguiente premisa; ' Primera lección de economía: El mundo está hecho por recursos escasos y necesidades insatisfechas, es decir, escasez y frustración. A partir de aquí, a matarse para sobrevivir'. Hay otros paradigmas posibles, que están emergiendo y a los tenemos que abrir necesariamente. Tenemos que pasar de una lógica de competencia destructiva a una lógica de competitividad propia, mejora de la voluntad y de la excelencia y a una lógica de la cooperación.
De la utopía a la acción
-¿Y cómo conseguimos que un país como España con tendencia general al pesimismo...
-¡Y a la holgazanería en muchos casos!
-... y a la holgazanería, cambie de actitud?
-No lo vamos a conseguir, eso sí que es una utopía, es decir, un no lugar. No sería partidario de los grandes cambios, porque creo mucho en el cuerpo a cuerpo. En todo caso, soy partidario de la estrategia de la gota de aceite en el agua, que se extiende lentamente, paso a paso. El problema es que otros quizá serán más rápidos, pero no importa. Si nosotros avanzamos con paso firme y hacemos esa pedagogía, convocamos encuentros como el que organiza EL NORTE DE CASTILLA, hacemos formación, vamos a las escuelas para hacer pedagogía a niños, o a chavales, o a parados, o a personas sin recursos, que cada cual cultive su parcela y ahí se va operando el cambio. Incluso en la mejor siembra a veces sólo arraigan dos ó tres semillas, pero da igual, tú siembra. Ese es el trabajo por un lado, y por otro, cabría esperar siempre la opción de que se gobernara con un criterio, bueno esto es muy difícil porque en realidad estoy muy desanimado con la clase política, sea del signo que sea.
-¿Por qué está desencantado con la clase política?
-Porque creo en la persona, porque en realidad los partidos amparan grandes mediocridades, también grandes genialidades pero quedan diluidas. Entonces creo mucho más en la gente, en la buena gente que está ahí remando que en lo que nos puede proponer cualquier opción de las que hoy tenemos.
El drama de la política
-Con cinco millones de parados hace tiempo que suenan voces que avisan a los desempleados que los trabajos que tuvieron han desaparecido, que deberán aceptar cambios y buscar en otros sectores. ¿Por qué se ha tardado tanto?
-Por populismo, por miedo a perder, porque a veces el gobernante no gobierna para servir sino para establecerse y mantenerse y devolver favores, sea del signo que sea. Ese es el gran drama, el narcisismo que nace en los que se instalan en el poder, de cualquier signo político y el populismo que les viste. Gobernar exige a veces grandes sacrificios incluso autoinmolaciones. La realidad tiene una inercia. Si hay un incendio, ¡hay un incendio!, ¡no lo tapes! La reacción es tardía. Por cobardía, por falta de coraje.
-¿Ética y economía son entonces compatibles?
-Por supuesto. No se pueden plantear como una disyuntiva. Al contrario. Lo que nos permite avanzar es crear camas en hospitales. La prosperidad se traduce en buenas carreteras, buenas comunicaciones, una buena asistencia, una buena educación, la riqueza... El problema es que la inteligencia sin amor se convierte en especulación y entonces llegamos a la crisis financiera. Siempre digo, porque la primera vez me salió espontáneo: 'Con el dinero que no tenemos compramos lo que no necesitamos para impresionar a quien no conocemos pagándolo con activos que no valen lo que cuestan en un sistema de ahorro privado'. Mientras eso prevalezca, tendremos problemas.
-¿Se puede frenar?
-No, porque la avidez está en la naturaleza humana, pero también está en la naturaleza humana de muchas personas la bondad, el equilibrio, la justicia social, el compromiso... y el veneno siempre está en la dosis. Si somos capaces de encontrar el camino del medio, que nos lleve una riqueza económica y a la vez a una riqueza social, a una consciencia ecológica, de solidaridad, a apoyar al emprendedor, a una visión que comento de manera habitual cuando pregunto ¿cómo nos vamos a posicionar como país en el proceso global? Tenemos talentos naturales como el sol y la playa, la gastronomía, la gente, tenemos buenos médicos, un parque de viviendas extraordinario..., ¿pues por qué no se hace un plan estratégico?
-¿Existe más allá de los movimientos cíclicos de la economía un ciclo virtuoso que permite el desarrollo sin caer en estos vaivenes?
-Esa es la pregunta. La naturaleza siempre tiende a crecer, la semilla cuando germina tiende a crecer y a buscar la luz, la hiedra, desde la base del árbol al que se agarra, tiende a llegar a lo más alto. El impulso de la vida, por si misma, es la expansión, el crecimiento. Creo que en el alma humana hay ese mismo impulso, por eso nos conmueve la belleza, nos conmueve la ternura, nos conmueve la gratitud. Creo que más allá de esos vaivenes hay un impulso de la vida, por si misma hacia la encarnación, hacia la pulsión de vida.