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El radar de los libros

01.05.11 - 01:04 -
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N i código de barras ni antirrobo, los documentos de la Biblioteca Pública Municipal Torrente Ballester en Salamanca lucen una discreta etiqueta. La pegatina blanca y rectangular identifica cada libro, revista, película y cd con tal precisión que cualquier socio puede 'autoprestárselos' con su DNI y devolverlos a un buzón cuando la Biblioteca está cerrada. Podría suponer el fin de los bibliotecarios, si no fuera porque la Torrente Ballester ha creado vínculos con su público que van mucho más lejos del mero préstamo.
Los usuarios están descubriendo poco a poco un curioso 'cajero' dentro de la biblioteca. Allí está desde enero, al lado del tradicional mostrador, la máquina de autopréstamo. No necesita carné de socio, tan solo el documento de identifcación nacional, eso sí, en su formato electrónico. Basta con colocar todos los documentos (hasta un máximo de 21, sumando todos los préstamos posibles) que el lector desea llevarse sobre una plataforma metálica. A continuación sale un pequeño recibo que detalla el título y la fecha de devolución. En caso de que el usuario quiera prorrogar algún préstamo lo podrá hacer desde casa por Internet, siempre que el documento no haya sido solicitado por otra persona.
Las ventajas para la gestión de la biblioteca son muchas también. «Da un conocimiento casi al instante de los movimientos de fondos, lo que permite priorizar las inversiones. Sabes qué secciones se mueven más, qué títulos, es fácil hacer estadísticas. Y agiliza las labores de préstamo y devolución, lo más rutinario de una biblioteca. Supone un ahorro de tiempo, el inventario de toda la biblioteca se puede hacer desde una PDA», explica Mayi Rivero, encargada de poner en marcha con sus compañeras este proyecto piloto. La iniciativa nació en 2008, cuando se impulsó desde la Consejería de Fomento el programa de municipios digitales.
La apuesta por la digitalización de servicios se tradujo en la Torrente Ballester en este paso tecnológico basado en las tarjetas RFID (identificación por radiofrecuencia), de las que adquirieron 120.000. Han tenido que cambiar el arco de entrada, el que alertaba de los antirrobos no desactivados, por otro acorde con las ondas de radio. La ventaja respecto a otros identificadores es que no existen problemas de interferencias. Durante el otoño estuvieron de pruebas y este año se han estrenado como la única biblioteca de la región con este sistema con el que funciona Correos, algunos aeropuertos y varias cadenas comerciales.
La Torrente Ballester nació en 1999, como cabeza de la red municipal que en Salamanca tiene cinco centros. La preeminencia de la población universitaria dotaba a la ciudad de grandes bibliotecas en cada facultad lejos, sin embargo, de la demanda ciudadana. «Nosotros salimos de las casas de cultura. Allí comencé a trabajar en 1980 y compré los primeros libros, necesarios para desarrollar los talleres y actividades», explica Francisco Alonso, director de la Red gestada desde la Casa Lis. «Atender al público ha sido siempre la prioridad. Poco a poco hemos ido transmitiendo el entusiasmo por el servicio público a los compañeros que se han incorporado al equipo. Respondemos al 80% de la demanda de préstamos de libros de la población de Salamanca, con una media de 1.500 peticiones diarias». Además de los centros, en Salamanca funciona el bibliobús urbano, con la misma filosofía que en otras provincias se utiliza entre municipios rurales.
Sugerencias de todos
Alonso reconoce que tuvo suerte con el arquitecto, Gabriel Gallego, «me hizo caso a mis sugerencias, para las que vi muchas otras bibliotecas». El resultado es un espacio amplio, luminoso, diáfano, que invita a quedarse. Una mañana cualquiera se puebla de público leyendo la prensa, estudiantes en el fondo de consulta, portátiles abiertos -hay conexión wi-fi gratuita en todo el recinto-, algún cinéfilo con cascos frente a una pantalla o aficionados al cómic en los sillones de la 'comiteca'. Solo es necesario ser socio para los préstamos, el resto de servicios están abiertos a todo el mundo.
Cada sección tiene su pequeña exposición, sus publicaciones en papel y on-line y un tablón de sugerencias en el que se suceden las de los profesionales y las de los usuarios. Del Rincón de la Poesía, donde cuelgan un poema diariamente, a la selección de títulos relacionados con las 'Armas y las letras de la Guerra civil española', la muestra que preside esta temporada la zona de novela.
Las ilustraciones de Dautremer envuelven 'Con D de despedida', una publicación monográfica y transversal a todos los departamentos de la Biblioteca que en este número propone el tema de la muerte. 'La biblioteca de Álex', mascota de los pequeños, es un boletín de novedades para los infantes cuya sección luce este trimestre una exposición sobre monstruos, bien señalizada con una de las criaturas de Maurice Sendak ('Donde viven los monstruos'). Una curiosidad dentro de la zona infantil es la subsección SOS! Padres, una pequeña asesoría para aliegrar las dificultades que entraña el cargo. Estas publicaciones prolongan su vida en soporte digital, además de blogs y presencia en redes sociales.
La condición de provincia fronteriza se nota en los estantes de la Biblioteca, con guías también en portugués. Y ahora están probando con una sección de libros para niños en inglés, porque parece que crece la demanda.
Tampoco los responsables de la videoteca y la fonoteca se limitan a pegar tejuelos. «Solía escuchar todo lo que llegaba antes de catalogarlo, pero ya no puedo aunque tampoco me desespero. Hay demasiado», reconoce Teresa mientras atiende a un usuario.
Otros caminos
En un despacho, fuera de la sala, trabaja Isabel Sánchez, responsable del Club de Lectura desde que se creó hace nueve años. «Nos reunimos los sábados. Somos 23 adultos y predominan las mujeres. La idea es ofrecer sugerencias que no encuentran en los medios, que descubran la literatura con mayúsculas, sacarles del camino comercial y abrirles otros. Cada quince días leemos un libro y se habla sobre él». Y la literatura ha sido la disculpa para otras actividades como viajes o encuentros gastronómicos. «Intentamos vincular la literatura con paisajes, música, cine. También hacemos viajes literarios; por ejemplo a Lisboa de la mano de Pessoa, a La Raya con Saramago, a Granada a través de Lorca, o a Córdoba con la Cosmopoética». Encuentros con autores, talleres de narración oral o orientación sobre literatura infantil amplían su programa anual.
La biblioteca bulle de actividad volcada para atraer al público a los libros y dos veces al año salen a la calle a su encuentro. Son los organizadores de la feria de novedades y la del libro antiguo y de ocasión. Labor necesaria, que dirige un convencido y a la vez realista Francisco Alonso. «La lectura es una práctica difícil porque exige unas destrezas que se aprenden desde pequeños, que tienen que coincidir con determinados estímulos para que puedan desarrollarse y luego te acompaña toda la vida. Al que le gusta leer, le gustan muchas más cosas. Pero a ese gusto se accede a partir de unas determinadas condiciones que la sociedad debe generar y no siempre hace», explica quien inserta su trabajo en ese quicio. «Sin embargo el lector lector, el que se busca en lo que lee, no se logra con animación ni con estímulos externos. ¿Cómo convencer a alguien de que la literatura sirve para dar amplitud a la vida, que mientras lees construyes la tuya propia?», se pregunta. «Leer es como subir una montaña. El placer se logra después del esfuerzo de llegar a la cumbre, tras mucho entrenamiento».
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