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Un nuevo Valladolid republicano

80 ANIVERSARIO DE LA REPÚBLICA (III)

Un nuevo Valladolid republicano

Los alcaldes socialistas impulsaron la enseñanza laica y reformas urbanísticas y sociales al servicio de las clases más desfavorecidas

13.04.11 - 00:20 -
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La actividad del Ayuntamiento de Valladolid es ejemplar&hellip Justo es que consignemos aquí nuestro reconocimiento al señor alcalde-presidente, don Antonio Quintana, a quien la capital vallisoletana debe tantas iniciativas». El que esto escribía, ensalzando la labor del Consistorio presidido por el socialista García Quintana, no era un apologeta del PSOE ni un propagandista de la izquierda política: era, ni más ni menos, que el nuevo gobierno de centro-derecha surgido de las elecciones generales de noviembre de 1933.
Y es que la actividad desarrollada por el Ayuntamiento de Valladolid en materia de enseñanza era ciertamente elogiable; incluso por el adversario político. En su empeño por extender la educación pública y laica a todas las clases sociales y combatir el analfabetismo, la República no había escatimado esfuerzos. Tampoco, desde luego, los dos alcaldes que iniciaron el régimen en la ciudad, Federico Landrove y Antonio García Quintana.
Los resultados, a finales de 1933, eran demostrativos de este avance: de 59 escuelas y 3.150 niños escolarizados a principios de 1931, se había pasado, en apenas dos años, a 127 y más de 6.500 escolares. Con otras 71 escuelas en previsión, el Consistorio calculaba en 10.000 los niños escolarizados en Valladolid. De esta manera, el analfabetismo se rebajaría desde el 25% de 1930 al 18% de 1936.
Más escuelas
La capital era testigo de esta decisiva labor: a los cuatro grupos escolares existentes -la Escuela Normal de Maestros (lo que hoy es el Colegio García Quintana) y los colegios Miguel de Cervantes (1929), Macías Picavea (1929) y Pi i Margall (1919)- se habían sumado otros cinco: Manuel B. de Cossío, Pablo Iglesias, Giner de los Ríos, Miguel Íscar y Núñez de Arce. Hacia 1934, otros tres colegios estaban en previsión de ser estrenados: José María Lacort, Joaquín Costa y Concepción Arenal.
Algunos centros fueron remozados, se crearon nuevas bibliotecas y el Ayuntamiento sufragó colonias escolares que llevaron a más de 1.000 pequeños a la Sierra de Gredos, al balneario de las Salinas de Medina del Campo y al Pinar de Antequera.
En su política de atención prioritaria a las clases más desfavorecidas, el Consistorio otorgó cuatro becas de 1.500 pesetas al año para hijos de obreros y empleados cuyo jornal fuera inferior a 7 pesetas diarias, o entre 7 y 11 pesetas en el caso de que tuviesen 4 hijos o más.
Las autoridades republicanas, en su pretensión por extender la enseñanza pública y laica, determinaron proscribir la enseñanza religiosa, aprobaron la polémica Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas y decretaron, como es bien sabido, la disolución de la Compañía de Jesús. En Valladolid, este hecho sirvió para que el Ayuntamiento pidiese la cesión, a principios de 1932, del Colegio San José para instalar en él la Escuela Normal de Magisterio Primario; además, el inmueble de la calle Ruiz Hernández, propiedad también de los jesuitas, fue destinado a escuelas primarias.
Iniciativas de marcado carácter social fueron la creación, en 1933, del Instituto de Puericultura y Maternología y, dentro de él, de la Guardería 'Cuna de Jesús', cerrada hasta ese momento por motivos económicos. Incluso se retomó la Gota de Leche, decisiva para rebajar la mortalidad infantil, y extendió sus servicios a más de 200 pequeños. Precisamente los niños de la ciudad pudieron disfrutar de nuevas infraestructuras de recreo promovidas por el Ayuntamiento: jardines infantiles en la Plaza de Tenerías y en el barrio de San Andrés y, sobre todo, los jardines del Poniente, creados en julio de 1933 con equipamiento moderno.
Junto a ciertas mejoras introducidas en el parque de las Moreras, el Campo Grande albergó una rosaleda con fuente para niños, un nuevo emplazamiento, más alto y decorativo, para el busto de Miguel Íscar, y un bello tapiz de flores junto a la Fuente de la Fama, mientras se proyectaba crear una suerte de 'playa infantil'.
Además de firmar un crédito millonario con al Instituto Nacional de Previsión para construir el nuevo Matadero Municipal en La Rubia, García Quintana no escabulló el siempre espinoso tema de la vivienda y, coherente con sus principios de servicio a los más pobres, denunció la escasez de inmuebles, la actitud caprichosa de muchos propietarios y las condiciones insalubres de numerosas casas. Por eso en febrero de 1936, recién repuesto en el Ayuntamiento, anunció un plan de casas baratas en los terrenos de la cárcel vieja y de la Audiencia Territorial.
Creador, en mayo de 1933, de la Hemeroteca Municipal, ese mismo año García Quintana impidió a la Sociedad Industrial Castellana elevar las tarifas del agua. Durante su mandato se construyó el alcantarillado de los barrios de La Rubia, Esperanza, Victoria, Vadillos, Pilarica y Pajarillos, y el alumbrado de La Victoria y La Rubia.
El problema del paro obrero acució en todo momento al régimen republicano. De hecho, las primeras iniciativas del alcalde Landrove fueron dirigidas a solucionar esta grave situación: en octubre de 1931, aprobó un amplio programa de obras públicas, asignó a los parados la décima de recargo sobre la contribución y puso en marcha medidas asistenciales como los comedores sociales. Pero la efectividad de este empeño no fue el esperado: el mismo Landrove decidió dimitir después de que los trabajadores en paro del Ayuntamiento convocasen una huelga que el edil se negó a reprimir por la fuerza.
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